No debí hacer match contigo Capítulo 17. Sedrik
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Capítulo 17. Sedrik

Sedrik

Hace dos semanas que se abrió este nuevo local y la gente ha dejado de venir por curiosidad y para hacerse la foto para redes.

Eso estaba bien, pero era complicado controlar el género necesario.

Ahora los clientes son más controlados y puedo saber más o menos lo que se gasta en un día, pasada la novedad.

—Ahí está tu chica. —Fulmino con la mirada a Lavi y se ríe—. Podrías decirle algo. Dile: «hola, soy tu fantasma»…

—No le hecho ghosting .

—Aún; no se lo has hecho, pero casi.

Miro a Belisa. Está preciosa. Hoy lleva un vestido de media manga en tonos pastel. Hasta ahí todo normal, si no miras sus medias rosa chillón. Ese toque de color me encanta. Y pienso si serán medias o estarán atadas a su liguero. En esos cremosos muslos que me atormentan por las noches.

No he hablado con ella porque no sé qué hacer; tengo la oportunidad de irme como si nada.

Pero ahí sigo, sin responder. Dejando abierta esa puerta.

Han pasado tres días y es la primera vez que viene a la cafetería.

Al verme sonríe, ignorando que soy Mocca30.

Si siguiera hablando con ella no la estaría engañando, porque ella no quiere saber quién soy.

Solo quiere de mí que sea ese tío sexi que le pone sin ataduras, sin nombres, sin preguntas.

Y, la verdad, me tienta aceptar. Es fácil hacer eso.

Lo complicado sería tenerla delante y arriesgarme de verdad.

Decirle que la deseo tanto que duele y que me encantaría perderme entre sus muslos.

—Hola. —Belisa me mira sonriente. Sus labios tienen un ligero toque rojo y el pelo enmarca su cara; es un contraste increíble, toda esa dulzura escondiendo a esa mujer tan fogosa, y me encantaría perderme en ella.

Si no fuera un puto cobarde—. ¿Os importa si me quedo aquí a trabajar esta tarde?

Prometo ponerme en una mesa y no dar el follón.

Lo digo porque es final de mes y solo tengo para un café, y os voy a ocupar una mesa por un dólar.

—Deja el dólar sobre el mostrador y nos mira a Lavi y a mí mordiendo su labio, ese labio que me encantaría recorrer con mi lengua.

—No, claro, toda tuya la mesa.

Tomo aire y le sonrío. Toda la tarde aquí, la mujer por la que me derrito sin que ella lo sepa, de puta madre. Lavi me mira dejando claro lo que piensa: que me acerque y hable con ella. Pues que espere sentado. Eso no va a pasar.

No me limito a prepararle un café. Le hago el que le gusta y le pongo un muffin con una nota que dice:

Para los mejores clientes.

Se lo lleva Lavi, aunque me muero por hacerlo yo. Ella lo ve. Se le iluminan esos grandes ojos castaños y luego sonríe, y es como si de golpe saliera el sol de nuevo, en vez de estar ya en otra parte del mundo, alumbrando con su luz.

Coge una servilleta y garabatea algo. Al poco, Lavi me lo trae:

Gracias. Este eres tú.

Es un dibujo de un barista preparando café.

Lo acaricio con los dedos y ella me mira, a la espera.

No hago nada. Solo la miro advirtiendo como desearía que me acercara, que le dijera algo.

Que tal vez la invitara a algo fuera de aquí.

No hago nada. Solo me meto en la cocina para ver cómo van las galletas mientras el corazón me late agitado y deseo ser otra persona, otra sin una ex de mierda que me destrozó porque no me di cuenta a tiempo de cómo era.

Soy idiota.

Busco las cámaras de la cafetería y la miro a través de ellas.

Está tomando notas y disfrutando del café y las pastas.

Sonríe por algo que lee y luego se pasa el pelo tras la oreja.

Mira hacia la calle y se pierde entre la gente.

Dudo si escribirle, si decirle que la estoy mirando.

Quiero hacerlo solo para ver si se excita… , pero no, hoy no.

Mejor acabar con esto.

* * *

Al salir, veo que casi no queda gente. Vamos a cerrar dentro de poco, pero Belisa sigue aquí. Empiezo a limpiar mesas y Lavi se le acerca.

—¿Mucho trabajo?

—La verdad es que sí. —Sonríe con calidez y me busca.

Como no digo nada, se centra en Lavi. Mejor así. Aunque echo de menos hablar con ella por la app. Ahí era yo mismo. Le conté parte de mi trabajo y me abrí con ella.

—¿En qué trabajas?

—Soy publicista. Llevo dos años en la empresa de publicidad de la planta cinco de este mismo edificio.

—De nuevo me mira y al darse cuenta de que la he pillado, se sonroja y aparta la mirada.

Ese sonrojo me parece muy sexi y lo peor es que me imagino acariciando la curva de sus pechos, esos que no dejan de pasearse por mi mente excitados y mojados—.

Me gusta mi trabajo, pero a veces no soporto a las personas que me rodean.

Hoy necesitaba estar aquí y teletrabajar un rato.

—Puedes hacerlo siempre que quieras.

—Espero que no sea muy a menudo. —Se mete el pelo castaño tras la oreja. Acaricia sus hombros y lo lleva recogido a un lado—. Mi ex trabaja en la empresa, se va a casar con la hija del jefe y la madre ha decidido venir a preparar cosas de la boda, como si eso fuera lo más importante.

—¿Y te da celos? —pregunta Lavi.

—¿De Defin? No, de menuda me libré. —Sonríe—. Pero, entre que no paran de mandarme trabajo, y que no paran de gritar cerca hablando de la boda, no me concentro para crear. —Mira su reloj—. Es hora de irme. Ya vais a cerrar.

De nuevo me mira y no digo nada. Solo le digo adiós con la cabeza cuando se marcha. Y quedo como un gilipollas. Y más porque hoy ella no ha salido corriendo como otras veces al verme, se ha quedado ahí esperando algo.

—Si le pidieras una cita, te diría que sí.

—Paso.

—Bueno, no puedes hablar con ella en persona. Pero tienes otra vía. Hasta que ella te conozca lo suficiente para ver más tus virtudes aparte de estar muy bueno. —Me guiña un ojo—. Tú decides: o le entras en persona, o sigues con ella por la app.

—No sé qué haré. Vamos a recoger, mi vida privada de golpe te interesa demasiado.

—Porque llevas años de sequía. Esto es la novedad.

—Tal vez por eso mismo, es mejor dejar todo como está.

—Y por eso te creaste un perfil en una cuenta de citas. En el fondo estás cansado de no avanzar. Tú solo piénsalo. Nadie te obligó a estar ahí.

No, nadie me obligó, pero no sé qué hacer con lo que siento. Es como si ella me empujara a salir de mi zona de confort.

* * *

Mi idea era dejarlo estar hasta que al día siguiente la veo a través de las cámaras mirando el móvil, y me doy cuenta de que son nuestras conversaciones.

Da a escribir y lo borra. Se me rompe el alma de verla así.

Hay dolor en su mirada. Algo estúpido, puesto que casi no me conoce.

Toma aire, guarda el móvil y pinta una sonrisa falsa en su cara para ocultar su dolor.

Se marcha al poco y veo una propina y una nota:

Gracias por todo.

Hay un dibujo de una vampiresa en estilo manga muy mona.

¿Qué debería hacer? Tal vez solo tenga esta oportunidad de conocerla mejor.

O de estar delante de ella sin miedos. Al principio de conocerla era más fácil.

Ahora me altera. Antes era solo una chica guapa a la que veía de vez en cuando, pero ahora es alguien que me atrae, y mucho, dentro y fuera de la app.

Saco el móvil y le escribo, vencido al final por esa mirada tan triste y esos mensajes sin enviar para respetar mi decisión.

Pasa un largo rato. Cerramos y ella no ha respondido. Tal vez la oportunidad pasó.