Nuestra noche negra (Dioses de Euskadi)
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Bat. Semidioses. Uno
BAT Semidioses UNO
Sofía
—Si te tragas el semen de un semidiós, obtienes poderes sobrenaturales.
Las dos se ríen. Qué asquerosas son mis amigas. ¿Quién pensaría que las heroínas pueden ser tan vulgares? No es que yo sea una santa, pero no ha nacido el hombre por el que haría eso. ¿Tragármelo? No. Qué asco.
—¡Empecemos! —Amaia es la primera en meterse en el círculo de velas—. Antes de que se ponga a llover.
Bilbao resplandece bajo los rayos escarlatas del sol, pero el viento sopla cada vez más fuerte y unas nubes negras se acercan desde el mar, por encima de la ría.
Se ve maravilloso desde esta azotea en las alturas.
Abajo, las calles estallan en fiesta y el rugido de gente disfrazada se alza por toda la ciudad mientras nosotras hacemos este ritual ridículo.
—¿En serio me necesitan para esto?
Dejan de reírse con mi pregunta.
—¡Sofi! —Amaia me mira frustrada—. ¡No puedes arrepentirte ahora!
El viento ruge furioso, las nubes oscuras amenazan la ciudad y me cubro mejor con mi gabardina blanca. Mi pelo celeste me azota las mejillas. Trato de sujetarlo, pero también se enredan a mi alrededor los lazos del vestido de tul que me he puesto.
—¿Se sabe al menos qué dioses van a participar? —Intento sonar indiferente, que no se note que me importa demasiado.
Pero el corazón se me ha vuelto loco de solo imaginarlo.
—Akerbeltz guía la ceremonia. —El viento agita las trenzas color miel de Amaia. Sopla tan fuerte que está a punto de apagar el círculo de velas que nos rodea—. Dicen que estará Mikelatz. Y quizá Herio.
Mierda. Va a estar Herio. ¡Creí que estaba de viaje en otro país! Al menos eso parecía por sus historias de Instagram.
No, no. No quiero que esté él.
—¿No hay tiempo de que encuentren a otra para reemplazarme?
—¡Sofi! —gritan las dos.
—¡Lo prometiste! —Olatz me mira traicionada.
—¡Pero no sabía que iba a estar ese weón! ¡No lo soporto!
—Ni siquiera lo conoces.
Lo conozco de Instagram. Eso cuenta.
—Es un arrogante. Y un raro. ¿De verdad quieren participar en un rito sexual con un raro que graba vídeos bailando en los cementerios?
—No seas hipócrita. —Amaia se aparta el flequillo que enloquece con el viento—. Tú te quitas la ropa por dinero en OnlyFans.
¿En serio me echa eso en cara? ¡Vaya con mis amigas!
—No quiero ir a una orgía con ese raro. —Dios, por qué, ¿por qué tiene que estar él? ¡Ni siquiera es un dios completo!
—¿Orgía? ¡Es un ritual sagrado! —Amaia aprieta los puños—. Llevamos años intentando salvar…
—No me interesa salvar el mundo.
—No se trata del mundo —murmura Amaia furiosa y juraría que el fuego de las velas a nuestro alrededor crece con su furia—. Se trata de Euskal Herria. Tienes sangre vasca. Esto debería importarte.
A mí no me importa nada. Hace mucho que no me importa absolutamente nada. Y sí, intento ser positiva, no volver a lo que era antes de venir a Euskadi, pero de ahí a ser una heroína hay un tramo enorme.
No se lo digo. Me volveré a Latam en una semana. No quiero que me odien los últimos días que voy a estar aquí.
Ellas sí me importan. Un poco.
Además la culpa me carcome. A mi hermana le hubiera importado. Ella habría ido hasta el fin del mundo con Amaia para salvar a la diosa Mari, a Euskal Herria, al planeta entero.
¿Por qué no puedo ser como ella?
—Tú ni siquiera vas a participar del rito sexual —insiste Amaia.
Ya, por eso quieren que vaya. Para que una de nosotras se resista a la tentación, no participe en el rito y eso debilite el poder de Akerbeltz. Y me halaga que confíen en mí para algo así, en serio. Me hace sentir necesaria. Ellas han hecho mucho por mí y yo nada por ellas.
—Vale. Pero solo lo haré por ustedes.
Y porque es lo que mi hermana hubiera hecho.
Amaia me mira dudosa, pero Olatz sonríe y se mete contenta de un salto en el círculo de velas.
—Eres importante para esta misión, Sofi. Yo también intentaré no participar —dice Olatz mientras el viento revuelve su pelo negro—. Y sé lo que estás pensando, no me mires así. No lo entiendes, no has visto de lo que son capaces esas criaturas. Aunque no me gusten los hombres, son dioses y no…
—No existe humano que se haya resistido a un dios jamás —digo, terminando la frase que han repetido toda la semana para decirme que soy la indicada y convencerme de ser parte de esto—. Y al parecer —añado mirando a Olatz—, eso incluye a las lesbianas.
—¡Dicen que algunos cambian de cuerpo! —Olatz parece ofendida—. Podrían engañarme.
—Ya, ya. Tranquilas. Ni de coña me acostaré con nadie. ¿Basta con que una de nosotras se mantenga firme y no participe del rito sexual? —Lo han explicado, pero cada vez tengo más dudas—. ¿Eso que implica? ¿Besos?
—Idealmente, ni siquiera besos, pero con que mantengas tu valioso y millonario himen intacto, creo que será suficiente. —Olatz sonríe con sarcasmo.
Para ellas la virginidad es una tontería.
Para mí también es una tontería. Pero esa tontería me da rango de Ángel de Plata en OnlyFans.
Miles de dólares por mis fotos y vídeos solo porque me mantengo virgen.
Por primera vez mi abstinencia va a ser útil para algo más altruista que ganar dinero en redes sociales.
Lástima que eso implique tener que toparme con ese semidiós arrogante. Ojalá no vaya.
En realidad, ¿qué me importa? Han pasado dos años desde que me humilló. Tengo que superarlo.
—De todas formas, no nos confiemos. —Olatz agarra a Amaia del brazo mientras el viento pareciera que quiere tirarnos de la azotea. Las velas a nuestro alrededor chispean—. Tratemos de que ninguna caiga.
—Va a ser difícil. —Amaia mira hacia abajo, hacia las calles de Bilbao donde las masas de gente confluyen hacia distintas zonas donde se celebra Gau Beltza [1] —. Si Herio llegara a elegirme… ufff.
Me giro hacia Amaia.
—¿No decías que esto es tan importante? ¿Y piensas arruinarlo porque él te parece atractivo?
—¡Por eso te necesito! ¿Ves? —Amaia se pasa una mano por la frente, apartándose el flequillo—. ¡Soy humana! Soy débil. Él es un semidiós, es tan guapo y…
— C reepy —digo, complementando la información que claramente se ha dejado en alguna parte muy oculta de su cerebro.
—En eso estoy con Sofi. El tío es bien creepy . —Olatz hace una mueca de repulsión—. Dicen los rumores que tiene a su exnovia muerta embalsamada.
—¡No jodas! ¡Gezurra da hori! [2] —Amaia tuerce los labios—. Eso es un mito urbano.
Pero yo no sé si será un mito. Es el semidiós de la muerte y dicen que viene de una familia de nigromantes.
Sé mucho sobre él. No pienso admitirlo jamás delante de mis amigas, pero le escribí por Instagram para hacer una colaboración.
¿Por qué no aceptó? Él y yo teníamos todo el sentido del mundo.
Él, oscuro. Yo, la pureza personificada.
Hubiéramos sido superaesthetic juntos. Y yo podría haberle preguntado…
cosas que solo un semidiós de la muerte podría saber.
Y no solo no me respondió. No.
Me bloqueó.
¡Qué rabia! ¡Si yo tengo mucho más seguidores que él!
Ni siquiera es tan guapo. Bueno, en realidad sí. Pero yo también. Supongo. Eso dicen todos. Y todas.
—¡Chicas! —Olatz aplaude fuerte y Amaia y yo nos sobresaltamos—. ¿Empezamos el ritual? Se nos va a ir el sol.
Es cierto. Los rayos rojos golpean Bilbao como si quisieran volverlo sangriento. No tengo que pensar en esas cosas. ¿Qué mierda me pasa? No puedo sentirme insegura porque me entero de que va a estar un semidiós arrogante. Ya no soy esa chica.
—¿Prest? [3] —Amaia me toma de la mano.
—Bai [4] —respondo con el poco euskera que sé.
Mi amiga sonríe. Mis dudas se disipan. ¡Soy un Ángel de Plata en OnlyFans! Si está Herio, quizá sea mejor. Ojalá me elija a mí para el ritual. Me reiré en su cara y le diré que no. Quizá hasta haga un live para grabar el momento de su humillación.
Además, igual me pica la curiosidad. Euskal Herria es de las pocas tierras en que los dioses han despertado. Solo algunas personas los han visto directamente, salvo a Herio que es influencer y todos lo conocen. Pero él es un semidiós. No cuenta. Yo quiero ver a un dios de verdad.
—¡Prest! —confirma también Olatz.
Amaia cierra los ojos y empieza a recitar las palabras.
El euskera fluye como un poema de su boca y las palabras nos envuelven, nos rodean, bailando como hojas al viento. No tengo ni idea de qué mierda está diciendo, pero el ritual deja de parecerme ridículo cuando las llamas de las velas se alzan y el viento nos habla. Murmura cosas.
Mierda.
Agarro las manos que me ofrecen mis amigas.
Olatz también cierra los ojos. Me cuesta hacerlo, no puedo dejar de mirar maravillada sus cabellos revueltos por el viento, sus rostros iluminados por el atardecer.
Pero finalmente los cierro, porque debo tomarme esto en serio. Ellas dependen de mí. Confían en mí.
¿Dónde más iban a encontrar a una chica virgen con veintidós años? Y mucho menos a alguien de cuya virginidad dependa su trabajo. Saben que no voy a renunciar a eso ni por el hombre ni por la mujer más sensuales del planeta.
Ni siquiera por un puto dios.