CAPÍTULO 7 DYLAN
No consigo descifrar qué siento por esta chica. ¿Irritación? ¿Odio? ¿Curiosidad? Una cosa es segura: no puedo dejar de mirarla, tratando de identificar exactamente qué fue lo que enganchó a mi hermano. Porque si le fue infiel a su esposa por ella, tiene que haber algo, ¿no?
Theo y yo seremos polos opuestos en personalidad, pero siempre hemos tenido exactamente el mismo gusto en mujeres.
Karina es la prueba viviente. Nos gustan elegantes, altas, con cuerpos que saben llenar un vestido: sofisticadas, juguetonas y agudas.
Ninguna de esas palabras describe a Ashley.
Para Theo, probablemente fue solo un rollo de una noche.
Vamos, ¿qué más harías con ella? ¿Hablar de sus deberes de álgebra del instituto? ¿Cuántos años tiene, por cierto?
Ashley guarda un silencio absoluto. Aprieta el botón del ascensor varias veces, haciendo todo lo posible por evitar mirarme.
Me apoyo en la pared junto a ella, con los ojos clavados en ella.
Estudiándola. Necesito tenerla cerca, usarla para mantener a Theo en tensión y obligarlo a tomar la decisión correcta. Ashley es la palanca perfecta.
El aire en el ascensor es sofocante. Nuestros ojos se encuentran en el espejo y una sonrisa torcida se dibuja en mis labios. Parece una «chica buena» a la que acabo de arrebatar de sus padres estrictos para llevarla a mi casa y enseñarle lo que es estar con un hombre de verdad.
Por un segundo, me planteo en serio intentar llevármela a la cama, pero descarto la idea enseguida.
Primero, ahora mismo parece un perro apaleado, y no siento ninguna atracción por ella.
Segundo, simplemente no es mi tipo. Demasiado delgada, demasiado joven, demasiado histérica y demasiado emocional.
Además, está embarazada. Posiblemente de mi propio sobrino o sobrina.
—Deja el drama. La vida está llena de decepciones; no puedes huir de ellas —digo, con un tono frío y cínico pero honesto—. Aprende a vivir con lo que tienes delante.
Es mejor que alimentarla con alguna mentira sobre cómo todo estará bien, cómo Theo recapacitará, y se casarán y vivirán felices para siempre. Aunque, siendo realistas, eso es exactamente de lo que tengo que convencerla si quiero conseguir lo que busco.
—Vete al infierno —suelta ella, lanzándome una mirada asesina.
Es la primera en salir cuando se abren las puertas, con los pies descalzos sobre las baldosas, y se detiene frente a la puerta de mi apartamento.
No me apresuro. Me tomo mi tiempo para acercarme a Ashley, invadiendo su espacio mientras deslizo la llave en la cerradura.
Le doy tres vueltas y abro la puerta de par en par.
Ella aprieta los labios con fastidio, sin dignarse siquiera a mirarme mientras cruza el umbral y se dirige directamente a la habitación de invitados.
Sonrío mirando su espalda antes de desplomarme en el sofá.
Da igual. Todo el mundo lidia con decepciones; ya lo superará.
Me desabrocho la camisa y cierro los ojos, tratando de darle sentido al caos del día.
Theo estaba furioso, aterrorizado, pero lo conozco.
Hará exactamente lo que le dije. Él puede quedarse con Ashley y el bebé, y yo me encargaré de Karina y los gemelos.
En cuanto mi hermano corte con Karina, estaré encantado de aparecer y ofrecerle algo de consuelo.
Me obligo a levantarme y me voy quitando la ropa de camino al armario.
Cuando abro la puerta, me quedo paralizado.
Miro los estantes, atónito ante el orden perfecto.
Vale, retiro lo dicho: quizás esta chica sí sirve para algo.
Este lugar no ha estado tan organizado desde el día que lo compré.
No se me ocurre ni una sola mujer de las que he traído a casa que hubiera dedicado su tiempo libre a ordenarme el armario por colores.
Me detengo frente a la habitación de invitados y escucho. Abro la puerta una rendija y no encuentro más que silencio y oscuridad absoluta.
—¿Ashley? —la llamo en voz baja.
Cuando no responde, acciono el interruptor. Una luz tenue inunda la habitación. Sin que me importe demasiado si la despierto, camino hasta el borde de la cama y la miro desde arriba.
Tiene el rostro relajado, los labios rosados ligeramente entreabiertos.
El borde de la manta se ha deslizado, dejando al descubierto un hombro y una delicada clavícula.
Su cabello se desparrama sobre la almohada, y por alguna razón, no puedo mantener las manos quietas.
Alargo la mano y toco un mechón sedoso. Durante unos minutos, solo la observo, sorprendido por un impulso repentino y oscuro de enrollar ese largo cabello alrededor de mi puño y. ..
Maldita sea. Estoy perdiendo la cabeza. Me aparto de la cama, apago la luz y salgo de allí antes de hacer alguna estupidez.
Doy vueltas en la cama durante una hora, pero el sueño no llega.
Justo cuando empiezo a quedarme dormido, oigo un ruido en el pasillo.
Aparto las sábanas y agarro el móvil, acercándome sigilosamente a la puerta.
Espero de verdad que esto no sea lo que creo.
El sonido se repite. Abro la puerta una rendija y me dirijo hacia el salón, donde diviso una pequeña silueta más adelante.
—¿Vas a alguna parte? —Enciendo la linterna del móvil y dirijo el haz hacia ella. Suelta un grito ahogado, deja caer la maleta y se aferra al bolso contra el pecho como si fuera un escudo.