62 El principio de algo grande
El principio de algo grande
HARU
Jamás había visto a Fuyu hablar tanto.
Llevamos un largo rato acurrucados en mi cama, no sé el tiempo que ha pasado, puede que una hora, dos…
Ni idea, el caso es que no para de contarme anécdotas y a mí me duele la boca de tanto sonreír.
No existe en el mundo un lugar donde quiera estar antes que aquí, entre los brazos de Fuyu, piel con piel, llenando la habitación de sonidos felices.
—La cosa es que he buscado ese puesto de comida muchas veces y nunca lo encuentro. Los chicos piensan que me lo estoy inventando, pero no lo estoy haciendo.
—Claro que no, yo te creo. Cuando volvamos a Tokio, te ayudaré a buscarlo. Y les daremos a los chicos con el plato en la cara. —Fuyu se ríe con mi broma y yo me siento como un triunfador por ello—. Eso sí, si lo encuentro, tendrás que invitarme.
—Hecho. Quiero invitarte a muchos sitios, Ha-chan. —Sonríe y se queda mirándome de esa forma en la que me hace sentir el maldito centro del universo, mientras me coloca el pelo tras la oreja.
—¿Te gusta Tokio? ¿Eres feliz? —me atrevo a preguntar, necesito oírlo de su boca para dejar de sentirme culpable por empujarlo fuera de Rakuen.
Se queda pensativo durante unos segundos en los que se me para el corazón.
—Digamos que me gusta mi vida en Tokio. Me gusta la escuela de música, me gustan mis amigos, el grupo y el sinfín de posibilidades que hay allí.
Pero, para vivir, Paradise Island le sigue dando mil vueltas a Tokio.
—Se ríe—. En cuanto a la otra pregunta, sí, soy feliz; y ahora que vuelves a estar tú, más aún.
Sonrío aliviado y beso sus labios con cariño.
—Entonces no te arrepientes de haber dejado de ser yosei. Siento ser pesado, pero es que hasta que no esté seguro, no me quedaré tranquilo.
—No me arrepiento. Si me hubiera quedado aquí, me hubiera perdido todo lo que tengo ahora.
—¿Seguro?
—Seguro —afirma con convicción y eso es suficiente para mí—. Quiero seguir con la música y ver hasta dónde somos capaces de llegar. —Me acomodo en su pecho y él me rodea con el brazo mientras me haces cosquillitas con la yema de los dedos.
—A lo más alto si es lo que queréis, sé que no soy objetivo, pero para mí sois los mejores.
Me besa la cabeza con cariño.
—El mes que viene se estrena el anime donde sale nuestra canción. Y hemos quedado todos en casa de Mayu para verlo juntos. ¿Te quieres venir?
—Me encantaría. —Sonrío emocionado—. Pero… ¿no estorbaré? Es algo muy vuestro.
—Soy más feliz cuando puedo compartirlo contigo.
—Pues me apunto sin dudarlo. —Me abrazo más a él.
—También tenemos programados algunos conciertos en bares y locales pequeños sin mucho aforo, pero por algo hay que empezar.
—¡Ay, qué bien! —Me incorporo de la emoción—. Dime fecha y sitio porque no pienso perderme ninguno. Estaré allí animando desde la primera fila.
Se ríe y me vuelve a acurrucar contra él.
—Podría hacer merchan y venderlo en los garitos. Camisetas, bolsos, llaveros, tazas… ¿Tenéis ya el diseño del logo?
—No, no tenemos nada de eso. —Vuelve a reír al ver mi entusiasmo.
—Pues eso hay que solucionarlo, porque ahora necesito todas esas cosas.
Hablaré con Mayumi, esto no puede quedar así.
Si vosotros no tenéis tiempo, me puedo encargar yo, que ya sabes que me encantan estas cosas…
Aunque lo mismo le molesta que me meta. ¿Crees que les molestará?
No quiero ser pesado, pero es que creo que os haría bien.
Eso y las redes sociales. ¿Tenéis redes sociales?
—No creo que les moleste, los chicos te adoran y toda ayuda será bien recibida.
Me sorprendo al oír sus palabras.
—¿Me adoran? ¿A mí? —Me muerdo el labio porque de repente siento ganas de llorar otra vez al sentirme un poco parte de ellos.
—Claro, si eres adorable, ¿cómo no iban a hacerlo? Te quieren adoptar —bromea—. Sobre todo Ryota, que hasta quería pincharle el coche a Toya cuando pensaba que estabais juntos.
—Ay, nooo. —Le doy una palmada en el brazo a modo de reprimenda—. Pobre Toya, con lo majo que es. Ya verás, tenemos que quedar los cuatro en plan parejitas, te va a caer bien. ¡Ay, qué ilusión quedar en plan parejitas!
—Vale, ahora siento que le debo una disculpa. —Mira hacia otro lado y se rasca la nariz.
—Tranqui, ni se ha enterado. —Hago un gesto con la mano para que no se preocupe—. El que tengo que disculparme soy yo.
—¿Tú? —Me mira extrañado—. ¿Con quién?
—Pues con Saya… Tengo la sensación de que le he quitado al mejor hombre del universo y me quiero llevar bien con ella.
Pero ¿qué querías que hiciera? Chica, yo lo vi antes.
Este heladito de nata de aquí es mío y solo mío.
—Me aprieto contra él posesivo, mientras le doy mordisquitos en el cuello y Fuyu suelta una carcajada.
—¿Pensabas que tenía algo con Saya?
—Pues claro, solo había que veros haciendo manitas. —No puedo evitar el tono de molestia en mi voz y Fuyu se ríe aún más. Al parecer, le resulta la mar de divertido verme celoso.
—Haru, no he tenido nada con Saya. —Se incorpora de repente en la cama y apoya la espalda contra el cabecero y yo lo imito y hago lo mismo. Ya no se ríe, ahora me mira con seriedad como si se tomara super en serio esta conversación.
—¿Ah, no? ¿Nada de nada?
—Bueno hubo algo, pero…
—¡Lo ves! Sí ya sabía yo que había algo… Soy un experto en amores ajenos, estas cosas no se me pasan. Ay, no, me tiene que odiar ahora mismo. —Me abrazo las piernas y escondo la cara entre mis rodillas.
Pero la carcajada de Fuyu me hace mirarlo de nuevo.
—¿De qué te ríes?
—De que no es lo que piensas. Saya es…
Ay, Diosito, aquí viene la respuesta a todos mis temores…
—Saya es…
Lo miro expectante, con el corazón a mil por hora mientras me planteo una relación abierta que para nada quiero.
—Digamos que Saya es…
—¡¿Qué?! ¿Qué diablos es Saya? —Levanto la voz, pero es que me está poniendo de los nervios con tanto misterio.
Se ríe el maldito y le doy un manotazo en el hombro.
—¡Fuyu!
—Saya es mi Jacquie.
Y no hace falta que diga nada más. Ya lo entiendo, y me alegro tanto… No porque no tenga nada romántico con ella, que también, sino porque tener a una amiga como Jacquie es uno de los mayores tesoros de la vida.
—Ay, menos mal. —Me llevo la mano al corazón y suspiro aliviado.
—Nos besamos una vez, pero no significó nada. Ambos queríamos olvidar otros labios, pero no sirvió más que para cerciorarnos de que no era lo que buscábamos.
Asiento asimilando la noticia y me vuelvo a apoyar en su hombro mientras jugueteo con mis dedos en su pecho suave y cálido.
—Vale —digo con boca pequeña—. ¿Y has besado a más gente?
—Sí, a un montón de gente. —Lo miro con sorpresa porque no me lo esperaba—. He ido por ahí besando a todo el que se me ponía por delante, como un besugo. —Las comisuras se le alzan, aunque intenta reprimirlas.
—¡Fuyu! —Le doy un manotazo en el brazo como protesta—. Me lo estaba creyendo.
Él se ríe abiertamente y yo termino sonriendo contagiado.
—Solo fue a ella —dice cuando se apangan nuestras risas.
—Entonces, ¿te gustan también las chicas?
Me levanta la barbilla para que lo mire.
—Me gustas solo tú, Haru, eso también es válido.
Pues sí. No había pensado en esa posibilidad; pero es válida, claro que sí.
¿Quién soy yo para decir lo contrario? El universo me ha recompensado poniendo a Fuyu en mi vida, y no seré yo quien contradiga al universo.
Me siento a horcajadas sobre él, le agarro la cara con ambas manos y lo beso apretando con fuerza mis labios contra los suyos.
Me separo y me recreo en su rostro: piel pálida, ojos de hielo y sonrisa tranquila.
Este es el rostro que quiero ver cada mañana al despertar.
Recorro sus facciones con los dedos y él cierra los ojos y amplía su sonrisa.
Y, sin pensar, lanzo la pregunta, guiado por el impulso de mi corazón porque, aunque haya aprendido a ser un poco más paciente, sigo siendo un loco impulsivo sin remedio.
—¿Heladito de nata, te quieres casar conmigo?
Fuyu abre los ojos de golpe y clava su mirada en la mía.
Silencio.
Uno, dos, tres segundos.
Y contesta.
—No. —Se ríe. El muy maldito se ríe, y en toda mi cara.
Me quedo tan shockeado que no sé ni qué decir.
—O sea, sí, pero no ahora, no es el momento.
Me llevo la mano al corazón para intentar calmar el terremoto que ha causado su respuesta.
Bueno, vale.
Tiene razón.
No es el momento.
Aun así, no doy el tema por zanjado tan pronto e insisto.
—¿Ah, no? ¿Y cuándo será el momento, eh? —Cruzo los brazos y pongo morritos fingiendo enfado.
—Ya te avisaré. Te va a tocar esperar un poco más.
—¡Jum! —Levanto la barbilla, saco más los morros y frunzo las cejas para que se entere de que estoy enfadado—. Odio esperar.
Pero no cuela, me conoce más que de sobra.
—Lo sé, eres un impaciente.
Me clava los dedos en los costados y empieza a hacerme cosquillas. Rodamos por la cama en una guerra sin piedad por arrancarnos carcajadas. Pierdo yo, como era de esperar, y acabo debajo de Fuyu. Él me sujeta las manos y me las pone sobre la cabeza.
—¿Qué haces? —pregunto cuando lo veo mordiéndose el labio mientras se concentra en algo que no sé que es.
Entonces miro hacia arriba y lo veo rodear mis muñecas con el cinturón de yukata.
—Nooo. —Empezamos a forcejear de nuevo entre risas hasta que acabo amarrado al cabecero de la cama. Igual me he dejado un poquito, lo reconozco.
Lo miro con la sonrisa aún en la boca.
Está sentado sobre mi cuerpo y las vistas desde aquí son tan impresionantes que se me va todo atisbo de risa. Se inclina hasta rozar mi oreja con los labios y me susurra:
—¿Me esperarás? —Se separa para mirarme con otra de sus sonrisas nuevas. Es sensual que te mueres.
—Es lo que más odio del mundo, pero por ti esperaría una eternidad entera.
Sonríe con satisfacción y me besa demandante. Me pierdo en sus labios, tanto que cuando se separa de mí no sé ni dónde estoy.
—Ahora vengo.
Asiento como un tonto aún embriagado de su beso, ajeno a la realidad.
Hasta que lo veo levantarse y mi cerebro resucita de nuevo.
¿Qué? ¿Adónde va? Intento mover los brazos, pero no puedo.
No quiero que se vaya, quiero que se quede aquí para siempre.
Me sonríe malicioso antes de darse la vuelta y regalarme una panorámica de su culo.
Pero, aunque tenga un culo que dan ganas de morder, no es lo que más llama mi atención, sino el enorme tatuaje de su espalda.
Eso es nuevo, ¡Nuevísimo! Son letras japonesas formando un haiku escrito como si fuera caligrafía tradicional. Leo lo que pone:
長い冬
越えたその先
春が来る
(Aunque el invierno sea largo, siempre llega la primavera).
Y es conmovedor y precioso, y no solo porque lleve mi nombre en su piel sino por todo lo que significa. Se me encoge el pecho de la emoción y la voz me sale temblorosa.
—Fuyu…
Se para en la puerta de la habitación y me mira. Yo me muerdo el labio para no llorar.
—Dime.
Tengo tanto que decir en este momento, tanto que expresar, pero me decanto por una frase que lo resume todo.
—Sin invierno, no hay primavera.