Capítulo Once
Jax
—¿Que quieres qué? —Pero el Rey Zander se aparta y levanta una mano para que aguarde.
Está en el muelle de carga, dando órdenes—.
¿Optimizaste la genética para los próximos equipos?
—Habla con el Dr. Daneth por holo-chat—.
Esta ronda será más delicada, porque aunque queremos emparejar según la compatibilidad genética ideal, no queremos obligar a humanos ni a zandianos a pasar toda la vida en situaciones que detesten. —Se pasa una mano por la boca.
Me alejo porque seguro que no debería estar escuchando esta información tan delicada.
Tras una breve conversación con el doctor, cierra el holo y se vuelve hacia mí. —Jax.
—Mi señor. —Hago una reverencia.
—¿Cómo va vuestro esfuerzo de repoblación? —Arquea una ceja, y no es la primera vez que siento una extraña sensación en la boca del estómago ante esa pregunta. Al principio, era divertido hablar de ello, de la idea de tener crías. Ahora, me contengo para no gruñir.
Somos insaciables, todos. Ni siquiera puedo contar las veces.
Niego con la cabeza. —Aún no hay noticias, pero estoy seguro de que ocurrirá pronto. —Fuerzo una sonrisa—. No escasean los... apareamientos en nuestro domo.
Pero algo me impulsa a soltar: —Rey Zander... ¿no ibas a enviarnos los registros de esclava de Riya? ¿Para conocer su historial?
Ella no quiere hablar de su pasado, y nunca la obligamos; no quiero despertar recuerdos dolorosos. Pero siento que si supiéramos más sobre ella, podríamos ser mejores compañeros.
No puedo describir lo que percibo en Riya últimamente.
Todos estamos tensos, ansiosos por trabajar duro, con la anticipación y la ansiedad alternándose en nuestros pechos, pero hay algo en ella que parece melancólico.
Cuando mira por la ventana, con la mano apoyada en la barbilla, contemplando algo a un millón de kilómetros de distancia dentro de su mente.
Creo que necesita algo de nosotros que no le estamos dando.
¿No es feliz con nosotros? ¿No somos suficientes para ella?
Cuando le pregunto si pasa algo, se apresura a decir que no y me distrae con un comentario o un beso.
Quizás la documentación contenga alguna pista.
—Oh, ¿nunca se enviaron los datos? —Zander se vuelve y da una orden de voz para abrir otro holo—. Haré que los traigan ahora y los empaquen con tus cosas. Me temo que mi asistente estaba ocupado con la planificación del asentamiento.
—No corre prisa —digo, y flexiono los dedos, aunque si fuera por mí, iría a buscarlo de inmediato.
Los labios de Zander se curvan en una pequeña sonrisa, como si pudiera leerme la mente.
—Todo es urgente —corrige—. Pero algunas cosas requieren más urgencia que otras.
—Me entrega una caja—. Aquí hay más semillas ancestrales de la Tierra para Riya.
Llegaron en la última rotación planetaria; son semillas raras que conseguí en Midraxx.
Lamira ya está cultivando plantones en el palacio.
Riya puede consultarla si lo necesita, pero imagino que sabrá qué hacer con ellas.
El orgullo por mi compañera me hincha el pecho, como si yo tuviera algo que ver con sus preparaciones. —Antes de que llegaras, el Dr. Daneth estaba entusiasmado, tanto como él puede estarlo, con su preparación de ácido salicílico. Dice que es lo más novedoso que ha visto en años. Le ofreció esto.
Añade un lector holo a la caja. Lo abro y veo símbolos extraños, números. —¿Matemáticas? —Ladeo la cabeza.
—Y química. Al parecer, ella lo entiende, y ya ha hecho cosas por su cuenta, sin formación, que a químicos experimentados les cuesta conseguir.
El Dr. Daneth dijo que podría haber sido una erudita, una verdadera doctora, si no hubiera nacido humana.
Quiero decir, esclava. Quizás aún pueda serlo. Es inteligente. Cuídala bien.
—Lo hago. Lo hacemos. Siempre.
Riya
—Entonces, ¿te veré en la llamada holo de las ME esta semana? —La sonrisa de Lily le ilumina todo el rostro. La estoy visitando en la capital porque Jax tenía que venir a recoger material. Pensó que me gustaría acompañarlo y ver a mis amigas humanas.
Niego con la cabeza. —No estoy... en estado. Así que no pensaba asistir. Tengo mucho trabajo, de todos modos.
—¿Tus compañeros te están haciendo trabajar demasiado? —Los delicados rasgos de Lily se fruncen en un ceño—. No lo habría esperado de ellos, porque tienen fama de ser justos, pero si es demasiado, siempre puedes...
—Soy yo. Me he puesto metas difíciles. —Le toco el brazo—. Mis compañeros no han sido más que amables y comprensivos. —Un rubor me tiñe las mejillas al pensar en lo comprensivos que son en la cámara de dormir.
—Oh, eso es un alivio. —Sonríe, pero me mira con la cabeza ladeada al ver que no le devuelvo la sonrisa—. ¿Pasa algo?
—No. Es solo que no quiero unirme a la reunión holo si no tengo nada que aportar.
—¡Pero pronto serás una Madre Expectante, Riya! Incluso yo podría llegar a concebir. Cuando me esterilizaron para convertirme en esclava sexual, hicieron el procedimiento reversible. Así que el Dr. Daneth me operó y ahora... lo estamos intentando.
Se sonroja.
—No sabía que quisieras tener bebés. Pero supongo que ahora nos lo exigen a todas, ¿no?
—No sé si es obligatorio. Pero supongo que siento que debo poner de mi parte. Rok sería un padre estupendo, y cada bebé que nazca será un paso más para evitar que su especie se extinga.
—Pero la reunión no trata solo del embarazo, por supuesto; todas compartirán ideas, conocimientos, consejos. Sabes que Zorra tiene unas náuseas matutinas terribles y tu preparación de jengibre le ayudó. Ella y tú podéis hablar de eso.
—Oh. —Tomo aire con cuidado—. Entonces, sí, claro que podría asistir y compartir información. No sabía que fuera obligatorio.
—Bueno, nada es obligatorio —explica—. Ahora mismo es solo una idea que tuvo Bayla para reunir a las humanas embarazadas, que se apoyen y hagan amistad. Muchas están un poco solas, así que probablemente sea más por tener compañía que por otra cosa.
Me muero por pasar tiempo con amigas, pero esto no parece la solución ideal.
—Me encantaría —le digo, con una sonrisa forzada que deja ver todos mis dientes y seguramente parece falsa, pero ella ya se ha girado hacia otra humana que merodea cerca de nosotras.
—¡Katrin! Estás increíble. Te resplandece la cara.
Katrin se lleva una mano al pequeño bulto de su vientre y resplandece.
—Estoy tan feliz.
Literalmente brilla, y me pregunto si el embarazo de un bebé zandiano tendrá algún efecto especial en la anatomía humana, porque jamás había visto a una embarazada tan beatífica.
La felicito y la abrazo, y después me marcho deprisa, ansiosa por volver a mi laboratorio y terminar lo que tengo entre manos.
Cuando regreso, voy directa a mi espacio del laboratorio, en lugar de entrar en el domo a saludar a mis otros compañeros.
Es horrible, pero últimamente no soporto mirarlos a los ojos, y cada día invento excusas más elaboradas para evitar su compañía.
Incluso a veces me excuso del apareamiento, alegando calambres o dolor de cabeza.
Lo cual, a su vez, suele acabar en un dolor de cabeza real cuando se preocupan por mí.
Jax se ofrece a llevarme con el Dr. Daneth.
Tarren se queja de que trabajo demasiado.
Y luego está Ronan, que intenta hacerme sonreír con alguna historia tonta.
Seguro que están todos confundidos, y quizá incluso dolidos, pero a veces no puedo.
.. simplemente no puedo. Confían en mí y me quieren tanto, y no puedo mantener este engaño mucho más tiempo; me está matando.
Me aterroriza lo que dirán y harán cuando descubran que les he estado mintiendo, que los acepté como compañeros sabiendo que no podía tener crías. ¿Cómo van a perdonarme?
Jax ya ha dejado una cápsula de entrega en mi laboratorio; está junto a la puerta.
Me pregunto si serán semillas o más libros del Dr. Daneth. Pero cuando miro a través del cristal, algo inquietantemente familiar me llama la atención. Veo un pequeño disco plateado con letras ocretianas. Un disco de información. El corazón se me encoge de miedo, porque la etiqueta dice:
«ESCLAVA 4356778A-CS-3. RIYA».
Oh, no. Joder, no.
Me llevo una mano a la boca, y las náuseas que últimamente me asaltan con tanta frecuencia me golpean con fuerza.
Salgo corriendo y llego justo a tiempo para vomitar todo lo que tengo en el estómago sobre la albahaca fragante que he cultivado junto a la entrada de nuestro domo.
Aunque hace rato que tengo el estómago vacío, las arcadas continúan hasta que estoy mareada, con la garganta en carne viva y los ojos llenos de lágrimas.
Al final gimoteo y me limpio la boca con el dorso de la mano, y me enjuago con agua.
Me muevo mecánicamente, me seco los ojos y me aparto el pelo sudoroso de la cara.
Una extraña calma me envuelve. Claro que tenía que pasar. El rey Zander dijo que los enviaría de vuelta cuando aprobara nuestro asentamiento. Ahora que están aquí, no me queda más remedio que aceptar que mi vida tal como la conocía se ha acabado.
Mientras miro fijamente el trozo de aluminio holográfico, solo puedo ver los rostros de mis compañeros, fuertes y hermosos.
Ronan, tan compacto, con esa risa que le ilumina los ojos, empeñado siempre en hacerme sonreír.
Jax, perspicaz, el que me hace sentir bien conmigo misma, por no hablar de lo guapo que es.
Y Tarren, mi guerrero hosco, el que movería los planetas con tal de que yo estuviera cómoda, el que me entiende de un modo profundo y me hace sentir que no estoy sola en este universo.
Luego pienso en el futuro, en que estar conmigo condena a la extinción todos sus rasgos y maravillas.
Esto va mucho más allá de mi propia vida y seguridad.
Mi egoísmo le ha costado caro a Zandia, pero aún estoy a tiempo de arreglarlo.
Tengo que dejarlos libres para que estén con otra compañera, y tengo que hacerlo de forma que nunca quieran que vuelva.