Nos vemos en Italia Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

—Esa cámara fue una traición, sobre todo viniendo de alguien que se hacía pasar por una figura paterna.

—No me gusta recordarlo.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Lilly, que se las secó de forma brusca, visiblemente enfadada por esas lágrimas.

—Entiendo por qué. Es una persona horrible, un pervertido.

Pero nunca más te volverá a pasar nada parecido, así que no tienes por qué preocuparte.

A partir de ahora estarás a salvo. Y no volveré a sacar el tema del pasado.

Solo quiero que sepas que puedes hablar conmigo de cualquier cosa, o pedirme ayuda, cuando estés lista, ¿de acuerdo?

—No necesito ayuda. —Lilly se quedó mirando sus pies mientras las lágrimas caían sobre ellos— . Pero… no se lo digas a Sloane ni a Julian, ¿de acuerdo? —Por fin, levantó la vista—. ¡No se lo digas a nadie!

Le resultaba humillante, como a cualquier chica.

—No lo haré —prometió Charlotte—. Te doy mi palabra. Excepto que…

El miedo y la duda se reflejaron en los ojos de Lilly. Probablemente estaba pensando que otro adulto más iba a defraudarla. Pero esa era la razón por la que Charlotte sentía la necesidad de ser honesta y transparente.

—Bueno, lo que pase a partir de ahora depende de ti.

—¿Cómo? —preguntó Lilly.

—Sloane y Ben te han invitado a vivir con ellos cuando volvamos de Italia.

—¿Hasta cuándo? —Ella se quedó boquiabierta y se echó hacia atrás.

—Hasta que seas mayor, Lilly. Les gustaría criarte.

Lilly abrió mucho los ojos.

—Si decides aceptar, quizá necesiten saber lo de Walter. Les ayudaría a apoyarte de la mejor manera posible. Pero solo si tú estás de acuerdo. Tú controlas este relato.

—¿Quieres que me vaya a vivir con Sloane y Ben? —Lilly parpadeó varias veces.

—No es lo que yo quiero, no. Es lo que quieren ellos. Me lo han pedido a mí, pero creo que deberías ser tú quien decida. —Charlotte contuvo el aliento mientras esperaba. A su llegada a Italia, nunca habría imaginado que Lilly llegaría a significar tanto para ella, y menos en tan poco tiempo.

—¿Tengo que elegir entre la granja y Ben y Sloane? —preguntó ella.

—Entre la granja, Ben y Sloane y… yo —soltó Charlotte, y luego respiró hondo.

—¿Tú? —preguntó Lilly esperanzada mientras se sonaba la nariz y se secaba la cara—. ¿Dónde viviríamos?

—Ese es el tema. Yo no puedo ofrecerte todo lo que ellos pueden. Todavía no. Primero tengo que recuperarme. Y sé que ya has vivido con demasiada incertidumbre. Una parte de mí cree que estarías mejor con Sloane…

—¿Y no con Steve? —interrumpió ella.

—Steve parece muy simpático. Y la granja también suena genial. Pero en realidad no lo conozco. Eso me preocupa, sobre todo porque te quiero y haré todo lo posible por cuidar de ti.

—Pero si me quedo contigo —Lilly pareció aún más desconcertada—, ¿qué pasará con Cliff? Él nunca querría que viviera contigo.

—No.

—¿Así que me eliges a mí en lugar de a él? —Lilly estaba atónita, como si no pudiera comprenderlo del todo.

—Así es, y es la mejor opción para los dos. Lo sé. Te prometo que él no formará parte de nuestro futuro, salvo que me enfrentaré a un divorcio, que no será fácil.

—¿Qué dirán tus padres si… si me llevas a casa?

—Creo que sabes que nos apoyarían, lo cual es bueno, porque tendríamos que vivir con ellos durante un tiempo hasta que pudiera terminar mi libro, encontrar un piso propio y ver si me ofrecen otro contrato editorial. Si no, ni siquiera tendré trabajo.

Sabía que tener a Lilly podía suponer un gran cambio en el matrimonio de Sloane y quería apoyarla por eso, pero Lilly era su hermana, su único pariente consanguíneo, al menos que ella supiera. No podía renunciar a ella tan fácilmente. Charlotte le tomó la mano.

—¿Crees que puedes tomar una decisión tan importante?

Porque no hay una respuesta incorrecta. Nosotros, todos nosotros, solo queremos lo mejor para ti.

Si te vas a la granja con Steve y Old Blue, te visitaré tan a menudo como pueda, o puedes venir a verme.

Lo mismo ocurre con Seattle. —Agarró a Lilly por los hombros —.

Así que estás en un buen lugar. No es que no tengas adónde ir.

Es que hay demasiada gente que te quiere.

—Eso me gusta —admitió Lilly con una leve sonrisa—. Pero no sé qué hacer. No sé quién solo está siendo amable y quién lo dice de verdad.

—Todos lo decimos en serio, o no te lo habríamos ofrecido —aseguró Charlotte—. Pero, como te he dicho, no nos sentiremos mal por lo que decidas, así que no tengas miedo de elegir lo que te haga más feliz.

—¿Cuánto tiempo tengo antes de… antes de tener que decidirme?

Se estaban acercando al final de su estancia. Sería bueno saberlo pronto, para poder hacer planes, pero Charlotte no iba a presionarla. Era una decisión demasiado importante.

—Tienes unos días. Luego lo volveremos a hablar y ya veremos qué hacemos.

— Gracias —dijo Lilly, dándole a Charlotte un abrazo espontáneo.

Charlotte suspiró mientras Lilly entraba en la casa. Habría querido conocer mejor a su madre biológica, sobre todo porque ansiaba tener a alguien a quien admirar.

Pero nada de lo que había encontrado hasta entonces le había servido de ayuda.

Lilly casi no podía creerlo. Había pasado de no tener ningún sitio adónde ir a tener tres opciones, y todas le gustaban. No habría ni hogar ni familia de acogida. Lo difícil sería decidir dónde sería más feliz.

Preferiría quedarse con su hermana, eso lo tenía claro.

Su hermana era su familia y, para alguien que tenía tan poca, la familia lo era todo.

Pero Charlotte era joven, y aunque afirmaba que no le importaba cómo pudiera afectar a su futuro el hecho de acogerla, siempre existía la posibilidad de que cambiara de opinión.

¿Y si encontraba a otra persona, alguien como Cliff, que no estuviera dispuesto a dejar que ella tuviera a otra persona en su vida, especialmente a alguien que necesitara tiempo, atención y un hogar?

Tal vez Steve fuera la apuesta más segura.

Había vivido con él antes y sabía qué esperar.

A él le importaba mucho la rutina, algo que su madre detestaba, lo cual era en parte el motivo por el que no se llevaban bien.

«¿Nunca puedes relajarte?», solía gritarle su madre.

Y él le decía que no iba a dejar que sus animales o su propiedad se quedaran sin los cuidados que necesitaban, aunque el trabajo que hacía no fuera lo suficientemente emocionante para ella.

Y Old Blue estaba allí. Echaba tanto de menos a ese perro que hasta le dolía.

Pero también sentía cierta melancolía al recordar sus días de colegio en Iowa y temía sentirse sola en el rancho.

Steve había sido el hombre más decente con el que había salido su madre, pero ¿y si no era tan decente como ella creía?

¿Y si era como Walter y se volvía raro al cabo de un tiempo?

No tenía ni idea de cómo cambiaría él a medida que ella fuera haciéndose mayor.

¿Podría confiar en él, ella, que parecía incapaz de confiar en nadie?

Luego estaban Sloane y Ben. Ambos parecían simpáticos. Pero ¿no se sentiría un poco como una invitada en su casa? Nunca había estado en Seattle. Estaba harta de mudarse de un sitio a otro, harta de intentar familiarizarse con un lugar tras otro.

Lo cual la llevaba de vuelta a Steve, que, al menos, era conocido. ¿Qué debía hacer? ¿Y si tomaba la decisión equivocada? Su madre ya no estaba allí para obligarla a decantarse por una opción.

La decisión era totalmente suya, y no quería estropearlo todo.

—¿Sloane quiere quedarse con Lilly?

Charlotte percibía la sorpresa en la voz de Julian. Acababan de hacer el amor y estaban tumbados en la cama, rodeados por el silencio de la casa. Afuera cantaba una sola cigarra y, dentro, el aire desprendía un ligero aroma a lino y sándalo, procedente del jabón que habían compartido en la ducha.

—¿No te ha dicho nada?

—No, nada —respondió él— . Pero he estado manteniendo las distancias. Me da miedo que se dé cuenta de que hay algo entre nosotros si alguna vez se fija de verdad en mí.

—Me sorprende que aún no nos hayan descubierto. —Charlotte soltó una risita.

—Todo el mundo está absorto en sus propios pensamientos y decisiones. Acoger a una niña es un gran paso para Sloane.

—Sería bueno para ella y para Ben. Sinceramente, creo que también sería bueno para Lilly. Pero…

—¿Pero? —la instó a seguir él mientras le acariciaba el brazo desnudo con los dedos.

—He decidido que quiero que se quede conmigo.

—¿Cuándo lo decidiste? —Julian se giró para poder ver su rostro a la luz de la luna que se colaba por las puertas de la terraza, abiertas para dejar entrar la fresca brisa del mar.

— Creo que supe que lo haría desde el principio, que nunca podría dejarla marchar. Pero estaba abrumada por lo que yo misma estaba pasando, y porque sabía que Cliff no estaría contento si la llevaba a casa mientras estuviera casada con él, lo que me hizo dudar en ofrecérselo antes.

—¿De verdad estás dispuesta a criar a una adolescente?