Capítulo 26 #2
Contra todo pronóstico, había conseguido terminar los capítulos de muestra y enviárselos a su editora.
Se había sentido absolutamente eufórica tras pulsar Enviar y, gracias a su pacto de no enamorarse de Julian, estaba más emocionada de lo que probablemente debería estar por pasar más tiempo con él.
En ese momento, sin embargo, le preocupaba haberse equivocado sobre la relación de Ben con su nueva compañera de trabajo, y que esa fuera la razón por la que Sloane se mostraba tan inquieta y nerviosa.
—No me digas que se trata de Ben.
—En realidad, no. Quiero decir…, está implicado, pero…
—No estará teniendo una aventura… —quiso saber Charlotte.
El olor a pan recién hecho y café expreso aún perduraba del desayuno, y la luz del sol se acumulaba sobre el suelo de baldosas.
—No.
—Gracias a Dios.
Aliviada, Charlotte se llevó una mano al corazón.
Pero un instante después, otro pensamiento la asaltó.
¿Sabía Sloane lo que estaba pasando entre Julian y ella?
¿Podría tratarse de eso? Contuvo la respiración durante varios latidos mientras esperaba a oír de qué se trataba, pero, aun así, Sloane logró sorprenderla.
—Es Lilly.
¿Se le había pasado por alto algo que debería haber notado en su hermana por estar demasiado absorta en su trabajo y en Julian?
Últimamente, Charlotte había delegado gran parte del cuidado de Lilly en Sloane.
Le había parecido lo más natural, ya que ella tenía que trabajar y Sloane estaba disponible.
—¿Qué le pasa?
—Nada. Yo diría que cada día está más feliz, más contenta, ¿no te parece?
—Sí —asintió Charlotte. Estaba realmente perdida en cuanto al rumbo que estaba tomando la conversación—. ¿Y qué pasa?
—He hablado con Ben, Charlotte. —Sloane se levantó del sofá—. Nos gustaría llevarnos a Lilly.
—¿Llevaros a Lilly? —Charlotte parpadeó, sorprendida—. ¿Llevárosla adónde?
—Que venga a vivir con nosotros, que terminemos de criarla.
—¿Estás bromeando? —Charlotte se levantó de un salto—. ¿A qué viene esto? Tú… tú no quieres tener hijos. Siempre has sido muy firme en eso.
—No quería. No quiero —aclaró ella—. No tenerlos yo. Al menos, eso creo. Quizá eso cambie en los próximos años. Nunca me imaginé haciendo esto. Pero estar con Lilly, conocerla, me ha hecho ver las cosas de otra manera.
—Estoy sorprendida. —Charlotte no sabía qué decir—. ¿De dónde ha salido esto?
—La verdad, no lo sé. —Sloane sacudió la cabeza mientras levantaba las manos—. Es solo que… me preocupo mucho por ella.
—Sé que es así. Eres increíblemente buena con ella. Pero no puedes hablar en serio cuando dices eso de… de asumir su custodia legal.
—Lo digo en serio. Ben y yo haríamos todo lo posible para ser unos padres estupendos.
—No tienes que convencerme de eso —aseguró Charlotte—. Sé que seríais unos padres estupendos. Es solo que…
—¿Qué? —Sloane la miró con más atención.
—Creo que quiero criarla yo misma.
—¿Desde cuándo?
Después de conocer a Lilly, Charlotte ya no podía imaginar su vida sin ella.
Habían ido de compras juntas, se habían pintado las uñas juntas, habían disfrutado de la playa, de hacer turismo y de la buena comida de Italia.
Hablaban con Don y Penny a menudo y se reían juntas en el jacuzzi .
Día tras día le resultaba más natural, más real, tener una hermana.
Y una hermana era para siempre. Aunque Sloane probablemente había pasado más tiempo con Lilly porque ella tenía que escribir, había algo en su relación que las convertía en compañeras naturales.
—Desde que llegué aquí y la conocí, igual que tú. Soy la única familia que tiene.
—No hace falta estar emparentados para ser familia.
—Estoy de acuerdo. No quise decir eso…
—Y creo que Ben y yo estamos en mejores condiciones para acoger a una niña ahora mismo. Ya tenemos un hogar para ella. Tendría una madre y un padre. Ya sabes lo maravilloso que sería Ben con ella. Estamos establecidos, y listos para el siguiente capítulo de nuestras vidas.
Mientras tanto, Charlotte estaba pasando por un divorcio, tenía un libro que terminar y vivía con sus padres. Veía lo práctico que era, pero aun así…
—¿Estás pensando que esto podría salvar tu matrimonio, Sloane?
—Creo que sería bueno para nosotros —contestó Sloane un poco reacia a ir por ese lado.
—Pero Seattle está tan lejos… —¿Cómo iba Charlotte a negárselo?
—Iremos a visitarte a menudo, y tú serás bienvenida a visitarnos cuando quieras. De todos modos, me encantaría verte más a menudo. —Sloane bajó las manos—. Y Seattle no está más lejos que Cherokee, Iowa, y sin embargo le dijiste que podía vivir con Steve si eso era lo que quería.
—Eso lo dije antes, cuando… cuando… Eso fue antes —balbuceó Charlotte.
—Solo digo que nos encantaría tenerla con nosotros.
Charlotte volvió a dejarse caer en el sofá. Al principio, no había nadie que quisiera quedarse con Lilly. De repente todo el mundo la quería. ¿Cuál sería la mejor opción? Y si renunciaba a ella, ¿sería capaz de vivir con esa decisión?
—Necesito tiempo para acostumbrarme a la idea —contestó Charlotte.
—Lo entiendo. Por eso lo he sacado a colación ahora.
—Y Lilly ya tiene la edad suficiente para… Creo que deberíamos dejar que decida ella.
Sloane se acercó y se sentó a su lado.
—Sé que serías una buena madre para ella —continuó Charlotte en voz baja.
—Y sé que te costaría mucho renunciar a ella —respondió Sloane, con la misma suavidad, tomándole la mano a su amiga—. Pero que todos la queramos solo puede ser algo bueno.
Siempre y cuando tuvieran siempre presente lo que fuera mejor para ella. Eso era lo que tenía que hacer en ese momento, comprendió Charlotte.
Pero esa decisión no iba a ser más fácil que las otras que había tenido que tomar.
Era su aniversario. O lo habría sido. Teniendo en cuenta todo lo que había pasado últimamente, le resultaba extraño pensar que ese día habría marcado el cuarto año de su matrimonio.
Charlotte se dio la vuelta en la cama y buscó su teléfono, preguntándose si Cliff se habría acordado del significado de ese día.
Era muy tarde donde él estaba, pero era un ave nocturna, así que no le sorprendió encontrar una nueva ristra de llamadas y mensajes de él.
Se había acordado y le decía lo mucho que aún la quería y que estaba deseando que pudieran celebrarlo juntos.
No entendía por qué él no se rendía. No tenían ninguna posibilidad de resucitar su matrimonio, ella ya lo había decidido antes de empezar a acostarse con Julian.
Decidió que no iba a responder. Al menos, de momento.
Tenía que ponerse con el manuscrito, como todos los días.
Pero estaba tan nerviosa por la reacción de su editora ante lo que ya había entregado que no podía seguir escribiendo, no sin alguna palabra de Megan que le indicara que iba por buen camino.
Sabía que su editora leería lo que había enviado de inmediato, estaba demasiado ansiosa por tenerlo en sus manos como para posponerlo. Pero eso le llevaría un día o dos.
Hasta que tuviera noticias, iba a centrar su atención en otras cosas, como revisar las pertenencias de su madre biológica y superar por fin ese obstáculo.