Chris
Esto era una idea terrible. ¿Cómo iba a fingir que salía con Julia delante de nuestras familias? No habíamos ocultado en todos estos años que nos odiábamos.
Aunque quizás odio era una palabra demasiado fuerte. No odiaba a Julia, no realmente. Me sacaba de quicio. Para empezar, era tan estereotípicamente femenina. Y además, tan ingenua y optimista. O sea, ¿qué motivos tenía para sonreír todo el tiempo? Y no teníamos absolutamente nada en común. Bueno, aparte del sexo alucinante.
Nunca había tenido sexo así. Era divertido. Intenso. Un poco atrevido. En el instante en que nos tocamos fue como si alguien hubiera soltado las riendas de mi libido, unas riendas que ni siquiera sabía que estaba sujetando. Era como una droga. Cuanto más la tocaba, más la deseaba.
Pero eso fue anoche. Estábamos en una especie de neblina provocada por el trabajo y la proximidad forzada. A la clara luz del día —bueno, la luz gris de un día en Seattle— ambas podíamos controlarnos. De hecho, probablemente nos habíamos quitado esa atracción incómoda de encima anoche. Las cosas irían bien entre nosotras ahora.
Bueno, bien si ignoraba esas pequeñas corrientes eléctricas que parecían recorrerme el brazo al tomarnos de la mano. Y bien si ignoraba que, después de una noche de sexo sin parar, el pelo de Julia era una enorme maraña esponjosa de rizos que quería enroscar en mi puño mientras la besaba hasta que se derritiera contra mí.
—Ah, aquí estáis. —La Sra. Montego levantó la vista del teléfono y clavó los ojos en nuestras manos entrelazadas—. Parece que no soy la única sorprendida por esta relación que tenéis vosotras dos.
Sabía sin preguntar que esa mirada de reproche significaba que ya había hablado con mi madre. Mierda.
—Es nuevo, mamá —dijo Julia.
—Muy nuevo —añadí.
—Queríamos asegurarnos de que iba a funcionar antes de contarlo —añadió Julia.
—Desde luego parecía que las cosas iban muy bien cuando entré en tu habitación esta mañana, jovencita.
Las mejillas de Julia se tiñeron de rosa, pero no respondió. Soltó mi mano para ir hacia la cafetera y al instante me sentí vacía. Eso solo me cabreó.
La observé mientras apartaba la jarra para poner una taza bajo el chorro, sin querer esperar a que terminara de hacerse. Repitió la operación con dos tazas más y nos dio una a cada una. Nos sentamos frente a la Sra. Montego en la pequeña mesa de la cocina, las dos esperando el interrogatorio que sabíamos que vendría.
—Entonces, ¿cómo ha pasado esto? —preguntó por fin—. Vosotras dos lleváis peleándoos desde que ibais a la guardería. Pensaba que os odiabais.
—Nos pusieron a trabajar juntas en un proyecto —dijo Julia—. Y bueno, una cosa llevó a la otra y nos dimos cuenta de que ahora hay algo entre nosotras.
Bien hecho. Ceñirse a la verdad siempre era el mejor plan.
—Bueno, todos estamos deseando que nos lo contéis en la cena de esta noche.
—¿Qué? —Julia y yo hablamos al unísono, y luego nos miramos antes de volver a encarar a su madre.
—Venís a cenar a nuestra casa. Tus padres también estarán. Será como en los viejos tiempos, solo que vosotras dos no os estaréis fulminando con la mirada todo el rato.
—Yo no apostaría por eso —murmuró Julia, lo justo para que yo la oyera.
—Estoy tan feliz. —La Sra. Montego se inclinó hacia delante en la silla, con los ojos brillantes como si intentara contener las lágrimas—. Cuando vosotras dos os caséis, Phoebe y yo seremos hermanas, justo como siempre soñamos.
—Para el carro, mamá. Que Chris y yo estemos... saliendo no significa que vayamos a casarnos.
—Bueno, no de inmediato, claro —dijo su madre—. Estas cosas llevan su tiempo. Sé que íbamos a desayunar juntas, Julia, pero como estás ocupada con tu novia, voy a ir al mercado a comprar lo que necesito para la cena de esta noche. Quiero preparar algo especial para celebrarlo.
Se levantó de un salto con una agilidad sorprendente para su edad, nos dio un abrazo fuerte a cada una y salió a toda prisa. La puerta principal se cerró tras ella y Julia y yo nos quedamos sentadas en completo silencio durante un par de minutos, atónitas.
—Tengo que cambiar esas cerraduras de una vez —murmuró por fin.
—¿Se presenta así a menudo? —pregunté.
—Bueno, se crio aquí, así que creo que se siente con derecho a entrar aunque técnicamente ahora sea mía. —Julia volvió a suspirar—. Voy a necesitar unas tortitas después de esto. ¿Quieres tortitas?
—¿Tienes bacon?
—Pues claro —su tono dejaba claro que era una pregunta tonta.
—Te ayudo.
Preparamos el desayuno juntas y mientras comíamos trazamos un plan para terminar la solicitud de la subvención. Con la tensión por fin disipada entre nosotras, resolvimos sin problemas las cuestiones de elegibilidad por las que habíamos discutido el día anterior.
—Te envío el plan de selección de participantes y tú me mandas los indicadores de formación —resumió Julia—. Luego lo recopilo todo y te lo envío mañana por la tarde para que podamos hacer una última revisión juntas el lunes por la mañana antes de mandárselo a Gina. ¿Te parece?
—Me parece bien.
Después de terminar el desayuno y repartirnos el resto de las tareas de la solicitud, bajé a recoger mis cosas mientras Julia metía los platos en el lavavajillas. Me quedé plantada torpemente en la entrada de la cocina, preguntándome si debería abrazarla o algo. Ahora que el resplandor de todos esos orgasmos se había desvanecido, no sabía muy bien cómo comportarme con ella.
Julia pasó a mi lado, de nuevo con su aire despreocupado, y se dirigió hacia la puerta.
—Bueno, supongo que nos vemos esta noche en casa de mis padres para el gran interrogatorio.
Vale, sabía pillar una indirecta. Estaba lista para que me marchara.
—¿Vamos juntas? —pregunté—. Podría quedar raro si llegamos por separado.
—Ah, sí, tienes razón.
—Nunca me canso de oírte decir eso —dije con cara de póquer.
—Ja, ja. Vale, ¿por qué no vienes a las seis y vamos juntas en coche?
—Me parece bien. Así podemos pulir los detalles que nos falten de nuestra coartada.
Suspiró.
—Odio mentir, pero también odio que cada vez que veo a mi madre últimamente lo más probable es que aparezca arrastrando a alguna lesbiana desprevenida para presentármela. Apostaría lo que fuera a que tenía a alguien esperando en el restaurante; por eso insistía tanto en recogerme esta mañana. Tenía miedo de que viera a su última víctima y saliera corriendo.
Le di un golpecito en el hombro con el mío.
—Bueno, al menos tendrás un respiro mientras dure nuestro noviazgo de mentira.
—Sí. Eso estará bien. Gracias por echarme una mano.
—Tú también me estás ayudando a mí, no te preocupes.
Pasé el resto del día intentando concentrarme en el trabajo de la solicitud de subvención, sin éxito. No dejaba de quedarme mirando al vacío, reviviendo las mejores partes de mi noche con Julia. Me llevó un buen rato, porque cada parte era la mejor. Nunca había conectado tan rápido con alguien en la cama. Desde el primer momento estuvimos en sintonía, sin torpezas ni momentos incómodos.
Julia era mucho más entusiasta y aventurera en la cama de lo que jamás habría esperado. Daba tanto como recibía y parecía dispuesta a todo. Hacía mucho tiempo que no sentía que tenía una compañera de verdad durante el sexo, alguien que no esperara a que yo hiciera todo el trabajo o decidiera qué posiciones o qué íbamos a hacer. En cambio, nos retroalimentábamos, turnándonos para llevar el control o tomar las decisiones.
Era liberador. Y aterrador a más no poder. También confuso. Necesitaba ayuda.
Chris: Necesito contaros algo, chicas.
Marlee: Más vale que sea bueno. Estoy en la bici estática del gimnasio intentando no morirme de aburrimiento.
April: ¿Qué pasa?
Chris: Me acosté con Julia.
April: Me debes diez pavos, Marlee.
Marlee: Ni hablar, dijiste que se acostarían en los primeros tres días de trabajar juntas.
April: Sí, pero tú dijiste que tardarían un mes. Han pasado menos de dos semanas.
Marlee: Así que las dos perdemos. O las dos ganamos, según se mire.
Chris: ¿Apostasteis a que me acostaría con Julia, imbéciles?
April: Pues claro, sabíamos que pasaría en cuanto os quedárais encerradas juntas. Era inevitable. Tantas reuniones largas y fechas de entrega encima... estaba claro que ibais a perder el control.
Marlee: ¿Qué tal fue?
Chris: Bien.
Marlee: ¿Bien? ¿Eso es todo? ¿Se quedó ahí tumbada sin hacer nada?
Chris: Muy bien. Lo mejor. Si soy totalmente sincera, fue el mejor sexo de mi vida. Todas las veces.
April: Ahora sí que nos vamos enterando.
Marlee: Entonces, ¿por qué estás preocupada?
Chris: ¿Por qué crees que estoy preocupada?
Marlee: Sé leer entre líneas.
Chris: Bueno, en realidad no nos caemos bien. No tenemos mucho en común. Y no es mi tipo.
Marlee: Todo eso no significa nada y lo sabes.
Chris: Pasó algo más.
April: ¿Además del orgasmo increíble?
Chris: Fueron múltiples orgasmos, para que lo sepas. Pero luego estábamos tan agotadas que nos quedamos dormidas y pasamos la noche juntas sin querer.
April: ¿Mañana incómoda después?
Chris: Peor. Su madre entró en el dormitorio de Julia y nos pilló haciendo la cucharita. Desnudas.
Marlee: ¿Vive con su madre? ¿A nuestra edad?
Chris: No, pero su madre tiene llave y no tiene reparos en usarla.
April: Bueno, eso es incómodo. ¿Cuándo es la boda? ¿Podemos ser damas de honor?
Chris: Sé que crees que estás bromeando, pero decidimos decirles a nuestros padres que nos acostamos porque estamos saliendo.
April: ¿Protegiendo su virtud?
Marlee: ¿Por qué?
Chris: Para que nos dejen en paz por un tiempo. Aunque mi madre no me esté emboscando con lesbianas como la de Julia, sigue dándome la lata todo el tiempo con que cuándo voy a ir en serio con alguien. Si piensan que estamos juntas, nos libraremos de los sermones y de que intenten emparejarnos.
April: O tal vez lo hacéis porque en el fondo deseáis que sea verdad.
Chris: En fin, esta noche Julia y yo vamos a cenar con sus padres y los míos para que puedan interrogarnos sobre nuestra relación y hacia dónde va.
Marlee: Vosotras dos estáis viviendo una película sáfica de Hallmark, ¿verdad? Esto va a ser muy divertido.