Novias zandianas: colección 1-3 Capítulo Cinco #4
78%

Capítulo Cinco #4

No es mentira. Lo que hicieron, tan inesperado y rudo, colmó una necesidad de mi alma. Me dieron algo que ni siquiera sabía que anhelaba. Y quiero más.

—Me gustó.

—Así es —murmura Domm, y luego hunde la lengua en mi coño, haciéndome retorcer de placer.

—Siempre vas a apreciar nuestros castigos —Lanz me toma los pezones entre los dedos y los hace rodar suavemente—. Obedecernos hace la vida mucho más... placentera.

Con esa última palabra, me pellizca ambos pezones y Domm me muerde el clítoris, no demasiado fuerte, pero lo suficiente para sobresaltarme.

—Dinos que vas a ser una buena humana para nosotros —me anima Lanz, mientras Domm acelera el ritmo de la lengua.

Jadeo, al borde del precipicio. Aprieto los ojos y cierro los puños junto a la cabeza mientras me sacudo entera.

—Yo... yo... —intento acercarme a la lengua de Domm, pero él se aleja tentadoramente, justo lo suficiente para mantenerme al borde—. Por favor, por favor, necesito...

Intento de nuevo acercar el clítoris a él. Solo un poco más de presión y saldré disparada hacia las estrellas.

Pero es tan frustrante. Se retira de nuevo, manteniéndome en ese filo de navaja.

—Dilo y te dejaré correrte.

—Seré vuestra buena humana, lo prometo, lo juro, solo déjame... —suplico.

—Eso es lo que me gusta oír —Domm sonríe y entonces su boca está exactamente donde la necesito, con la presión justa, en el lugar exacto.

Todo. Gimo y todo mi cuerpo se tensa, los cuádriceps duros como piedras mientras aprieto las nalgas, concentrando la sensación en un nudo apretado para hacerlo estallar.

—Eso es —dice Lanz, con una nota de placer en la voz—. Joder, Mirelle, tómalo. Vuela.

Y ante sus palabras, grito mientras mi cuerpo estalla en un millón de fragmentos de luz. La sensación de placer es tan intensa, el néctar más dulce que he probado jamás, inundándome con algo tan fino y puro que casi creo que podría morir.

Cuando vuelvo en mí, estoy en brazos de Domm, recostada sobre él. Lanz está sentado a nuestro lado, acariciándome las piernas. Me estiro y me aprieto contra el pecho de Domm.

—Eso fue... —lo miro a la cara. Pero no encuentro las palabras.

Él sonríe.

—¿Bueno?

—Más que bueno. Exquisito —ni siquiera eso resume la experiencia—. Nunca antes...

—¿Nunca has tenido un orgasmo? —Suena sorprendido—. ¿Ni siquiera con tu propia mano?

—No así. —Estoy demasiado colmada de placer como para espetarle que cuando una está ocupada intentando sobrevivir no hay tiempo para frivolidades.

Por supuesto que me he acariciado el clítoris antes y he conseguido un alivio satisfactorio, placentero. Pero ahora que he sentido esto, lo otro parece pálido y débil, triste, en comparación. No, esto es la celebración más gloriosa de mi cuerpo que he experimentado en toda mi vida.

—Dulce Mirelle. Habrá infinitos orgasmos más en tu futuro. Cada rotación planetaria —promete Lanz, acariciándome el pelo—. Tres veces por rotación planetaria, si quieres. —Se agacha para mirarme a los ojos—. ¿Estás bien? —Me acaricia el trasero.

—Bien. Estoy bien.

Transformadora se acercaría más a la realidad, porque me siento diferente de dentro hacia fuera. No tenía ni idea de que un cuerpo humano pudiera experimentar algo así. Una poderosa oleada de afecto y posesión me invade por estos dos zandianos. Míos. Ellos me han hecho esto. Conmigo.

Domm se mueve y me doy cuenta de que todavía está completamente vestido. Noto su excitación bajo mi cuerpo.

Parpadeo. —Pero vosotros no... ninguno de los dos. —Miro de uno a otro—. Yo... ¿debería? —No sé muy bien lo que quieren, pero sé que no es habitual, ni probablemente justo, que solo uno quede satisfecho en estos encuentros.

—Más tarde. —Domm me muerde el hombro suavemente y se ríe—. Lo deseo más que nada, pero no hay tiempo.

—No te preocupes. Habrá muchas oportunidades de mostrar tu gratitud y devolver el favor. —La voz de Lanz suena ronca de deseo, con un toque de exigencia, y me estremezco de placentera anticipación. Mi cuerpo ya quiere más.

—Vuelve a ponerte la prenda. —Lanz la recoge y la sacude, acaricia la tela—. Arréglate el pelo.

—¿Qué le pasa a mi pelo? —Le frunzo el ceño mientras deslizo la suave tela sobre mis curvas.

—Nada. —Mira a Domm—. Es solo que está un poco —levanta las manos, como dibujando un halo alrededor de su cabeza— quizás... desaliñado. Vamos a reunirnos con el rey y necesitamos que parezcas serena.

Entrecierro los ojos y me aliso los mechones rebeldes. —Quizás si quisierais que pareciera más presentable, no deberíais haberme llevado aparte para una reunión privada de este tipo. —Aunque me alegro de que lo hicieran.

Se ríe. —Creo que disfrutaste de tu reunión privada, ¿me equivoco? —Me toca el trasero—. ¿Te duele?

Me aparto con una mueca, aunque en realidad no. Ya no. —Sí. Terriblemente. —Pongo una cara exagerada de consternación.

Su rostro se descompone e intento reprimir una sonrisa.

—¿De verdad? —Me atrae hacia él por el brazo—. Veck, Domm, fuimos demasiado duros. Ve a buscar el bálsamo calmante inmedia...

Niego con la cabeza y le toco el brazo. —Solo me duele un poco.

Estoy bien. —Es extraño que me importe su preocupación.

Debería estar haciendo muecas de agonía fingida para convencerlos de que nunca vuelvan a hacer eso.

El problema, sin embargo, es que quiero que lo hagan de nuevo.

Igual de duro y primitivo. Porque resulta que a mi cuerpo le gusta. Ya está ansiando más.

Por supuesto, me digo, este es un plan incluso mejor que luchar contra ellos: seguirles la corriente.

Si les hago pensar que me importan y que me gusta lo que me hacen, puedo ganarme su confianza más rápido.

Conseguir que bajen la guardia. Y entonces podré hacer planes para escapar más fácilmente.

Sí. Eso es lo que estoy haciendo aquí. Si realmente me gusta, bueno, eso solo significa que mi farsa será mucho más realista.

—Bien. Un poco es lo justo. —Sonríe—. Y recuerda, siempre podemos repetirlo si es necesario, así que tenlo en cuenta mientras eliges tus palabras en los próximos minutos.

—Sí, Amo —murmuro.

—Eso es lo que me gusta oír. —Me da un apretón en el trasero sensible.