Noches de sal CAPÍTULO 28.
54%

CAPÍTULO 28.

La respuesta llegó demasiado rápido.

No existía orden de conservación porque no había procedimiento abierto contra Horizonte. Dos días después de la consulta de Retana, una furgoneta retiró cajas del edificio.

Isaac la fotografió.

Martín pidió formalmente que se verificara la documentación por su posible relación con el caso Duarte. La solicitud quedó «pendiente de valoración».

Esa noche, alguien rompió una ventana trasera de Horizonte.

Retana recibió una fotografía anónima en un correo creado minutos antes.

Mostraba una puerta de sótano.

Debajo, una frase.

SI QUIERES MEMORIA, BAJA.

— Es una trampa —dijo Martín.

—Sí.

—No puedes entrar.

—También.

—Entonces no entres.

Retana guardó el teléfono.

—La vida sería más sencilla si una conclusión siguiera

siempre a la premisa.

No fue solo.

Isaac se quedó en el coche con una cámara y una copia

de toda la documentación. Martín, pese a protestar, entró con Retana. Ninguno llevaba uniforme.

La ventana trasera ya estaba abierta.

Dentro olía a humedad y desinfectante.

Las plantas superiores habían sido vaciadas con método. Ordenadores fuera. Armarios abiertos. Papeleras limpias. Sin embargo, en el sótano encontraron una puerta cerrada con una cadena vieja.

Martín la examinó.

—La han dejado para nosotros.

—Claro.

—Eso no te molesta.

—Me molesta mucho. Pero sigue siendo una puerta.

La cadena cedió con una palanca encontrada en un cuarto técnico.

Dentro había estanterías metálicas, carpetas y una pared cubierta de fotografías.

Mujeres.

Niñas.

Adolescentes.

Algunas imágenes llevaban un código. Otras un símbolo. En el centro, un círculo de hilo rojo unía dos fotografías.

Elena Duarte, con diecisiete años.

Sara Duarte, con doce.

Debajo, escrito a mano:

PROTOCOLO DE ESCISIÓN

SUJETOS CONSCIENTES Y CICATRIZADOS PROYECTO ALBA

DR. G. S. CARDONA

Martín se quedó inmóvil.

—Dios.

Retana no respondió.

Abrió la primera carpeta.

Había diarios clínicos que describían

recreación de trauma, ejercicios de responsabilidad y «simulaciones de castigo justo». En una ficha, Sara aparecía como S-3, nombre operativo: SIBILA.

«Capacidad simbólica elevada. Tendencia a la idealización del castigo como restauración de orden.»

sesiones de atribución de En otra carpeta encontraron cartas firmadas por Elena. Martín leyó una en voz baja.

—«Si yo decido quién tiene la culpa, puedo evitar que

vuelva a pasar».

Miró a Retana.

—Ella no recordaba esto.

—Eso parece.

—¿La manipularon?

—No conviertas una frase en una absolución. Martín se volvió, furioso.

—¿Absolución? Era una adolescente.

—Entonces era una adolescente. Después fue una adulta

y tomó decisiones propias. Las dos cosas pueden ser verdad.

El silencio quedó suspendido entre ellos.

Retana señaló una caja.

Dentro había un listado de nombres. Algunos estaban tachados. Otros marcados como «activos». Junto a cada uno aparecía la espiral.

—Esto no es la lista de Elena —dijo Martín.

—No.

—Es anterior.

—Sí.

En la última estantería había cuarenta y nueve casetes numerados.

S-1 a S-49.

Isaac llamó desde el coche.

—Tenéis movimiento. Dos vehículos entrando por el norte.

Retana fotografió rápidamente los lomos de las carpetas.

—Nos vamos.

Martín tomó una caja.

—No podemos dejar esto.

—Si sales cargando documentos robados, cualquier investigación posterior se contamina. Fotografía. No retires originales.

—¿Y si los destruyen?

Retana miró la pared de rostros.

—Entonces alguien quiso que viéramos lo suficiente para saber qué buscar en otro sitio.

Salieron por la ventana trasera antes de que los vehículos llegaran.

Desde el coche de Isaac vieron entrar a tres personas con ropa de seguridad privada.

Ninguna llamó a la policía por la ventana rota.

Isaac arrancó.

—¿Qué habéis encontrado?

Retana miró las fotografías en su cámara.

—Una doctrina.

—¿Qué?

—Pensábamos que investigábamos asesinatos.

Miró a Martín.

—Pero esto empezó como una idea.

Y las ideas, sabía Retana, eran mucho más difíciles de detener que una persona.