Capítulo 119
En el ordenador de Irene, Clarice había seguido indagando.
Se conocían desde que aprobaron las oposiciones al museo y compartían, de vez en cuando, confidencias y contraseñas.
Le costó decidirse, pero metió la que Irene solía utilizar para los documentos en los que trabajaba y que no quería que el resto cotillease hasta que no hubiera terminado el informe correspondiente.
Funcionó a la primera.
Se abrió una carpeta que contenía una radiografía. Al pinchar sobre ella, se desplegó en la pantalla: «NO TE FÍES DE ELLOS».
Clarice se asustó y la cerró de manera instintiva. Se sintió descubierta y volvió la cabeza hacia el departamento por si alguien se hubiera percatado, pero el resto seguía enfrascado en sus quehaceres.
Supo que no debería haberla mirado.