Noche de Tiburones 6. Algo malo tras la ventana
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6. Algo malo tras la ventana

ALGO MALO TRAS LA VENTANA

—¿ Tú puedes hacer esto? —preguntó mi hermana, Rosa.

Entró de golpe en mi cuarto. Levantó ambas manos por encima de su cabeza. Y dio una doble voltereta lateral a través de la habitación, aterrizando en mi cama.

—No. No puedo hacer eso —le dijo mi amigo Morgan—. ¿Para qué querría hacerlo?

Morgan se parece mucho a mí. No le gusta hacer muchas cosas diferentes. Quizá por eso somos buenos amigos.

—Bueno, ¿y puedes hacer esto? —dijo Rosa. Se dejó caer al suelo de espaldas y se dobló las piernas completamente por detrás. Parecía una especie de cangrejo de esos que ves en la playa.

Soltó una risita. —¿Y bien, Morgan? ¿Puedes hacer esto?

Morgan negó con la cabeza—. Rosa, ¿eres de goma o qué?

Ella se incorporó—. También puedo pararme de cabeza. ¿Quieren ver?

—Rosa, danos un respiro —le dije—. ¿No ves que estamos jugando Fortnite?

—¿Y? —respondió ella.

—¿Y por qué estás aquí presumiendo frente a Morgan cuando estamos tratando de jugar?

Puso cara de pocos amigos. —No estoy presumiendo —dijo—. Es solo que yo puedo hacer cosas que tú no.

Rosa tiene ocho años y sabe que es linda. Pero no sé por qué siempre está presumiendo frente a Morgan. Es demasiado pequeña para estar enamorada de él, ¿verdad?

Pero si lo está, ¿por qué cree que las piruetas y volteretas son la forma de impresionarlo?

Morgan agitó el control en su mano—. ¿Podemos empezar la siguiente ronda? Tengo que irme pronto a casa.

Rosa se quedó parada bloqueando la pantalla de la televisión—. Liam, mamá dijo que puedes llevarme a patinar mañana por la tarde —dijo.

—¿Eh? —exclamé—. ¿Mamá dijo qué ? No quiero llevarte a patinar. Siempre traes a tus amigas y tengo que estar a cargo de todas, y son demasiado alborotadas.

Ella sonrió—. Tienes que hacerlo. Le dije a mamá que fue idea tuya.

—¡Pero si odio patinar! —dije—. Y eso no es cierto. No fue mi idea. ¡Eso es mentira!

—Lo sé —dijo Rosa—. Pero mamá se lo creyó. Así que tienes que hacerlo.

Mi hermana está en tercer grado y no creo que haya aprendido todavía sobre el acoso escolar. Porque, aceptémoslo: Rosa es una mandona con todas las letras.

Siempre le dice a mamá que yo quiero hacer cosas que en realidad no quiero. Me obliga a llevarla a lugares y le dice a mamá que yo quise hacerlo. Me ofrece de voluntario para hacer tareas y ayudar en la casa mientras ella mira y se ríe.

—Si te caes cuando estés patinando, puedes romperte ambos tobillos —dijo Morgan.

¿Ven? Él piensa igual que yo.

Rosa lo miró con desprecio—. ¿Por qué me caería?

Miró por la ventana de mi cuarto. Sus ojos se abrieron de par en par. —¡Oh, no! ¡Vaya! —exclamó—. ¡Oh, otra vez no! ¡Eso es malo!

Me agarró de la mano—. Vamos. ¡Rápido! ¡Tenemos que salir allá fuera!

¿Qué tiene que ver todo esto con el tanque de tiburones?

Esperen... Ya verán.