No Todo Es Real CAPÍTULO DOCE
33%

CAPÍTULO DOCE

James volvió de Londres el miércoles por la noche.

Al parecer, el vuelo se había retrasado.

Las reuniones se habían alargado.

Y el cliente había cambiado de opinión tres veces.

Cuando llegó a casa, parecía agotado.

—¿Día largo?

—El más largo.

Alicia lo besó.

James sonrió.

Pero solo un instante.

Había algo distinto.

Nada dramático.

Nada evidente.

Solo lo suficiente para que Alicia lo notara.

Durante la cena intentó retomar la conversación que habían empezado a principios de semana.

—Tenías razón con lo de los viajes. Se está volviendo ridículo.

James se encogió de hombros.

—No siempre será así.

—Llevas años diciendo eso.

Su expresión se tensó.

—Porque es verdad.

Alicia lo miró.

—No te estaba criticando.

—Ya lo sé.

Aunque su tono parecía decir lo contrario.

Poco después, la conversación cambió de rumbo.

Theo se encargó de llenar el silencio.

Quejas sobre los exámenes.

Los profesores.

Los trabajos.

La evidente injusticia de los deberes.

Al final, Alicia mencionó a su madre.

—Theo, irás a verla el viernes, ¿no?

Él asintió.

—Después del colegio.

Alicia estuvo a punto de mencionar a Clara, pero decidió no hacerlo.

James levantó la vista.

—¿Cómo está?

Alicia dudó.

—La mayor parte del tiempo, bien.

La frase quedó suspendida en el aire.

La mayor parte del tiempo.

James pareció estar a punto de decir algo más, pero cambió de opinión.

La conversación volvió a temas más seguros.

Trabajo.

Baloncesto.

Planes para el fin de semana.

Más tarde, cuando Theo ya se había ido a su habitación, James pasó buena parte de la noche contestando correos.

Cuando por fin se acostó, se quedó dormido casi de inmediato.

Alicia siguió despierta.

Escuchando los sonidos familiares del piso mientras todo se iba calmando a su alrededor.

Entonces vibró el teléfono de James.

Una vez.

Dos.

Tres.

Cuatro.

La pantalla iluminó brevemente la mesita.

Alicia miró.

Helen.

El nombre apareció solo un instante.

Después desapareció.

Alicia dudó.

El teléfono quedó en silencio.

James no se movió.

Con cuidado, Alicia alargó la mano y lo cogió.

El mensaje más reciente aparecía en la parte superior de la pantalla.

Me alegro de que al final hayamos podido encontrar un hueco.

Debajo:

Ha salido mejor de lo que esperaba.

Y más abajo:

No dejemos pasar tanto tiempo la próxima vez.

Alicia se quedó mirando los mensajes.

Sin corazones.

Sin besos.

Nada que pudiera considerarse claramente inapropiado.

Pero de repente ya no pensaba en presentaciones.

Ni en reuniones.

Ni en aeropuertos.

Miró la hora.

¿Por qué enviar algo así tan tarde?

Las entradas del museo volvieron a su cabeza.

Ginebra.

Dos entradas.

Martes por la tarde.

El pulso se le aceleró.

A su lado, James seguía durmiendo.

Durante unos segundos, Alicia permaneció completamente inmóvil.

Después dejó el teléfono exactamente donde estaba.

Y pasó el resto de la noche mirando la oscuridad.