No debí hacer match contigo Epílogo. Belisa
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Epílogo. Belisa

Epílogo

Belisa

Entro al edificio de mi marido. Mi marido.

Me encanta cómo suena eso. Aunque Sedrik no quería cambiar y le gustaba tener su cafetería y su mundo ahí, con la noticia la fama le dio más reconocimiento y la expansión se hizo a nivel mundial.

Ahora tiene locales por medio mundo, y para eso tenía que tener un despacho, o varios.

Compró un edificio donde ahora trabajan varias personas a su cargo, el mismo edificio en el que yo trabajaba con Defin y su panda.

Lo ha reformado, la cafetería sigue debajo, pero Defin, no.

La empresa cerró. El resto de las empresas que lo ocupaban se trasladaron, pero la suya no sobrevivió.

No daban publicidad original; lo de la IA les funcionó lo justo, porque la IA ayuda, pero si la explotas demasiado te estalla en la cara.

Por suerte, Lavi lo ayuda como socio. Y Malem se quedó como supervisora jefe de los productos.

Yo dirijo el departamento de publicidad. Tengo varias personas a mi cargo y llego tarde.

Entro en el ascensor y cierro los ojos, agitada. Tengo el estómago revuelto.

Cuando el ascensor se abre, Sedrik me está esperando apoyado en la pared con una manzanilla en la mano. Me acerco a él y me abraza.

—No debiste venir. —Me besa con cariño en la frente mientras yo me tomo la manzanilla.

—No puedes evitar cuidar de mí.

—De vosotros. —Toca mi estómago.

Estoy de pocas semanas y no lo llevo bien; no consigo pasar la mañana sin vomitar varias veces. Coge mi cara entre sus manos y me acaricia con todo el amor brillando en sus ojos dorados.

—Puedes quedarte en casa hasta que estés mejor.

—Quiero estar aquí mientras pueda, así tengo excusa para verte más.

Lo beso y andamos hasta mi despacho. Al verlo, lo saludan y me deja sola.

Por suerte, las náuseas me dan tregua y hago mi trabajo lo mejor que puedo.

Es tarde cuando me quedo sola en mi despacho.

Miro la ciudad por mi gran ventanal. Sedrik entra y se pone tras de mí.

Me abraza acercando mi espalda a su pecho.

—Todo va a ir bien. —Acaricia mi estómago; no se nota nada, pero ahí late con fuerza nuestro hijo.

No lo hemos buscado. Tampoco poníamos trabas, pero como no llegaba rápido, pensé que nos tocaría tomar medidas más serias. Pero no, aquí está para ser parte de nuestro mundo y ponerlo patas arriba.

—Estoy preparada para saltar de nuevo contigo al vacío.

Me gira y se quita la corbata. Ata mis muñecas. Y me besa mientras se ocupa de mi cuerpo. Cuando se arrodilla a mis pies y me sube la falda, sé que su boca no me dará tregua hasta que me corra.

Y es que mi marido me conoce bien, muy bien.

* * *

—Yo ya lo veo…, tu hijo como mi ayudante. —Archie se tira encima de Gunther. Tiene solo un año y medio, pero es un trasto y Gunther lo adora.

—Ni de coña. Este niño no va a ser influencer —le dice Portia.

Elio la mira enamorado desde la barra de la cocina.

—Estáis aquí para ayudarme con la decoración, no para andar probando la comida antes de que llegue Sedrik.

Elio se acerca y me ayuda con los carteles.

Gunther pone la comida en su sitio y Malem saca más platos.

A Sedrik le han dado el premio a la mejor cadena de cafeterías del año.

No deja de crecer y yo estoy muy orgullosa de él.

No pude ir con él porque estoy embarazada del segundo y me desaconsejaron montar en avión.

No, este tampoco fue buscado. Mi excusa es que no puedo apartar las manos de mi marido.

La niña da una patada fuerte y me quedo quieta un segundo.

—¿Mamá? —Abrazo a Archie y seguimos con todo.

Cuando la puerta se abre, estamos preparados. Lavi dice «¡sorpresa!» tras Sedrik, porque era nuestro compinche. Archie sale corriendo hacia su padre y Sedrik lo coge en brazos. Nos saluda a todos y luego me besa.

—No hacía falta.

—Es mi forma de decirte que estoy muy orgullosa de ti.

—Y yo de ti.

Lo sé. Lo veo en cada cosa que hace, o que me dice. En cómo me alienta a que nunca deje de crecer. Me admira como mujer, como madre, como su esposa. Como su mejor amiga.

La vida no es como una película romántica; es mil veces mejor.

Al fin hice match con la persona perfecta para mí.