19. ¿Estoy en una película de terror?
¿ESTOY EN UNA PELÍCULA DE TERROR?
—¡Guao! —Teddy saltó sobre una ola y yo empecé a resbalarme de su lomo. Aterrizamos con un estallido de agua y la ola me pasó por encima.
Me enderecé sobre su espalda y lo rodeé con más fuerza por la cintura.
Un cardumen de peces largos y plateados pasó nadando. Se retorcían conforme avanzaban, eran tan densos como una alfombra. No le tenían miedo a Teddy, pues nadaban justo a sus costados.
Apoyé la cara contra el lomo del delfín. Cuando los peces se alejaron, levanté la cabeza y miré hacia donde nadaba Teddy.
La luz se había vuelto morada mientras el sol se hundía en el horizonte. Pero... ¿qué era eso que veía allá adelante?
¿Aquello era tierra? ¿Arena con árboles bajos detrás? ¿Alguna especie de playa?
¿Teddy me estaba llevando a una isla?
El corazón me empezó a latir a mil por hora y sentí que la emoción me recorría todo el cuerpo.
¡Salvada!
Iba a sobrevivir. El delfín me había rescatado otra vez.
Mantuve la cabeza en alto, con la vista fija al frente mientras la arena y los árboles se volvían más nítidos.
Abrí la boca para gritar de alegría. Pero se me quedó abierta por la impresión, sin que lograra emitir sonido alguno, cuando un enorme muro negro se levantó frente a mí. No. Una criatura. ¡Una criatura tan ancha como una casa! Salió disparada desde las profundidades del océano.
Un largo chillido escapó de las mandíbulas abiertas del delfín. Se empinó por completo.
Mis manos empezaron a resbalar. Intenté sujetarme con más fuerza, pero no pude. Me caí del lomo de Teddy hacia el agua.
Teddy volvió a chillar aterrorizado.
Salí a flote a la superficie y me quedé mirando a la criatura con horror.
Parecía salida de una película de monstruos.
Su inmenso cuerpo negro, redondo como una cebolla, se elevaba muy por encima de mí.
Brillante, palpitando como un corazón humano, hinchándose y encogiéndose.
La sombra de la criatura barrió el océano como el anochecer.
Seis gruesos tentáculos de pulpo salieron disparados de su cuerpo, agitándose frente a mí. Burlándose de mí.
¿Sin cabeza?
¿El monstruo no tenía cabeza?
Solo un cuerpo enorme y palpitante tan ancho como una montaña. Con los tentáculos de pulpo moviéndose sobre el agua, moviéndose salvajemente, estirándose en todas direcciones.
—¡NOOOOOOO! —por fin recuperé la voz.
¿Dónde estaba su cabeza? ¿Bajo el agua?
¿Estaba a punto de levantarla? ¿De abrir unas mandíbulas de monstruo descomunales?
Era más grande que cualquier ballena. ¡Lo bastante grande como para tragarme entera!
—¡Teddy! —grité y traté de alcanzarlo.
Pero el delfín dio media vuelta, arqueó el lomo y movió su poderosa cola rápidamente para escapar a toda velocidad.
—¡Teddy! ¡Vuelve!
Silbando con un pánico agudo, se deslizó por el agua, alejándose a toda prisa sin voltear a mirarme ni una sola vez. Y desapareció entre las olas moradas.
Me giré de nuevo hacia el monstruo que avanzaba.
Los seis tentáculos se extendían ahora en una sola dirección. Hacia mí.
Nadando desesperadamente para mantenerme a flote, alcé la vista hacia él; tan alto, tan ancho... acercándose más... y más.
En unos segundos, me atraparía. O pasaría rodando encima de mí y me aplastaría.
¿Podía salvarme algo ahora?
No.
Me di la vuelta e intenté nadar. Di patadas fuertes y braceé con todas mis fuerzas.
Pero no podía luchar contra la corriente. Las olas me llevaban de vuelta hacia el monstruo.
—¡AAAAAIII! —grité cuando un tentáculo duro chocó contra mi hombro. Otro tentáculo se me enredó en el cuello.
Vi pinzas como de cangrejo en los extremos de los tentáculos. Se abrían y cerraban de golpe mientras los tentáculos me atraían.
Me retorcí y luché, pero era demasiado fuerte. Los tentáculos me envolvieron. Y luego las pinzas se cerraron sobre mis brazos y piernas.
La criatura me levantó muy alto... muy por encima de su cuerpo.
No podía moverme. No podía respirar.
¿Qué puedes hacer al final? ¿Al final de tu historia?
Decir adiós, supongo.
Adiós a todos.
Lamento no haber podido llegar a la Noche de Tiburones.