Epílogo
Diez años más tarde…
Lía
Diez años y parecía que fue ayer cuando todo comenzó entre Gael y yo.
Cada vez que recordábamos cuándo fue la primera vez que nos vimos, todavía nos costaba creerlo.
El pueblo de mis abuelos estaba a kilómetros de donde vivíamos, por lo que ya era mucha coincidencia cruzarnos allí de jóvenes.
Nada más y nada menos que en la casa de mis abuelos, aunque nos viéramos de pasada por algunas zonas.
Tal vez fue gracias a Maya y por lo que hizo, a saber.
Desde la noche de hacía diez años que nos confesamos que queríamos estar juntos, con la libertad de que Gael ya no debía temer por nada de su trabajo, no nos habíamos separado.
Dijimos de intentar lo nuestro y lo hicimos a lo grande.
Durante cuatro meses nos movimos de mi piso a su casa, y a la inversa. Aguantamos bastante, hasta que decidimos que era una tontería estar de un lado para el otro.
Fui yo la que me trasladé a su casa, por el espacio que tenía la propiedad. Tanto por fuera como por dentro. En ella seguíamos y habíamos formado nuestra familia.
La casa del bosque era un lugar muy especial para nosotros y nuestros amigos. Siempre que teníamos unos días libres nos escapábamos para encontrar la paz y la calma que daba el lugar. Gael y yo también nos perdíamos de vez en cuando solos, ya que en ella fueron nuestros comienzos.
En un principio, mi piso se quedó vacío e iba a menudo para controlarlo, aunque mis vecinos me ayudaban con eso. Incluido Eloy cuando podía con sus horarios.
Al cabo de un tiempo, cuando mi relación con Gael era muy estable y nos iba de maravilla, decidí alquilarlo. Todavía continuaba así y nos llevábamos muy bien con la pareja que vivía en él desde el comienzo.
Alonso y Berta nos perdieron como vecinos a Eloy y a mí, ya que mi amigo también se fue con el tiempo.
De todas maneras, nunca habíamos dejado de ir a visitarlos para hacerles compañía.
Teníamos mucho contacto con ellos y formaban parte de nuestras vidas, ya que en todas las ocasiones en las que teníamos alguna celebración, o los fines de semanas sueltos en los que nos apetecía y podíamos, Gael iba a buscarlos para que estuvieran con nosotros en nuestra casa.
Junto con mis padres y mis abuelos, Alonso y Berta ejercían el papel de abuelos perfectamente. Gael y yo éramos padres de Alba y Rocío, de siete y cinco años, respectivamente. Llegaron a este mundo para alegrarnos la vida y para ampliar nuestra familia.
Mis padres continúan como siempre y están volcados en disfrutar de sus viajes, de estar con la familia y de hacer de abuelos junto a Alonso y Berta.
Mis abuelos están genial y viven por temporadas en el pueblo y aquí, en la ciudad, ya que se quedan largos meses en la casa de mis padres.
De esa manera pueden disfrutar al máximo de la familia.
Nosotros también vamos cada verano a pasar un tiempo con ellos, a todos nos encanta.
Gael y yo nos casamos cuando Alba tenía un año. Celebramos una boda íntima, muy emotiva y divertida. Fue preciosa y la disfrutamos al máximo con nuestra familia más cercana y amigos.
Sobre nuestros trabajos, ambos continuamos como nos conocimos.
Gael sigue al frente de su equipo de trabajo, con Eloy, Lucas, Nadia y alguien más.
Yo continúo siendo profesora en la universidad, junto a mis amigos y compañeros Eva y Jon.
Por suerte, Gael nunca más se vio involucrado en un trabajo en el que tuviera que infiltrarse. Porque no quiso.
Sobre nuestros amigos, nuestra familia de corazón…
Con Alan hubo una novedad en el trabajo.
Al cabo de unos años, su equipo se dividió por varios motivos y eso hizo que al final se quedaran dos únicamente.
Su jefe los ubicó en otros equipos y Gael no dudó en pedir a su cargo a Alan.
De manera que desde hacía años mi amigo formaba parte del equipo de mi marido.
Alan era ese alguien más que había mencionado.
Lo que le sucedió cuando lo tuvieron que operar de urgencia por segunda vez, cuando mi padre y yo lo llevamos al hospital, como ya sabéis, eso lo llevó a conocer a Claudia, enfermera y amiga de todos los demás desde que la conocieron en la escapada a la casa del bosque.
De Maya y de mí se hizo amiga un poco antes.
Lo que sucedió entre ellos en ese fin de semana compartido, fue poco a poco convirtiéndose en una relación sólida.
Estaba claro cómo terminarían. Al menos yo lo anticipé sin problema, conociendo a mi amigo.
Siguen en una relación preciosa, están casados y tienen dos hijos, Mario y César, de seis y cuatro años, respectivamente.
Eloy y Nadia afianzaron su relación, como no podía ser de otra manera, porque desde que supe que se querían y los vi juntos, era lo que debía pasar.
La energía que compartían era demasiada, al igual que la conexión y la complicidad.
Se les daba genial trabajar juntos, tanto para bien como para mal.
Están casados y tienen una hija de seis años, Sofía.
Maya y Lucas, entre tonteo y tonteo, entre roce y roce, llegaron a un punto de no retorno. Lo bueno es que les salió de manera natural y todo fluyó entre ellos con mucha facilidad. Forman una familia preciosa junto a Miriam y Carlos, sus hijos de seis y cinco años.
Jon y Eva son un matrimonio fantástico. Llevan siempre con ellos la complicidad de la amistad que nunca han dejado de sentir por el otro, lo único que con un extra mucho más importante: el amor de pareja.
Fue Jon el que dio un paso al frente, para dejar las cosas claras entre ellos.
Y fue Eva la que recibió encantada ese paso y saltando sobre él, literalmente.
Y para dejarlo claro ante muchos del profesorado de la universidad, una gran cantidad de alumnos y el personal de la cafetería, Jon le confesó a Eva lo que sentía, dándole un beso de película en medio de la cafetería de la universidad.
Sí, y mi amigo se encargó de que Mariam, la que lo perseguía, estuviera en primera fila para verlos.
Lo que no le sentó nada bien a esa mujer.
A partir de ahí, ella fue historia y no supuso un problema, por lo que Eva no pudo estar más feliz.
Jon y Eva están casados y tienen dos hijos, Álvaro y Clara, de siete y cuatro años, respectivamente.
Y hasta aquí el resumen de lo que han sido nuestras vidas, las de las personas que adoro y la de la mía propia.
Ahora toca seguir sumando más recuerdos y momentos, creando nuevos y recordando los de siempre, porque los que nos marcaron a todos, para bien o para mal, nunca los podremos olvidar.
Yo, siempre que fuera de la mano de Gael, junto a toda nuestra familia que había crecido mucho, era feliz.