✦ CAPÍTULO 16 ✦
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El plan perfecto y la tensión en el aire
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Los días posteriores continuaron con su curso habitual.
Con Elena lo compartía absolutamente todo, detallando cada mínima situación y desmenuzando cada pensamiento.
Con Iván, por su parte, la rutina se había vuelto inquebrantable: hablábamos todos los días, sin excepción, ya fuera más largo o más corto, pero siempre encontrábamos el momento.
Y cuando la agenda lo permitía, volvíamos a quedar.
Hasta que, en una de esas semanas, todo encajó.
Iván hizo un planning perfecto al encontrar un hueco libre para que por fin pudiéramos reunirnos todos.
Para organizarlo, creó un grupo de WhatsApp en el que estábamos Claudia, Elena, yo, Alberto, él mismo y alguna persona más que también se sumaría al plan.
Llegado el día, volvimos a poner rumbo al campo.
Pero esta vez el ambiente era radicalmente distinto: Iván venía con nosotros, y el trayecto con la musiquita sonando de fondo ya tenía otro rollo por completo.
Al llegar, disfrutamos de una tarde diferente en la piscina, donde cada uno estaba a lo suyo —Elena con Alberto y yo con Iván—.
Entre nosotros flotaba una tensión constante y magnética, esas ganas contenidas de acercarnos un poco más.
Manteníamos el orden en la cabeza e intentábamos frenar el impulso —especialmente por mi parte—, pero bastó con que nos alejáramos del grupo y del móvil para que empezáramos a charlar de verdad.
Había una intensidad evidente, la tentación palpable de querer rozar los labios, aunque supimos mantener la raya.
Estuvimos un buen rato dentro del agua. Como él es un poco presumido —"florero"—, al final decidió salir de la piscina, y yo le seguí el paso.
Nos adentramos en la casa y estuvimos hablando largo y tendido.
En ese interior, el único sonido que parecía existir era el tic-tac, tic-tac del reloj mientras el mundo exterior parecía detenerse por completo.
Nos sentamos en el sillón y seguimos charlando mientras la noche empezaba a caer sobre nosotros.
Estábamos en plena época de restricciones por la pandemia y, con veintipocos años cada uno, los padres se preocupaban un montón.
Aunque allí nos dijeron de quedarnos, para Elena la situación era más complicada porque sus padres eran más estrictos y no le dejaban.
Yo, en cambio, tuve una pequeña charla en casa y logré que me dejaran quedarme.
A partir de ahí, lo que pasó después dejó una sensación un tanto rara y, al mismo tiempo, profundamente mágica, mucho más intensa de lo que las palabras alcanzan a expresar.
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