18. ¿A dónde me lleva?
¿A DÓNDE ME LLEVA?
Tal vez debí haberlo pensado dos veces antes de saltar.
Pero no dejaba de imaginarme a un montón de tiburones hambrientos destrozando esa jaula para llegar a su almuerzo. O sea, yo.
Sí, probablemente sería la gran sensación de la Noche de Tiburones. Y claro, definitivamente me haría famoso... como el primer niño en morir para el programa.
Pero yo nunca quise ser famoso. Y nunca planeé estar en la Noche de Tiburones. Se suponía que ese sería el tal Swan. Y si yo no le hubiera roto el tobillo, ahora estaría en la playa junto a mi mamá, viendo cómo graban el programa.
Observando . No sangrando dentro de una jaula de metal. O luchando contra las olas del océano sin nadie en kilómetros a la redonda.
Dejé de nadar y me di la vuelta para ver cómo el bote se alejaba. Sully y Ernie estaban apoyados en el barandal, mirando desde la cubierta. No me estaban saludando ni llamándome para que regresara.
Alguien debe estar buscándome , me dije a mí mismo.
Mamá debe haber enviado a muchísima gente para rescatarme.
Pero... ¿dónde están?
Giré sobre mi propio eje, buscando en todas partes.
No había botes. Ni barcos de rescate.
Un sollozo escapó de mi garganta.
¿En qué estaba pensando?
¿Por qué no conté al menos hasta diez antes de saltar del bote?
—¡Hey! —solté un grito cuando algo me golpeó con fuerza por detrás. Tragué agua y empecé a toser.
Otro golpe. Esta vez más suave.
Me di la vuelta y miré al delfín. Nadaba a mi alrededor en un círculo pequeño.
—¿Teddy? ¿Vas a rescatarme? —pregunté con voz ronca. Todavía estaba tosiendo por el agua que había tragado.
Teddy hizo sonidos de delfín, como si me estuviera respondiendo.
Avancé hacia él y comencé a rodearlo con los brazos, pero entonces me detuve.
Si me subía a él, ¿me llevaría directo de regreso con esos tipos en el bote?
Miré a mi alrededor. Nada más que olas oscuras del océano por kilómetros.
No tengo otra opción , decidí.
Me subí a él. Se deslizó bajo el agua y luego volvió a subir.
Se quedó flotando en el lugar por un momento. Luego arrancó y nadó a través de las olas. Se movía rápido, en línea recta, avanzando hacia el sol que se ponía por el oeste.
No hacia el bote. Pero tampoco hacia la playa. Me di cuenta con un escalofrío de que nos alejábamos de la playa. Teddy parecía estar siguiendo un rayo de luz solar roja en el agua.
—Teddy, ¿a dónde vamos? —le pregunté, como si esperara que me respondiera. Sujeté al delfín con fuerza. Sentía cómo el pánico me tensaba los músculos.
—Teddy, ¿a dónde me llevas?