No te fíes de ellos Capítulo 166
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Capítulo 166

El zumbido de los motores la acunaba desde hacía rato. Se mantenía en duermevela, incapaz de espabilarse. Con malestar general, los sueños se entremezclaban con pensamientos incontrolados de dolor físico y muerte, cada vez más reales, hasta que la angustia la despertó.

Estaba tumbada, vestida igual que la noche previa, en una cama que le costó reconocer. Las sábanas sobre las que yacía, los muebles blancos con incrustaciones en madera, el dormitorio refinado y angosto: el avión privado de la Corporación.

Cogió fuerzas para levantarse, pero el mareo se lo impedía. No recordaba cómo había llegado hasta allí. Le venían imágenes del jardín en penumbra, el puente de hierro a contraluz, el cisne que nadaba a su aire.

Y la melodía de Mozart.

Eso le dio la clave para reconstruir las últimas horas: la copa de champán, el piano, la sonrisa de Barray y el desmayo en el ático que daba al Palacio Real. En el instante en el que se le cerraron los ojos en contra de su voluntad, pensó que era el final.

Despertarse en el avión, aunque le generaba muchas incertidumbres, era una buena noticia. Hizo un segundo intento por incorporarse y se irguió sobre las almohadas. La cabeza le iba a estallar.

Oyó unos pasos que se acercaban y alguien llamó a la puerta. Tardaron en entrar y aquellos segundos se le hicieron eternos.

Pasó una vida.

Sabía que, cuando abrieran, la suya cambiaría para siempre.