No mires debajo de la cama Prólogo
2%
No mires debajo de la cama

No mires debajo de la cama

Por Antonio Navarro Rivera

© inepub.com

Prólogo

La primera vez que Martín escuchó a alguien respirar debajo de su cama, tenía ocho años.

No dijo nada. Los niños aprenden muy pronto que hay cosas que los adultos prefieren no escuchar.

Aquella noche estaba despierto, mirando el techo, mientras la luz naranja de una farola se filtraba entre las persianas. Entonces oyó:

—Hhhhh…

Una respiración lenta. Muy cerca. Martín dejó de respirar. Esperó. Silencio. Volvió a escucharla.

—Hhhhh…

Venía de debajo de la cama. Se tapó hasta la nariz. Su madre siempre le había dicho que debajo de la cama no había nada. Nada. Martín cerró los ojos. Y entonces una voz susurró desde la oscuridad:

—Martín…

El niño sintió que todo su cuerpo se quedaba helado. La voz volvió a hablar.

—No tengas miedo.

Martín no respondió.

—Soy yo.

Aquella voz… Era la voz de su madre. Pero su madre estaba dormida en la habitación de al lado. Martín permaneció inmóvil. Entonces algo golpeó suavemente la madera de la cama. Toc. Esperó. Toc. Después: Toc. Tres golpes. Y la voz volvió a susurrar:

—Martín… mira debajo.

Nunca lo hizo. Nunca. A la mañana siguiente encontró cuatro arañazos profundos en el suelo, justo al lado de la cama.

Y una pequeña marca de mano en la pared.

Una mano de niño. Desde entonces, durante treinta años, Martín durmió siempre con la cama pegada a la pared.

Hasta aquella noche. Hasta que volvió a escuchar los tres golpes.

Toc. Toc. Toc. Y esta vez la voz que salió de debajo de la cama no era la de su madre. Era la suya.

—Martín…

Pausa.

—Ya puedes mirar.