Novela Erótica (Relatos Eróticos Mujeres Consentidas) Solo nosotros tres #3
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Solo nosotros tres #3

Por raro que parezca, Álex me pidió más mamadas que polvos.

Le complací. Hugo me folló a cuatro patas y luego me monté encima.

Eso no quita para que Álex también me follara.

De vez en cuando, le salía esa vena dominante que me encantaba.

El momento más memorable para mí fue cuando me folló a cuatro patas.

—Mueve el culito, cariño. Muévete tú.

Obedecí, como había hecho toda la tarde, y moví el culo que tanto le gustaba.

Él se quedó quieto y fui yo la que me meneaba y me empalaba en su polla.

—Así, cielo, demuestra lo puta que eres —me dio un azote. Como le había dado permiso para que me llamara como quisiera, no me molestó, sino que aumentó mi excitación. Me corrí gimiendo como la zorra que estaba siendo y terminé tumbada boca abajo.

—Espera, que no he terminado contigo.

Enrolló una esterilla y me la metió bajo las caderas.

—Llevo varios días pensando en esto. Te va a encantar —me dijo, mientras me abría las piernas y se colocaba entre ellas.

Sentí cómo me masajeaba el trasero y me separaba las nalgas.

Luego, una lengua lamió mi agujero posterior.

Dejé que jugara con mi ano todo lo que quiso.

Me lo lamía, me metía la punta de la lengua y mordisqueaba mis cachetes.

De vez en cuando, me metía un dedo y me follaba con él.

Me hizo gemir de placer. Durante mucho rato se dedicó a mi culito, hasta que noté algo más grande presionando mi entrada.

—Relájate, Mireia.

Esa fue la única advertencia que tuve antes de que empujara y enterrara su glande en mi culo.

No era virgen por ahí, aunque lo había hecho muy pocas veces y nunca había disfrutado.

Lo más que había sentido fue un leve atisbo de placer ahogado por un intenso dolor.

Pero dejaría que Álex me hiciera lo que quisiera.

Casi tumbado encima de mí, movió las caderas penetrando cada vez más profundo en mi culo.

Apreté los dientes, preparada para resistir el dolor que sabía que me esperaba.

La mano de mi amigo se deslizó bajo mi cuerpo y me frotó el clítoris.

El placer que me produjo y el dolor reducido que sentía hicieron que la polla que me taladraba el culo fuera más que soportable.

—Este culo ya es mío —me dijo Álex cuando se enterró por completo en mi cuerpo.

No dije nada, estaba abrumada por las sensaciones.

Seguía sin parecerme natural, pero, según Álex, conforme él la metía y sacaba de mi ano, el movimiento empezó a fluir con facilidad y a darme placer.

Jadeé sorprendida cuando dejó de acariciarme el clítoris y comprobé que ese placer venía de mi culo.

—¿A qué te gusta, cariño? —me preguntó.

Se apoyaba con los codos en el suelo, pero tenía la cabeza al lado de la mía.

—Creo que sí —jadeé.

Me la metía despacio, pero sin descanso, y cada vez me gustaba más.

—Esto es un sueño, Mireia. Desde que te vi con tanga, deseaba hacer mío tu precioso culo. ¿Te había dicho ya que me gusta mucho tu culo?

—¡Cerdito! —conseguí decir, porque de mi boca ya solo salían gemidos. El placer era abrumador.

—Dímelo, dime que te gusta que te dé por culo, Laurita.

Me lo tuvo que repetir dos veces para que encontrara fuerzas para hablar.

—Sí, sí, me gusta que me des por culo.

—Dime que tu culo es mío.

—Sí, mi culo es tuyo.

El placer me estaba volviendo loca.

—Dime que me lo puedes follar cuando quiera.

—Sí, sí, cuando quieras.

Aunque sabía lo que estaba diciendo, le contestaba en automático. Solo quería seguir disfrutando de la exquisita sensación que recibía en el ano.

—Oh, Dios, Mireia, es fantástico.

Volvió a tocarme el clítoris con esa habilidad especial que tenía y el orgasmo que se había ido construyendo lentamente me rompió.

Gemí sin aire en los pulmones; el placer fue distinto al habitual, pero no por ello menos intenso.

Mi amigo redujo el ritmo con el que me penetraba hasta que las olas de placer se fueron reduciendo.

Pensé que se detendría, pero en lugar de eso retomó el ritmo y lo fue incrementando hasta que me dio por culo de forma salvaje.

—Así, Laurita, así. Te voy a llenar el culo —poco menos que gritó.

Yo estaba desmadejada bajo su cuerpo, sin fuerzas. Su polla, clavándose inmisericorde, me desplazaba adelante y atrás. El placer volvió a brotar.

—Álex... Álex... Álex —balbuceaba, medio ido.

—¿Te gusta cómo te monto? ¿Cómo te follo el culo? — gritaba mi amigo enloquecido —. No puedo más, no puedo.

El ritmo ya era insoportable.

—Córrete, córrete en mi culo —gemí con la razón devastada.

De repente, noté cómo se le engrosaba la polla a mi amigo y cómo su semen invadía mi interior.

Era una sensación extraña, pero tan increíble que precipitó mi orgasmo.

Mientras Álex se clavaba aún más profundo en mi interior y se descargaba gruñendo, yo perdía la cabeza envuelta en una explosión gigantesca de placer.

—Aaaaghhhhh...

Seguimos dedicados al sexo el resto de la tarde y parte de la noche.

Justo antes de meternos en la tienda para dormir, reuní valor y le pedí a Álex que me la metiera en el culo una última vez.

El muy capullo me hizo pedírselo por favor, pero, en cuanto lo hice, me hizo ver las estrellas al follarme el culo como un salvaje.

Al día siguiente, volvimos a casa.