No Todo Es Real CAPÍTULO CATORCE
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CAPÍTULO CATORCE

El fin de semana había sido casi perfecto.

El sábado, James y Alicia pasearon por el Parc Güell, dejándose llevar por sus caminos y jardines.

Desde las terrazas, Barcelona se extendía hasta el mar bajo un cielo de verano ligeramente brumoso. De pie junto a James, Alicia se sintió extrañamente pequeña y tremendamente afortunada.

Después pararon cerca de la Sagrada Família para tomar unas tapas y volvieron a casa antes de que anocheciera.

El domingo llevaron a Theo a comer cerca de la playa y compartieron una paella en uno de los chiringuitos.

Este es el fin de semana perfecto , pensó Alicia.

Por esto había sido una buena decisión volver a Barcelona.

El lunes amaneció con lluvia.

No la suficiente para refrescar la ciudad.

James se marchó temprano, con la maleta ya preparada.

Esta vez, Bruselas.

Después Londres.

No volvería hasta el jueves.

La mañana pasó rápido.

Laura.

Martina.

Una pareja nueva que empezaba terapia.

Papeleo.

Café.

Correos.

La vida recuperó su ritmo habitual.

A mediodía, Alicia se descubrió mirando el reloj.

Y enseguida frunció el ceño.

Otra vez.

Alejandro.

Doce y media.

Aquella semana había pasado la cita al lunes.

Cerró el expediente que estaba leyendo.

Respiró despacio.

Después abrió las notas de la sesión anterior.

Nada extraño.

Nada que justificara aquella ligera expectación.

La sensación le desagradó al instante.

A las doce y media en punto llamaron a la puerta.

—Adelante.

Alejandro entró sonriendo.

—He estado a punto de disculparme por llegar puntual.

—Eso ya lo has hecho antes.

—Lo sé.

Se rio.

—Esperaba que lo hubieras olvidado.

—No suelo olvidar.

—Ya me he dado cuenta.

Entre ellos empezaba a haber cierta facilidad.

No familiaridad.

Todavía no.

Solo esa comodidad que aparece después de varias conversaciones.

Facilitaba el trabajo.

Y, al mismo tiempo, hacía que Alicia se sintiera ligeramente incómoda.

La sesión se centró en el trabajo de Alejandro.

En lo difícil que le resultaba mantenerse motivado a veces.

—¿Pero no te gusta lo que haces?

—A veces.

—¿Y qué haces cuando no?

Alejandro sonrió.

—Lo de siempre. Fingir que sí.

—¿Qué pasaría si dejaras de fingir?

Alejandro se tomó unos segundos antes de responder.

—Quizá decepcionaría a algunas personas.

—¿A quién?

Sonrió.

—Ya estás otra vez.

—¿Qué?

—Escuchas la frase que hay detrás de la frase.

Alicia sonrió educadamente.

—Es mi trabajo.

Alejandro negó con la cabeza.

—No creo que sea solo eso.

Durante un breve instante, ninguno de los dos habló.

Alicia tomó una nota.

No porque la necesitara.

Porque escribir le daba una excusa para apartar la mirada.

Hacia el final de la sesión, Alejandro se levantó.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Puedes.

—¿Alguna vez dejas de hacerlo?

Alicia levantó la vista.

—¿El qué?

—Analizar.

Una leve sonrisa.

—Fijarte en todo.

Alicia se lo pensó.

—A veces.

—No te creo.

Ella se rio.

—Eso es porque solo me has visto dentro de esta consulta.

—Buen argumento.

Alejandro sonrió.

—Supongo que todo el mundo necesita algún lugar donde poder ser simplemente uno mismo.

La frase acompañó a Alicia mucho después de que se marchara.

Aquella tarde, entre una cita y otra, abrió el portátil.

No para mirar correos.

Ni para leer notas.

Abrió la agenda de la semana siguiente.

Alejandro.

Martes, doce y media.

Se quedó mirando su nombre unos instantes antes de cerrar la agenda.

Curiosidad profesional, se dijo.

La explicación ya no resultaba del todo convincente.

Aquella noche, cuando se marchó el último paciente, Alicia se quedó sola en la consulta.

Recordó algo que uno de sus supervisores le había dicho muchos años atrás.

El día que dejes de prestar atención a tus propias emociones será el día en que empieces a ser peligrosa como terapeuta.

Siempre lo había creído.

Seguía creyéndolo.

Sentir algo no era el problema.

El problema era fingir que no existía.

Alicia apagó la lámpara del escritorio y recogió sus cosas.

Tendría cuidado.

Eso era todo lo que hacía falta.

Cerró la consulta y empezó a caminar hacia casa.