Nudos de sal
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Capítulo 1. Teo Costas
T EO C OSTAS
Me llamo Teo Costas, tengo treinta y siete años y estoy a punto de morir.
¿Y sabes qué? Lo de la luz al final del túnel es una trola.
Ni luz ni túnel ni caralladas . Sientes que te duermes.
«¿Sólo eso, Teo?». Sí. Sólo eso. La estoy diñando, y lo de dulcificar la muerte es otra mentira.
Ya te lo dije: te duermes y se acabó. Creo que es algo parecido a cuando un bebé no aguanta el sueño y se le cierran los ojos.
A mí me pasaba cuando mi madre me daba de cenar en la trona y me quedaba dormido entre plato y plato.
No lo recuerdo exactamente como tal, pero sí hay una imagen borrosa, supongo que creada a partir de las historias que ella me contaba antes de…
Bueno, da igual. Esto ahora no te interesa.
Si has leído hasta aquí, estarás pensando: «¿Y por qué estás a punto de morir, Teo?
». Tengo que ponerte un poco en contexto: soy policía en Vigo.
Homicidios, más concretamente. Me gusta más un muerto que a un tonto un lapicero.
Estoy casado con una mujer que está buenísima y en meses seré…
, o sería, mejor dicho, padre. Mi vida no ha sido nada fácil.
Y no me refiero a traumas absurdos de que falte dinero o chorradas de esas por las que ahora todo el mundo va al psicólogo.
Puta generación de cristal… Yo me refiero a una vida difícil de verdad.
Perdí a mis padres y a mi hermana cuando tenía nueve años.
Mis abuelos paternos habían fallecido, los maternos también y sólo me quedaban dos tías: una alcohólica y la otra que me crio hasta que cumplí los quince.
Todo iba bien hasta que se echó un novio medio drogata que la cascaba a ella…
y de paso me curtía el lomo a mí. Acabé escapándome…
¡Ah, y sí! Me vengué unos cuantos años después, cuando ya era poli.
Pero esa es otra historia. Vamos, que mi madre era la única cuerda de la familia de locas del coño que me había tocado.
Así que me quedé solo cuando se fue. Y, tras lo de mi tía, directamente desaparecí porque no quería saber nada más de primos lejanos y demás gilipolleces.
No te compadezcas. Me la pela. En serio.
Crecí usando el humor como mecanismo de defensa.
Sí, sí, ya vuelvo a lo de mi asesinato. Un poquito de humor, hostia, que soy un moribundo.
La cuestión es que alguien ha entrado en mi casa y me ha atacado.
¿El problema? Que no recuerdo quién… Y antes de que lo preguntes: no, tampoco sé por qué, aunque lo intuyo.
Como sé algo del tema, sé que tengo el cráneo hundido.
Seguramente, además de la sangre, me haya salido masa encefálica por la violencia del golpe…
Vamos, que si pisas se te van a quedar las suelas más pegadas que en un after .
El autor de la hostia no ha limpiado la papilla que me ha hecho en la cabeza.
Así que no habrá sido algo muy planeado.
Y de esto también sé un poco… Ha salido corriendo, pero no sé hace cuánto.
El tiempo es relativo cuando te mueres. Creo que alguien dice mi nombre, aunque bien podría estar delirando.
Al fin y al cabo, estoy hablando contigo, o eso creo. Ni sé si existes…
Lo que me faltaba. Diñarla filosofando. Hay que ser gilipollas. Mira, voy a dormir ya, ¿vale? Tengo… tengo mucho sueño…
¿Quééé ?
¿Cómo que por qué me han atacado? ¿No te lo conté al principio? No…, ¿de verdad?
Perdona, no sé dónde tengo la cabeza… ¡Bueno, sí!, ¡Esparcida por el suelo!… ¿No?, ¿ni una sonrisa? Eres el alma de la fiesta, ¿eh? Y además tienes el don de la oportunidad. Justo ahora que me quiero dormir, me preguntas. Ni tranquilo puede morirse uno.
¿A ver, qué coño quieres saber?
¡¿Todo?!
Vaya pereza… A ver, atiende, porque sólo te contaré una vez lo que creo que ha pasado. Coge el calendario e imagínate un rótulo de esos que ponen en las películas… One year ago («hace un año», si no tienes ni idea de inglés).