Capítulo 23
Julian esperó antes de volver a casa para estar seguro de que Charlotte estaría acostada.
Normalmente, ella no se quedaba despierta hasta tarde, ya que le resultaba muy difícil escribir a la mañana siguiente.
Por eso se sorprendió al llegar y ver que el resto de la casa estaba en silencio y a oscuras, pero ella estaba sentada a la mesa del porche con su ordenador.
—¿Estás escribiendo? —le preguntó.
El mar susurraba rítmicamente mientras ella cerraba el portátil y sacudía la cabeza.
—Entonces…, ¿qué pasa? ¿Por qué estás aquí sola?
—Te estaba esperando.
Él sintió un nudo en el estómago. Había planeado pasar de puntillas durante el resto del viaje, hasta que pudiera volver a su vida normal, fuera cual fuera, mientras se enfrentaba a una enfermedad degenerativa.
No quería interponerse en su camino ni empeorar las cosas para ella.
Pero se dio cuenta de que Charlotte no iba a dejarlo escapar tan fácilmente.
—¿Para qué?
—Sloane y yo hemos discutido esta noche.
Ocurría de vez en cuando. Sloane era una persona apasionada y animada. Charlotte solía ser un poco más sensata, pero se había mantenido firme, especialmente cuando Sloane se pasó de la raya.
—¿Sobre qué?
— Le dije que pensaba que estaba loca por siquiera plantearse dejar a Ben. Y ella me dijo que Cliff era un completo imbécil y que yo sería una estúpida idiota si volvía con él.
Julian quería decirle que ambas cosas eran ciertas. Pero se mordió la lengua.
—No te he oído —lo apremió Charlotte.
—No he dicho nada. —Él extendió las manos.
—Exacto. Si fueras el Julian que conozco, habrías dicho algo. Tenías mucho que decir la noche que me sacaste de la cama para ir a cenar justo después de que Cliff me dejara.
Eso había sido antes de darse cuenta de que sus sentimientos habían cambiado.
—Sí, bueno, no he cambiado de opinión sobre Cliff. Creo que ya lo sabes. Y parece que ahora vuelves a estar en pie.
—¿Ah, sí? —Ella se levantó de un salto—. Porque yo me siento como si me estuviera ahogando, Jules. Y tú simplemente… desapareciste. ¿Es por ese beso? ¿Por un beso? ¿En serio? Dios, ¿tan terrible fue?
No había sido terrible en absoluto. Había sido revelador, demasiado revelador.
Había sido como si su infancia los hubiera preparado para una vida de amor y felicidad, excepto por la parte en la que ella no lo querría porque él estaba a punto de derrumbarse.
Incluso si ella lo quisiera, él odiaría que se conformara con menos de lo que se merecía.
—El beso no tuvo nada que ver. —Aparte de demostrarse a sí mismo lo que se estaba perdiendo. Como si le hiciera falta.
—No te creo. Ni siquiera has querido mirarme desde entonces. No lo habría hecho si hubiera sabido cómo ibas a reaccionar. Lo siento.
—No te disculpes —contestó él con brusquedad—. No fue solo culpa tuya. Los dos lo sabemos.
—Entonces, ¿por qué me evitas? —Ella se acercó, mirándolo con expresión confusa y dolida—. ¿Qué he hecho? ¿Un beso me convierte en venenosa?
La decepción que había estado sintiendo Julian desde su diagnóstico lo apuñaló aún más profundamente de lo habitual.
—Estoy tratando de mantenerme alejado de ti, ¿satisfecha?
—¿Por qué? —Ella parpadeó perpleja—. ¡Eso es lo que estoy tratando de averiguar!
—¡Porque te deseo demasiado, maldita sea! —confesó él, agarrando el respaldo de la silla hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
Había hablado de más, pero había vuelto a beber y había perdido su habitual moderación.
Después de fotografiar el puerto y la vida cotidiana en Sorrento, tomó el autobús de vuelta a Praiano.
Mientras esperaba a que todos se acostaran en la villa —para evitar encontrarse de nuevo con Charlotte—, no se le ocurrió nada mejor que relajarse con una cerveza. Y luego otra. Y otra más.
—Ese no puede ser el problema. —Lo miró boquiabierta—. Tú… tú me ves como una hermana o algo así. Cuando te besé, te dio asco y ahora ni siquiera me miras.
—Ojalá fuera así —murmuró él, demasiado bajo para que ella lo oyera.
—¿Qué has dicho? —Charlotte se acercó, desafiándolo.
—Nada. —Julian retrocedió. Aquello no iba a ninguna parte.
—Disfruté con ese beso. Quería más, pero tú no estabas interesado.
—Estabas sopesando volver con tu marido, ¿recuerdas? —Era una excusa, algo que no le daba tanto miedo como la verdad. Pero al menos ella encontraría creíble su respuesta.
—Entonces, ¿no me ves como a una hermana?
Al parecer, él había ocultado mejor de lo que pensaba la atracción que sentía por ella.
—Mira, he bebido demasiado. Otra vez. —El sabor de la cerveza aún permanecía en su lengua—. Y estoy cansado. Me voy a la cama antes de… Me voy a la cama —concluyó, interrumpiendo la frase anterior para no meterse en más problemas.
—Julian…
Él se dijo a sí mismo que ignorara la súplica en su voz y entrara en la casa. Pero ella le importaba demasiado. Y se dio la vuelta.
—¿No crees…? ¿No crees que tú y yo alguna vez podríamos… que alguna vez…, ya sabes, tener la oportunidad de algo más que… lo que hemos tenido en el pasado?
Se notaba que le había costado mucho hacerle esa pregunta.
Llevaban tanto tiempo definiendo su relación como «amistad», que le resultaba difícil dar el siguiente paso y estar segura de ello.
Pero el hecho de que ella pareciera interesada en él románticamente era tan abrumador como notable.
Julian nunca había imaginado que ella pudiera pensar en ellos juntos, sobre todo mientras seguía intentando romper con Cliff.
Pero mucha gente luchaba por saber a quién y qué querían realmente cuando estaban en una relación de rebote, se recordó a sí mismo.
—Quizás si las circunstancias fueran diferentes —contestó él—. Pero no lo son.
Sloane había intentado llamar a Ben la noche anterior, varias veces, pero no había podido localizarlo, lo que le pareció un poco extraño.
Normalmente respondía enseguida. Como no sabía nada de él, había dado vueltas en la cama, imaginando que estaba pasando el rato con su nueva compañera de trabajo, cortando el césped de su jardín, arreglando un grifo que goteaba o enseñando a su hijo a jugar a la pelota.
Era típico de él ofrecer su ayuda. No le veía sentido a quedarse solo en casa.
Desde que ella se había ido, él había asistido a una noche de trivial con sus amigos, había jugado su partido semanal de la liga de sóftbol y había visitado un bar deportivo un par de veces para ver los playoffs de baloncesto, y a ella no le importaba.
Él también tenía derecho a divertirse. Simplemente no quería que esa diversión incluyera a Adele, no cuando sentía que su matrimonio era tan frágil.
Cuando por fin se quedó dormida, lo hizo como un tronco. Despertó varias horas más tarde, cuando el sol se coló por las rendijas de las contraventanas a la mañana siguiente.
—¡Mierda! —exclamó mientras todas sus preocupaciones, y el recuerdo de su discusión con Charlotte, le caían encima.
Buscó a tientas su teléfono. No lo había soltado ni siquiera para cargarlo, así que había desaparecido entre las sábanas.
Lo encontró debajo de una de las almohadas. Había varios mensajes de Ben. Pero ninguna llamada perdida. Eso le pareció significativo y le dio la impresión de que él no estaba demasiado ansioso por hablar con ella.
Ben: ¿Qué pasa?
Sloane: ¿Va todo bien?
Ben: Siento no haber podido responder. Estaba jugando al póquer en casa de Tony.
Tony era un compañero de trabajo. Dirigía la tienda en la que la farmacia tenía un local alquilado.
Ben salía con él de vez en cuando. A ambos les gustaba el ciclismo de montaña.
Pero el hecho de que Tony también estuviera relacionado con la farmacia hizo que Sloane se preguntara si otros compañeros de trabajo habían sido invitados, como Adele.
¿También estaba la chica nueva?
Mantuvo las palabras en la pantalla durante tres segundos y luego las borró. No quería parecer una arpía celosa, aunque en ese momento lo era.
Llamaron a la puerta.
—¡Ya estoy despierta! —gritó.
—Buenos días. —Charlotte entró con expresión avergonzada.
—Buenos días. —Sloane se incorporó y se peinó con los dedos el cabello enmarañado, sintiéndose arrepentida por cómo se había comportado la noche anterior.
—Solo quería decir… lo siento.
—Yo también —murmuró Sloane mientras dejaba el teléfono en la mesita de noche—. Estaba… alterada. Estás pasando por muchas cosas y debería haberlo tenido en cuenta.
—Hemos reaccionado exageradamente. Las dos estamos pasando por dificultades y tenemos que tomar decisiones difíciles.
—¿Quién podría haber imaginado que nuestras vidas llegarían a un punto de inflexión así? Quizás las dos acabemos solteras —añadió Sloane con una risa amarga.
Supuso que Charlotte haría algún comentario ingenioso sobre convertirse en compañeras de piso y envejecer juntas. Algo con un sentimiento parecido a «al menos nos tenemos la una a la otra». Pero no lo hizo. Se puso aún más seria y reflexiva.
—La cuestión es esta, Sloane. No creo que tengas por qué acabar soltera.
Porque Ben era un marido estupendo. Pero siempre lo había sido. Eso no resolvía el problema de si ella quería tener hijos.
—¿Estás diciendo que tú sí piensas poner fin a tu matrimonio? —le interesaba la respuesta de Charlotte, pero también quería desviar la atención de sí misma.
—Sí. —Charlotte cruzó la habitación, abrió las contraventanas y se quedó de pie bajo un charco de sol mientras miraba por la ventana.
—¿Lo dices en serio esta vez? —Sloane había percibido en la voz de Charlotte un tono de compromiso que antes no había—. ¿En serio? —insistió cuando Charlotte no respondió de inmediato.
—Sí. Soltarlo todo de golpe fue un gran paso. Han pasado muchas cosas en poco tiempo, así que me ha costado un poco recuperarme. Pero ya estoy lista.
—No le necesitas, Char. —Sloane se levantó y se acercó —. Nos tienes a nosotros.
—Te lo agradezco. —Sonrió—. Entonces, ¿tú qué vas a hacer?
—No lo sé. —Sloane desearía poder decir que también había tomado una decisión, pero no era así.