Nuestra muerte escondida
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Prólogo
Reinventar el horror desde la oralidad
El miedo es la emoción más honesta porque no puede fingirse.
T HOMAS L IGOTTI
La pluma de Uriel es una fuerza invisible que te golpea sin que te des cuenta.
Como el miedo, como el viento, como un espectro que habita en silencio.
Mientras lees, entra por tu dermis y te posee.
Cuando conoces cada historia de este libro, esa fuerza se apodera de ti como un ente y no te suelta.
Cada oración te sacude con contundencia y sin piedad.
Después, se introduce en tus venas para recorrer tu torrente sanguíneo y adueñarse de tu alma.
Con Relatos de la noche , Uriel reimaginó el horror a través de la oralidad de una manera brutal.
Cada historia leída y escuchada le ha permitido forjar un oído sensible que comprende el poder del relato hablado, y en esa primera entrega exploró la cadencia de la voz y el ritmo para contar una experiencia paranormal.
Asimismo, reconoció los temas y la búsqueda de sentido en aquello que parece inconcebible, incomprensible e indescifrable.
Moldeó un recipiente hecho de barro y ondas sonoras que con el tiempo se convirtió en el detonante de una nueva senda de la escritura, presente en este libro, su segunda entrega.
Entonces vino el desdoblamiento. Vino la resonancia, la distorsión de un universo que ya estaba ahí, y con ello, la oportunidad de arrastrar la pluma y construir con estos relatos un viaje poderoso.
¿Qué se encuentra en estas páginas? Trampas en las que es muy probable que caigas.
Yo caí. Más de una vez. El silencio puede ser más truculento que un grito de muerte.
A través de esta vereda narrativa late el miedo colectivo que lo cambia todo.
Ese terror comunitario que nos devora como una selva.
Luego, poco a poco, la terrible verdad se asoma, como solo podría hacerlo ante unos ojos inocentes que han huido hacia un suceso tan determinante como improbable.
En las obsesiones habitan las posibilidades, y las que mueven a muchos de los personajes de este libro los obligan a mantener la mirada en el fuego.
La lectura de Nuestra muerte escondida es un camino que requiere pausas de ese ejercicio macabro que da vida a algo que ya cruzó el umbral.
Como alguna vez nos propuso el maestro Stephen King en Pet Sematary , ahora otro autor con el mismo apellido, pero en plural y en español, nos lleva de la mano para recordarnos que con la muerte no se juega.
La diversión es peligrosa, y el cruce puede costarnos el retorno.
El trayecto es sinuoso, nos vuelve testigos y cómplices de algunas voces inocentes cuya búsqueda de refugio se convierte en la saciedad de un apetito tan maligno como poderoso.
En estos relatos, todos son bienvenidos a escenarios rurales y urbanos, polvorientos, caóticos, obscuros, y tan lejanos como vivos, pero tan cercanos como situados en un limbo que a cualquiera le daría escalofríos.
Uriel no deja espacio para la mesura: toma una pala y desentierra con furia las pulsiones más siniestras. Le da paso al miedo, la venganza y la culpa. De nuevo, se abre un portal desde otra dimensión, una donde se difumina la frontera entre lo que es y no posible.
Al pasar cada página, el olor rulfiano se percibe en la atmósfera y nos recuerda una tradición que en el inframundo sigue viva. Invita a escuchar a los que se mueven entre las sombras para evitar una ignorancia fatídica.
Después de habitar estos relatos cortos, lo único que me queda es pedirle —o tal vez exigirle— a Uriel Reyes una nueva encomienda: su primera novela, porque hay historias que están ávidas de un largo aliento y una noche eterna que se alimente de nuestros ojos.
Mientras eso sucede, crucen la línea y déjense poseer.
Ricardo Farias-Arauzo