Novias zandianas: colección 1-3 Capítulo Quince
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Capítulo Quince

Benn

—¿Dónde está? —Me acerco a paso firme al Maestro Seke, el macho que nos entrenó a Gorde y a mí desde jóvenes para ser guerreros. Ahora que Mikala y sus crías han sido trasladadas a la enfermería, necesito encontrar a mi compañera.

—Calma. —Levanta la mano y frunce el ceño—. Tenemos que hablar de esto.

—Necesito verla. Los dos lo necesitamos. —Señalo a Gorde, que está justo detrás de mí.

Gorde añade:

—Queremos estar en el nacimiento de la cría. Necesitamos verla.

Seke niega con la cabeza.

—Dio a luz la rotación planetaria pasada. El Rey Zander ha ordenado que la trasladen a Jesel.

—¿Qué? —grito mientras el pánico me envuelve.

Una punzada de miedo frío me atraviesa. ¿Nuestra vulnerable compañera, la dulce Danica, ha sido desterrada?

Todo es culpa nuestra. Gorde y yo, como sus patrocinadores zandianos, la abandonamos.

Justo cuando más nos necesitaba. ¿Ahora ha pasado por el parto sola y la envían lejos con una cría diminuta y sin nadie que la proteja?

Gorde es una nube de tormenta a mi lado.

—¿Por qué? —ruge.

El Maestro Seke levanta la mano.

—Tengo entendido que ella misma solicitó la deportación.

Gorde y yo nos quedamos inmóviles. Un frío glacial me recorre.

Oh, estrella zandiana, ¿cómo pudimos dejar que esto sucediera? La lastimamos tanto que quiere irse. Huye de nosotros. Otra vez.

Me golpea una oleada de malestar cuando me doy cuenta de lo sola que debe estar Danica. Cuánto miedo debe tener. Y no es de extrañar que quiera irse. Acaba de tener una cría akroniana. Le dije a Danica que matamos a los intrusos. Seguramente prometió marcharse para proteger a su cría.

—¿Dónde está? —pregunta Gorde al mismo tiempo que yo digo:

—Debemos ver al Rey Zander. No pueden enviarla lejos.

En ese momento, el Rey Zander entra en el muelle.

—Benn, Gorde, ¿podemos hablar? —Señala el espacio frente a él y corremos a ponernos firmes ante nuestro gobernante.

—¿Habéis abandonado a vuestra compañera?

—¡No! —gritamos ambos.

—Perdonadnos, mi señor. Sí lo hicimos, pero fue un error. Deseamos seguir unidos. Patrocinaremos a Danica. Por favor, no la enviéis lejos, ni a ella ni a la cría.

El Rey Zander nos observa. Es difícil saber qué piensa, incluso en el mejor de los momentos. En este, no tengo ni idea. Finalmente, dice:

—Permitiré que ella y la cría permanezcan en Zandia. —Suelto un suspiro. Sé que es capaz de tomar decisiones difíciles por el bien de Zandia. Esto podría haber acabado de otra manera, si lo hubiera considerado necesario.

Una enorme ola de gratitud me recorre.

—Gracias, mi señor. —Hago una reverencia, el alivio hace temblar mi voz.

—Habrá que vigilar a la cría por si muestra signos de violencia. Su asilo aquí es provisional.

Ambos hacemos una reverencia.

—Gracias, mi señor.

—Id a buscar a vuestra compañera. Está en la enfermería.

Y mientras salimos a grandes zancadas, creo oírle murmurar:

—Siempre igual con las compañeras humanas. Siempre hay algo.