Nosotras bajo el sol (Romances prohibidos 2) Capítulo 30
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Capítulo 30

—Me encanta esto —dice Kelsey cuando cierran el coche y Tiffany le coge la mano mientras caminan hacia la puerta de Piper, con la que han quedado para cenar.

—¿El qué?

Kelsey tira de sus manos unidas hacia arriba y señala la casa.

—Hacer estas cosas, caminar así y cenar con nuestras familias, tú y yo solas, como pareja.

—A mí también —concuerda Tiffany, besándole el dorso de la mano—, solo nos falta ir a casa de mis padres, aunque eso tiene que esperar —dice, torciendo el gesto.

Kelsey la mira de reojo sin decir nada, porque sabe la presión incómoda que siente su chica al pensar en que, en algún momento, tienen que enfrentarse a su padre.

Suben el escalón del porche y se detienen en seco antes de llamar.

—¿Eso es un niño? —pregunta Kelsey sorprendida.

Se vuelve a escuchar un gritito infantil y las cejas de Tiffany se levantan; se suponía que iban a cenar ellas tres solas, pero al parecer su hermana está cuidando de nuevo de Nazar.

—Eso parece —contesta, y llama al timbre.

Cuando la puerta se abre, Piper está al otro lado con un trapo en la mano y una gran sonrisa, pero eso no es lo que llama la atención de las dos chicas, sobre todo de Tiffany; lo que les sorprende es que Piper lleva el pelo suelto, está maquillada y va vestida como si fueran a cenar en un restaurante y no en su casa.

—Hola, me alegra veros —dice, abrazando primero a una y después a la otra.

Se aparta para dejarlas pasar y lo primero que ven es a Nazar en el suelo, jugando sobre una alfombra infantil que desde luego no estaba ahí la última vez que Tiffany estuvo en su casa, pero la segunda sorpresa viene cuando ven que Olena está de pie junto a la mesa.

—Buenas noches —saluda la chica.

Tiffany se queda boquiabierta y Kelsey se adelanta para romper ese momento incómodo.

—Hola, Olena, me alegro de verte otra vez. —Le tiende la mano y ella se la estrecha con amabilidad.

—Hola —dice Tiffany al fin, acercándose para hacer lo mismo—. Yo también me alegro de verte.

Olena sonríe y sus hombros parecen relajarse.

Después, las chicas se acercan a Nazar y se agachan con él para saludarlo.

El niño levanta la mirada, la pasea entre las dos con una expresión que a Tiffany todavía la pone nerviosa porque es la misma que pone ella cuando se mira en el espejo con el ceño fruncido.

—Dios, se parece tanto a ti —murmura Kelsey. Tiffany sonríe al escucharla y el corazón le da un vuelco cuando Nazar le devuelve la sonrisa, volviendo a lo suyo sin más.

—Sentaos, ¿queréis algo de beber? —pregunta Piper señalando la copa de vino de Olena.

—Yo quiero una, gracias —dice Kelsey.

—Y yo, pero voy contigo.

Tiffany coge a su hermana del brazo y ambas entran en la cocina. Hay dos cazos en el fuego y en la isla, sobre la madera, cuatro platos preparados para servir.

—La botella está en la nevera —dice Piper mientras saca un par de copas—, y si cortas el pan me haces un favor.

Tiffany deja la botella en la encimera y coge un cuchillo.

Empieza a cortar el pan mientras mira a través de la puerta, donde Kelsey está sentada en el sofá junto a Olena, diciendo algo con gesto distendido.

A ella le gustaría tener esa facilidad para conectar con la madre de su hermano, pero todavía le cuesta, aunque parece que a Piper no.

—¿Qué hacen aquí? —pregunta, dejando la cesta con el pan a un lado.

Piper termina de rellenar las copas y se vuelve hacia ella.

—Iba a salir a comprar el pan —explica Piper con tranquilidad.

—¿Y?

—Bueno, los vi en la hierba. Estaban delante del bloque B —responde mientras empuja las copas hacia ella—. Él estaba jugando con un palo y ella apoyada contra un árbol mientras lo observaba.

—Qué bonito —se burla Tiffany, ganándose una mirada furibunda de su hermana.

—No iba a dejarlos ahí, Tiff. Olena aquí no conoce a nadie, y somos familia, ¿no?

—Claro.

—Pues eso, le dije a Olena que se vinieran, al fin y al cabo, iba a hacer comida de sobra y no me cuesta nada preparar algo aparte para Nazar. Además, Nazar es nuestro hermano, Tiff, quiero pasar tiempo con él. No creo que sea tan extraño.

—No he dicho que lo sea, Pi.

—No, pero lo estás pensando —la acusa su hermana.

—Lo que estoy pensando es que me parece bien que la hayas invitado, en serio. Yo también quiero pasar tiempo con él.

Lo que no le dice Tiffany —porque no le parece el momento— es que tiene la sensación de que su hermana no solo quiere pasar tiempo con Nazar, sino que es evidente que también quiere pasarlo con su madre.

—¿Quieres decir algo más? —pregunta Piper, desconfiada.

Tiffany niega con la cabeza.

—Estupendo, llévale la copa a Kelsey y vuelve aquí para ayudarme con los platos.

—Ahora mismo.

Durante los siguientes minutos, las dos hermanas preparan la mesa en silencio, pero Tiffany no puede dejar de darle vueltas a sus sospechas.

Le encantaría estar a solas con Piper ahora mismo, sentarla en la isla de la cocina y pedirle que le hable y le cuente lo que siente, porque si ella tiene razón y Piper se siente atraída por Olena, debe ser algo complicado de asimilar para ella.

Hasta donde sabe Tiffany, todas las relaciones de su hermana han sido con hombres; jamás ha mostrado ningún tipo de interés por las mujeres, y empezar a sentir cosas por una de repente debe ser desconcertante.

Eso por no hablar de que es la madre de su hermano, otro plus que añade una dosis de complicación, pero lo peor es saber que esa mujer es madre de un niño porque su propio padre la violó.

—Pi —murmura en voz baja—. ¿Tú estás bien?

—Sí, por supuesto —asegura su hermana—. ¿Por qué lo preguntas?

Las dos se detienen al lado de la mesa, mirándose.

—Por nada, solo quiero asegurarme, y recordarte que estoy aquí, que si quieres contarme algo, no me voy a asustar, ¿lo entiendes?

Piper frunce el ceño y baja la mirada un segundo.

—Lo sé, pero estoy bien —asegura, acercándose a ella para abrazarla—. Venga, vamos a cenar.

Para sorpresa de Tiffany, la cena va bastante bien; ella temía que hubiera silencios incómodos porque todavía no sabe cómo hablar con Olena sin pensar en todo lo que ha pasado, pero la conversación la comienza Kelsey —su salvadora— hablando del garaje y de todo lo que les queda por hacer, de que les esperan semanas muy duras para ponerse al día con los pedidos y que está deseando que llegue el momento de firmar los divorcios para zanjar por fin ese tema.

—¿Qué vais a hacer con el dinero? ¿Montaréis alguna tienda física? —pregunta Piper—. A mí no me parece mala idea, hay mucha gente que todavía es reacia a comprar por internet, y si la ponéis en un sitio céntrico, puede ser una muy buena opción.

—Sí, lo hemos hablado —interviene Tiffany, mirando a su chica de reojo—.

Podemos empezar cerca de casa, alquilar un local y probar a ver qué tal, pero lo hemos de mirar bien, porque eso implica mucho más trabajo.

En la tienda tiene que haber stock constante para que la gente que entre pueda elegir lo que quiere.

—Eso es verdad —apunta Piper.

—Sí, a mí se me multiplicaría el trabajo por dos —sigue Kelsey—, tendría que llevar la gestión de la tienda online y el papeleo de la física.

Y Tiff, bueno, sería imposible que diera abasto ella sola haciendo velas.

Hemos de contratar a al menos dos personas de confianza, una para que la ayude a ella y otra para que esté en la tienda, así que nos lo vamos a tomar con calma.

Hemos de hacer números primero y ver si es factible.

—Seguro que sí, las velas son increíbles y a la gente le encantan, y estoy segura de que encontraréis gente de confianza —dice, y no puede evitar mirar un momento a Olena, que está dándole de comer a Nazar.

Tiffany levanta una ceja hacia su hermana, y después se gira hacia Kelsey y ambas se ríen porque han pillado a la primera lo que acaba de insinuar sin saberlo, que una candidata perfecta para uno de esos puestos podría ser Olena.

Eso la dejaría trabajando cerca, no tendría que mudarse si le sale trabajo en otro sitio, y es evidente que Piper no quiere que lo haga.

—Sí, en cuanto terminemos de organizarnos en el garaje, buscaremos un hueco para analizar bien esa opción —dice Kelsey.

Al final de la cena, siguen hablando mientras toman una última copa de vino. Ahora interviene Olena, que está explicando que la han contratado en una cafetería del centro para trabajar por las mañanas.

Tiffany mira a su hermana, sorprendida de que no le haya contado nada.

—Pero debe seguir buscando, no es un mal puesto, pero se lo pagan muy mal teniendo en cuenta que pasa seis horas allí y de ahí tiene que pagar una parte a la canguro —interviene Piper.

—Tendría que haber aceptado el puesto de la gasolinera también —dice Olena.

—¿Y cuándo ves a Nazar entonces? Llegarías cuando ya está dormido —protesta Piper.

—¿Qué puesto? —pregunta la pequeña de las hermanas.

—Ha hecho varias entrevistas de trabajo desde que está aquí, y una gasolinera de las afueras le ofreció un puesto por las tardes.

—Que complementaría mi sueldo —asiente Olena—, pero Piper dice que es demasiado.

La ceja de Tiffany se levanta.

—Está en las afueras, tiene que coger dos autobuses para llegar y, sumado a las horas de la mañana en la cafetería, literalmente no vería a Nazar en todo el día.

—Pero no puedo vivir gratis en la residencia —protesta Olena.

—Nadie dice que lo hagas, es temporal, solo hasta que encuentres algo que te permita vivir, trabajar y ver a tu hijo. No hay prisa, ya te lo he dicho.

Olena le sonríe, y a Tiffany no le llamaría la atención si después de esa sonrisa no se hubiera quedado mirando a su hermana un par de segundos de más, suficientes para darse cuenta de que la madre de Nazar también parece interesada en Piper.

—Bueno, creo que es hora de marcharnos —dice Tiffany cuando ve que Nazar se ha quedado dormido en los brazos de su madre.

—Yo también —dice Olena.

—Dame, lo cojo para que puedas ponerte el jersey, fuera hace frío —se ofrece Piper, que le coge al niño con una naturalidad que hace reír a su hermana.

Todas salen a la calle y se despiden en la puerta porque Piper va a acompañar a Olena hasta su casa, llevando la bolsa de Nazar al hombro.

Tiffany y Kelsey se quedan junto al coche viendo cómo se alejan, y en cuanto las pierden de vista, se meten en el vehículo.

—¿Tu hermana está colada por Olena o son alucinaciones mías? —dice Kelsey, girándose hacia su chica.

—No, creo que no lo son. Le gusta, es evidente.

—Vaya, no sabía que a Piper le gustaban las chicas —dice divertida.

—Yo tampoco, pero creo que es recíproco, me da la impresión de que Olena también se siente atraída por ella.

—¿Piper no te ha dicho nada?

—No. Tampoco le he preguntado directamente, pero pienso interrogarla en cuanto tenga ocasión.

—Bueno, ¿nos vamos a casa? —Kelsey le coge la mano y le besa los nudillos—. Estoy cansada, solo quiero darme una ducha, tumbarme y abrazarte.

—¿Y ya está? —La sonrisa traviesa de Tiffany hace reír a Kelsey.

—No sé, quizá cuando estemos en la cama cambie de opinión.

Tiffany sonríe otra vez, negando con la cabeza. Ella también está cansada, pero no le importa estarlo un poco más.