No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11) He estado pensando
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No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11)

No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11)

Por Miriam Tirado

© inepub.com

He estado pensando

La madre de Goa, Julia, hacía solo diez minutos que había terminado una reunión en línea con su equipo cuando le sonó el teléfono móvil. En la pantalla ponía «Alberto» .

—¡Hola!

—¡Hola! ¿Puedes hablar? —Él sabía que estaba en horario de trabajo, pero no podía esperar hasta la tarde, cuando quizá ella ya estaría con Goa y Lindsey. Tenía ganas de hablar con su ex cuanto antes.

—Sí, justo he terminado una reunión. Dime, ¿ha pasado algo?

—He estado pensando, Julia, tras lo que le pasó a Goa con Instagram y con todas las discusiones que tenemos a menudo en casa por la tableta cuando se pone a mirar vídeos uno tras otro.

—Ya… Conmigo también lo hace. Me dice que solo es un momento y pasan los minutos que ni se da cuenta.

—Pues precisamente: entre esto y lo que dicen los expertos de las redes sociales, creo que nos equivocamos . Goa no debería tener redes hasta los dieciséis y aún le quedan tres años.

—Ya… Quizá sí que nos equivocamos. Pero ¿ahora qué quieres que hagamos?

—Que demos un paso atrás . —Alberto estaba decidido. Hacía días que le daba vueltas.

—¿Qué quieres decir? —Julia no terminaba de pillar qué le estaba proponiendo el padre de Goa.

— Que le quitemos Instagram. Que tenga la tableta para escuchar música o ver alguna serie, pero nada de redes sociales.

Y en el móvil, solo llamadas y WhatsApp para poder mandar y recibir mensajes.

Le desinstalamos Insta de la tableta y le dejamos tener WhatsApp para mandar mensajes.

¿Verdad que nos reclamaba tener WhatsApp?

Pues se lo damos, pero a cambio le quitamos Insta y así no podrá equivocarse y colgar más vídeos o fotos con su cara ni se va a pasar horas y horas mirando reels .

—¿Lo dices en serio? —Julia no podía ni imaginarse el pollo que iba a montar Goa si lo terminaban haciendo así.

—Sí, totalmente. Hace días que hablo con colegas, que leo artículos y escucho pódcasts…

Creo que será lo mejor para ella y es responsabilidad nuestra.

Somos sus padres y no sé cómo le hemos dejado tener una red social que no tiene edad para usar.

—Alberto tenía el discurso muy claro, pero a Julia ese paso atrás se le hacía una montaña.

—Ufff… Si le quitamos Insta, se va a poner hecha una furia. —Estaba segura.

—Ya lo sé. Pero lo que le ocurrió me activó todas las alarmas.

Yo pasaba de estas cosas, pero a raíz de eso sí que he sentido que nos tenemos que poner las pilas, no podemos ser unos ignorantes en estos temas.

Piensa que alguien hizo grabación de pantalla y ahora el vídeo corre por los móviles de la gente, le pueden hacer memes, la han criticado…

Y esta forma de mirar infinitamente vídeos inconexos en función del algoritmo…

No lo sé, no lo veo claro. ¿Tú cómo lo ves?

—Caray, menudo cambio. Creía que esto no te interesaba…

—Y no me interesa en realidad, pero no nos podemos mantener al margen. —Alberto lo tenía clarísimo.

—Ya… Te entiendo. Yo también creo que nos equivocamos, pero, si ahora damos un paso atrás, tengo miedo de que afecte a nuestra relación con ella. Que esté tan enfadada que nos lo haga pagar o que se sienta aislada porque no sabrá de qué hablan los demás… No sé… —A Julia le daba miedo.

—Tendrá WhatsApp. Aislada no se va a quedar.

Y, a ver…, que te entiendo, ¿eh? Pero somos sus padres y, si le pasa algo, es nuestra responsabilidad.

El error de la semana pasada, en cierto modo, es fruto de nuestra ignorancia o de confiar a pies juntillas que no iba a pasar nada.

Un desconocido podría contactar con ella por Insta haciéndose pasar por adolescente e intentar quedar con ella…

Es que… pueden pasar mil cosas . Y no hacer nada después de todo me parece aún más irresponsable.

—¿Y no te asusta cómo se lo va a tomar? —La claridad de Alberto para exponer todos sus argumentos le hacía pensar que tenía razón, pero a Julia no le apetecía nada tener a Goa de morros durante semanas.

—Fue mucho peor decirle que nos separábamos y lo ha superado. Esto es aún menos importante —afirmó Alberto.

—Yo hace nada que le he dicho que tengo pareja y que es el padre de Claudia, que le cae fatal… No sé… Me parece que son demasiadas noticias en pocos días, ¿no crees?

—Piénsatelo y lo hablamos cuando se hayan ido los ingleses. Ahora tampoco es momento de decirle nada. —Alberto notaba que Julia se había agobiado y tampoco quería estresarla.

—Sí, deja que le dé un par de vueltas y lo hablamos la semana que viene. Pero ya te digo que se le va a caer el mundo encima… Ahora, para los adolescentes, Insta es superimportante. Piensa que, cuando conocen a alguien, no se dan los teléfonos, se piden el perfil de Insta para seguirse.

—Me da igual. Son pequeños. No deberían tener ninguna red social. Ni Insta, ni TikTok, ni nada de nada. Que luego pasa lo que pasa… —sentenció Alberto.

Julia vio claramente que él ya había tomado una decisión, pero se tenían que poner de acuerdo y ella no lo veía claro… aún.

—Lo medito y lo hablamos, que ahora estoy trabajando y tampoco puedo darle muchas vueltas, ¿vale?

—Sí, ningún problema. Nos buscamos la semana que viene.

—Vale, cuídate. —Julia se quedó con una sensación de inquietud en el cuerpo.

—¡Igualmente!

Cuando la madre de Goa colgó el teléfono, suspiró tan profundamente que un compañero que la oyó le dijo: «No sé qué te han dicho, pero, por ese suspiro, ahora mismo no me gustaría nada estar en tu lugar» .

Julia sonrió y prefirió no responder nada. Tampoco tenía ganas de contarle su vida y, menos aún, decirle que tenía que tomar una decisión que, fuera la que fuera, acabaría por hacer enfadar a alguien: a su hija o a su exmarido.