Capítulo 25. Belisa
Belisa
Llamo a Portia de camino al trabajo. Me sabe mal dejar a Nela lejos de esto, pero cuando hablo de ello en el grupo ni comenta, por eso necesito hablar con alguien ya, y no con alguien a quien deba pedirle una cita para tener una charla de amigas.
—Nos vamos de fiesta —dice nada más descolgar—. Lo pasamos bien, luego despotricamos de todo hasta las tantas. Echo de menos eso.
—Buenos días a ti también. —Se ríe—. Me apunto.
—Lo que siento es que necesito salir, y me apuesto lo que quieras a que a ti también te vendría bien hacerlo y dejar tus líos amorosos.
—Sí. A ver cuándo puedes venir.
—Te voy informando, lo mismo te doy una sorpresa.
Te dejo, que me tengo que preparar para ir a trabajar.
Y, por favor, intenta, solo intenta, ser en persona esa mujer increíble y sexi que eres en el chat.
Mira, si fracasas con ese pibón de Sedrik, que sea porque fuiste tú misma, no porque reprimiste quien eras, como siempre, para adaptarte al sapo de turno.
—Me río por cómo lo dice—. No te rías, es cierto.
Vamos, tú puedes con esto. O le propones a Mocca quedar en persona y que te coma las tetas…
—No sé en qué momento te he contado eso. —Se ríe—. Siento que no quiere quedar. Me ha dicho que me ha visto, pero no que nos veamos. Yo tampoco, pero siento que esto solo es una historia que nos resulta cómoda porque no esperamos nada de ella.
—Puede ser. Tú disfruta y, cuando se marche…, me apunto a lo de llorar juntas. —Sonrío dando gracias por tener una amiga como ella. Nos despedimos.
Cuelgo y cuando llego a la cafetería dudo si entrar o no. Quiero ser más como B, esa chica valiente que manda fotos sexis, que vive sin miedo…, soy esa. Pero no sé cómo sacarla sin miedo a que la mutilen.
Por otro lado, tengo el dinero justo, puedo esperar a cobrar. Voy a irme, pero la puerta se abre y Sedrik me mira y me hace una seña para que pase.
—Buenos días. Hoy solo quiero un café solo. —Alza una ceja.
Luego entra tras la barra y me toma nota del pedido.
La gente empieza a entrar y lo miro queriendo decirle miles de cosas.
El problema es que nunca nadie me ha atraído de esta manera.
De esta forma que es mirarlo y sentir que todo se ralentiza a mi alrededor, o que solo soy consciente de él.
Cuando te arriesgas en relaciones mediocres, en cierta manera te preparas para que te dejen, pero de Sedrik podría enamorarme hasta las trancas.
Porque cuando lo miro, siento como si lo conociera. No tiene sentido, lo sé.
—Aún hace fresco por las mañanas, por suerte hoy me pude dar una ducha con agua caliente y no se me quedaron los pezones como conguitos… ¿Puedes olvidar que he dicho eso?
—Qué ridícula —dice una mujer tras de mí. Muerdo mi labio.
—No lo voy a olvidar. —dice Sedrik. Su mirada es intensa y no parece espantado. Parece divertido, y eso me relaja.
Deja en la barra el café mocca que me gusta y rebusco para darle el dinero. Pone su mano sobre la mía. Noto como me sobresalto y lo miro agitada. Acaricia mi mano. Joder. Ahora mismo tengo la imperiosa necesidad de saltar, de reírme y de gritar. Todo junto.
—No. —Tomo aire y aparta la mano—. Yo te invito.
Nos miramos con tanta intensidad que siento que quiere decirme miles de cosas que se han quedado ancladas en sus ojos dorados. O tal vez lo estoy imaginado todo, porque sus dedos acariciando mi mano me están friendo el cerebro y la cordura.
Aparta la mano.
Luego se marcha. Cojo el café y me siento a tomarlo. Miro la mano donde me tocó: su caricia sigue impregnada en mi piel de la misma forma que el café deja un leve dibujo en la taza.
Al poco entra una mujer rubia preciosa y se acerca a Sedrik.
Este le da un abrazo y siento una punzada en el pecho por la forma que tienen de mirarse y hablarse.
Los dos son altamente atractivos y hacen muy buena pareja.
¿Será su novia? No creo, porque le hubiera dado un beso.
Pero, a pesar de eso, verlo con ella hace que recuerde que alguien como él no estaría con alguien como yo.
Es demasiado perfecto.
¿De verdad pensaba que podría intentar algo con él? Soy patética.
Al poco aparece Lavi y descubro que es su hermana. Aun así, se nota que Sedrik sería perfecto con una mujer así a su lado, segura de sí misma. No como yo, que me derrito por él y no sé cómo ser como B26 y ser así de valiente a su lado.
Hago un dibujo y lo dejo en la mesa antes de irme con un «gracias por el café». Antes de salir lo miro: su mirada está fija en mí. Le digo adiós con la mano y me hace un gesto de despedida.
No sé qué tiene ese hombre que me atrae con tanta fuerza. Es como si, a pesar de sus silencios, supiera más de él de lo que parece.
Portia: Si no la besó no es su novia. Solo será la hermana de Lavi, como has visto, y por eso el cariño.
He escrito al grupo, pero solo Portia ha contestado. Cómo no…
Belisa: No lo parecía, pero hacían muy buena pareja.
Portia: No empieces, eres esa mujer sexi que fue sin tanga por la calle porque un tío de la app al que no conoce se lo pidió. ¡Deja de hacerte de menos! ¡Cómete el mundo, y de paso una buena polla!
Belisa: No me puedo creer que acabes de decir eso…, bueno, sí.
Me manda un gif de una mujer riéndose. Defin se me acerca con cara de pocos amigos.
Belisa: Hablamos luego, que tengo que trabajar.
Sigo con mi trabajo y cada vez que Defin pasa por delante de mí con su pelo repeinado, me imagino pasando los dedos por su pelo grasiento solo por joder. Odia ir despeinado. Cuando teníamos sexo no podía tocarle la cabeza.
Defin no para de mirarme. Cobra por mirarme, manda narices; una de las veces le sonrío y eso le molesta más.
Que se joda. Sigo con mi trabajo y hago una lista de todos los clientes a los que he visto más de dos veces.
Hay pocos. Parece que la empresa no va tan bien como les gustaría.
A la hora de comer escribo a Mocca y le mando una foto de mi comida. Una bolsa de patatas.
Mocca30: Dime que eso no es tu comida.
B26: Estamos a final de mes. Era esto o nada. No me quedaba otra cosa. Y pedir dinero a mis padres está descartado.
Mocca30: Puedo mandarte dinero.
B26: Me había olvidado que eres un CEO importante… Y no, ni de coña. No te he mandado la foto para dar lástima.
Mocca30: Lo sé. Estoy en una aburrida reunión y el local que tuve que cerrar no tiene pinta de ir mejor. Los trabajadores se van a instalar en otro local de la cadena y hay que buscar otro nuevo para abrir. Me toca hablar con inmobiliarias para eso.
B26: Si necesitas ayuda… Te mandaría mi currículum, pero siento que, si lo hiciera, esto que tenemos se rompería.
Mocca30: Seguramente.
Me manda una foto de él en traje. No se le ve la cara, pero si la barbilla. Su barba incipiente es negra. El traje le queda como un guante. Y siento deseos de estar ahí, sentarme a horcajadas sobre él y restregarme mientras le quito la corbata.
Me hago una foto de mi vestido vaquero y mis medias rosas. He desabrochado un poco los botones y se ve mi sujetador blanco de puntilla. Dudo si mandarla o no, pero lo hago. Porque aquí soy quien quiero ser sin que la realidad me recuerde mis taras.
Mocca30: Esta vez no has necesitado incentivo…
B26: Es mejor improvisar. La culpa la tiene tu corbata.
Mocca30: ¿Te pone mi corbata?
B26: Más sentarme a horcajadas sobre ti y quitártela.
Mocca30: ¿Te gustaría que te atara las manos con ella? Aunque ya te confieso que odio ir de traje. Suelo vestir más informal.
B26: Me gusta la mujer atrevida que soy a tu lado. Es adictivo no pensar. Y, por cierto, los hombres con camisa blanca me ponen mucho.
Mocca30: Te entiendo, B. Te tengo que dejar. Hablamos pronto.
Guardo el móvil agitada y excitada. Las patatas están malísimas. Lo mismo hasta están caducadas. Defin se sienta ante mí con una bolsa de comida. La saca y me mira. Nunca se sienta aquí, si lo hace es para joder. Porque sabe que yo no me puedo permitir una comida decente.
Cómo lo odio.
Me como las patatas como si fueran la mejor comida del mundo mientras el estómago me ruge por los olores de su comida. Regreso a mi puesto de trabajo y mando más currículums. Tengo que salir de este lugar cuanto antes.
Sobrevivir es un deporte de riesgo cuando eres una adulta independizada. Cuando era pequeña no imaginé así mi vida adulta. La imaginé con un trabajo increíble, con comida caliente y, por supuesto, yo sabiendo cocinar. O con tiempo para intentarlo, al menos.
Defin me manda más trabajo y de nuevo se retoca la corbata. Se la aprieta tanto que pienso que a ver si se queda sin aire y no viene a trabajar en una temporada.
No, mi vida adulta no la imaginaba así.
Sedrik
Llego a casa tras un día de locos. He estado en una reunión y buscando representantes para mi nueva sección de platos salados.
Todo como CEO, no como jefe. Estoy cansado y lo peor es que no paro de imaginar a Belisa sobre mí, con ese vestido vaquero y las manos atadas atrás con mi corbata, mientras se contonea sobre mi dura polla.
Estoy loco por ella y no sé cómo romper todos los escudos que he construido en estos años para llegar a ella siendo las dos versiones de mí.
Busco el móvil y miro su foto. Está preciosa. Y sexi. Le escribo.
Mocca30: ¿Qué estás cenando?
B26: Me pido la pregunta número dos.
Mocca30: ¿Por?
B26: No he cobrado. A veces cobro un poco antes del fin de mes, pero esta vez no, y no tengo nada en casa. Ni sopas de sobre ni nada.
Miro su ubicación: aunque sé dónde vive, no puedo decirle algo así. Veo que sale por mi zona y hay un lugar en el que hacen buena comida y pueden además prepararle algo para mañana. Escribo, pido algunas cosas y las dejo a nombre de B26.
Le mando la dirección.
Mocca30: No puedo evitar cuidar de ti, B, en este lugar te están preparando la cena. Di que eres B26 y ya está todo pagado.
B26: No te lo dije para que te gastaras dinero en mí. No me gusta pedir limosna.
Mocca30: Sé que si fuera al revés tú harías lo posible por que yo tuviera algo que comer. Ve. Y no me des las gracias. Cuidar de ti… me resulta excitante.
B26: ¿Tan excitante como haberme imaginado desnuda sobre ti mientras me atabas las manos con tu corbata?
Mocca30: ¿Cómo lo sabes?
B26: Porque pensar en eso mejoraba mi día. Voy a vestirme.
No me he cambiado y se me ocurre una loca idea. Joder. Lo mismo es una idea nefasta. Salgo de la casa. Y espero no arrepentirme.