Novias zandianas: colección 1-3 Capítulo Uno #2
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Capítulo Uno #2

Jadeo mientras me llenan, cada uno bombeando a su propio ritmo, matándome con esa sobrecarga de sensaciones.

—Por favor —empiezo a gemir—. Necesito...

No termino porque mi cerebro está demasiado revuelto para juntar palabras.

El guerrero que tengo delante me pasa un brazo alrededor de su cuello.

—Solo agárrate y sigue haciendo esos sonidos suaves y dulces, y te dejaremos correrte, pequeña hembra.

Agarrarme a su cuello me da la estabilidad que necesito. Presiono los pechos contra sus costillas, abro y cierro los labios sobre su piel húmeda mientras los pies me bailan debajo.

Bombea más rápido, más fuerte.

El guerrero que está detrás de mí añade un segundo dedo y sollozo.

De repente, los machos sincronizan sus embestidas y me llenan y vacían al mismo ritmo. Eso me da el enfoque que necesito para que el clímax vaya creciendo. Tengo la boca abierta sobre su pectoral y, sin darme cuenta, empiezo a succionar con fuerza.

Maldice y duplica la velocidad. Se me doblan las rodillas. Un sonido estrangulado me sale de la garganta y entonces alcanzo el clímax. Los músculos se me contraen alrededor de sus dedos y el ano intenta cerrarse alrededor del dedo que tengo en el trasero.

Grito contra su pecho mientras las oleadas de placer me recorren. Solo cuando ha pasado y cuelgo lánguidamente de su cuello me doy cuenta de que le he clavado las uñas en la piel.

Sacan los dedos de mí con cuidado y casi me desplomo. El guerrero de delante se zafa de mi agarre y el de detrás me recoge en brazos.

—Llevémosla a la cámara de sueño para examinarla —dice.

Todo este tiempo han hablado más sobre mí que conmigo. Pero supongo que soy más un objeto que un ser para ellos. Como esclava, estoy acostumbrada a ese trato. Ofenderme no me llevaría a ninguna parte. Lo extraño es que su conversación sobre mí me resulta algo placentera. Casi excitante.

Quizá sea el tono apreciativo con que hablan de mí. Están disfrutando de mí, o más bien, de mi cuerpo, y por lo visto mi cuerpo también disfruta bastante de ellos.

No estoy segura de haber experimentado nunca el placer que acabo de sentir con ellos, por vergonzoso que haya sido.

Me llevan a una pequeña cámara en la nave donde una plataforma elevada ocupa la mitad de la habitación. El guerrero grande me acuesta boca arriba en la plataforma y ambos se ciernen sobre mí desde el borde, estudiándome.

Me sorprende ver que marqué al guerrero ligeramente más pequeño cuando le succioné el pecho. Nunca he hecho algo así, y temo que se enfade cuando lo vea. Nota mi mirada y mira hacia abajo.

—Debiste complacerla, Benn, si dejó su marca en ti —dice el más grande, riendo entre dientes mientras se acerca a abrir un armario en la pared.

El que llamó Benn se lleva una mano a la nuca y se frota donde me aferré a él. Cuando retira los dedos, están manchados de sangre púrpura.

—Perdóname, Amo —digo rápidamente—. No quise clavarte las uñas.

Esboza una sonrisa maliciosa.

—No me importa, pequeña hembra, pero quizás deberíamos castigarte de todos modos.

Me pongo rígida y me incorporo sobre los antebrazos.

El más grande regresa con una botella de algún líquido.

—Oh, desde luego —asiente—. Le encantó que le azotaran ese culo. Aceitémosla primero. Eso aumentará el escozor.

¿Aumentar el escozor?

No sé si debería tener miedo o estar excitada. ¿Pretenden que experimente dolor o placer? No lo tengo claro.

Benn extiende la palma y su amigo vierte algo de aceite en ella, luego toma un poco él mismo. De repente, dos pares de manos grandes se posan sobre mí, me empujan hacia atrás, me frotan la piel.

Es puro placer. Nunca me han tocado así, jamás.

Uno acaricia y frota aceite en mis brazos, me acaricia el cuello y los hombros, los pechos, mientras el otro empieza por los dedos de los pies, frotando el aceite aromático en mis pantorrillas y muslos.

Me cubre el coño con él, me abre bien las piernas, lo extiende por mis labios externos, alrededor del clítoris.

—¿Sientes cómo tiembla? —pregunta Benn.

Empiezo a gemir y a lloriquear de nuevo a medida que las sensaciones se intensifican.

—Date la vuelta, pequeña esclava. Veamos ese culo.

Obedezco y me abren bien las piernas, extendiéndome aceite por detrás de los muslos, el culo, la espalda.

¡Zas!

Trago saliva. Los dos se turnan para azotarme, una mano tras otra en rápida sucesión. Duele, no hay placer en absoluto, solo azotes duros que escuecen.

Aprieto las nalgas y me levanto sobre las manos, arqueando la espalda. Sé que no debo moverme de posición; estoy demasiado bien entrenada para eso.

—¡Ay! Lo siento, Amos. ¡Lo siento! Perdónenme.

Tan abruptamente como empezó, se detiene. El más grande frota y amasa mi culo ardiente mientras Benn se inclina y me agarra del pelo para girarme el rostro hacia el suyo.

—Estás perdonada, hermosa esclava —murmura y ataca mi boca de nuevo, deslizando sus labios hambrientos sobre los míos en un beso posesivo—. ¿Estás lista para meterte mi polla en esa boquita caliente?

Su voz es profunda y ronca, los ojos brillándole en puro amatista.

Asiento rápidamente e intento incorporarme de un salto, pero él me hace rodar boca arriba.

—Creo que Gorde quiere follarse ese coño apretado, así que voy a subirme encima de ti y vas a chuparme la polla mientras abres las piernas para Gorde. ¿Entendido?

Trago saliva. Joder. Estar tumbada boca arriba para hacer una mamada no es la posición más segura. Le sería fácil meterme la polla hasta la garganta y ahogarme sin querer. Pero ¿qué opción tengo?

El que llamó Gorde me arrastra del culo ardiente hasta el borde de la plataforma y me empuja las rodillas hacia arriba. Mientras alinea su polla con mi entrada, Benn se sube y se coloca a horcajadas sobre mi cabeza.

El miedo debe de habérseme notado en la cara, porque Benn se detiene y se limita a agarrarse la polla con el puño, masturbándose mientras me observa el rostro.

—No tengas miedo, pequeña esclava. Dime tu nombre.

—Danica.

Si fuera lista, habría pensado en un nombre falso para darles. Cuando me compraron, tenía toda una historia elaborada en la cabeza para contarles, pero no preguntaron y ahora tengo la cabeza en otra parte.

—Danica.

Me estudia un momento más, acariciándose la polla lentamente.

Aunque he estado desnuda desde que me conocieron, esta es la primera vez que me siento expuesta.

Si antes no estaba segura de si solo me veían como un objeto, ahora sé que no es así.

Era un juego al que jugaban para mantenerme desequilibrada. Este lo ve todo de verdad.

Detrás de él, Gorde me frota la entrada con la punta de su polla. Noto el aceite que se ha untado mientras se desliza dentro. Es enorme, pero hay tanto aceite y estoy tan excitada que no duele ni me estira demasiado.