51
Cuando Daniela llega al hospital ya están Lena y Moreno allí. Han bajado a quirófano a Blázquez hace unos pocos minutos. Tiene la rodilla destrozada y varias costillas rotas, además de la nariz. El bazo es lo más preocupante.
—¿Qué ha pasado? —pregunta acercándose a ellos.
—No ha dicho mucho. Solo que alguien lo pilló por sorpresa y lo golpeó con una barra metálica —responde Lena levantando los hombros.
—¿Dónde ha sido?
—En los baños de la gasolinera.
—¿Le han robado?
—No se llevaron nada.
—Tal vez en las cámaras podamos encontrar algo.
—Los baños están en un punto ciego. Lo he comprobado mientras esperaba a la ambulancia.
El ruido de unas ruedas rompe el silencio. Una camilla cruza el pasillo.
—Salgamos de aquí —dice Moreno.
Las puertas automáticas se abren y salen a la zona del aparcamiento. Daniela agradece ese aire frío que no huele a desinfectante.
A unos metros, un hombre apura un cigarrillo mientras mira el móvil. Una mujer joven se acerca a la entrada hablando por teléfono. Se ríe.
Una familia entra al hospital. La niña va por delante, corriendo. La mujer lleva un enorme globo azul en el que se lee: «¡Es un niño!». También sonríen cuando pasan frente a ellos.
Daniela baja la mirada.
Lena mira hacia otro lado.
Moreno es el único que responde con un gesto de cabeza.
Se ponen en movimiento. Sin prisa. Sin dirección aparente. Tan solo andan entre los coches aparcados.
—¿Qué va a pasar ahora, Moreno? —El tono de voz de Lena no oculta la preocupación que tiene.
—Imagino que Pajés se reunirá para tomar esa decisión. Mañana, tal vez pasado, lo sabremos por los medios de comunicación.
—Claro —dice Lena—. Tendrán que colgarse los galones correspondientes. Seguro que le dan el caso a la UCO y dirán que lo han cerrado en tiempo récord. Lo de siempre.
—Es lo más probable, sí.
—¿Y la unidad?
—A efectos prácticos ha dejado de existir esta mañana. Cobraréis las nóminas de este mes por completo y luego... tendréis que esperar la llamada. En tu caso, Lena, delitos informáticos. En el tuyo, Duarte, la científica lleva años esperándote.
Avanzan unos cuantos metros en silencio.
Daniela prefiere no comentar que esa mañana, en mitad del baño de su jefe, su prueba de embarazo ha marcado un positivo. La científica tendrá que seguir esperándola.
El frío se hace más intenso.
—¿Qué pasará con Blázquez?
Moreno se detiene un segundo y las mujeres se giran para mirarlo.
—Blázquez ya ha decidido.
Durante unos minutos no se hablan. Pero al final asienten.
Tal vez esa paliza no fue como la han imaginado.
Tal vez no lo pillaron por sorpresa en los baños de la gasolinera.
Él conoce la zona, era consciente de que desde allí las cámaras no dejarían constancia de lo sucedido.
Tal vez fue él quien llevaba la barra metálica y se la ofreció al joven que antes trabajaba en la gasolinera.
Seguro que no tuvo que insistir demasiado.
Puede que incluso le sugiriera que grabara cómo le golpeaba una y otra vez en una rodilla.
El joven conseguiría un vídeo viral en el que, lejos de ser el verdugo, sería el héroe vengador.
El policía, declarado incapaz por un altercado en acto de servicio, conseguiría salir del cuerpo por la puerta de atrás.
Sin ruido. Sin sospechas. Con una incapacidad absoluta, aunque remunerada por ese sistema que tanto detesta.
Con la indemnización tal vez se compre una casa en el sur, lejos del frío de Ávila. Cerca del olor a mar de la playa de Bolonia en Cádiz. Tal vez Canarias. Lejos; lo que quiere es que sea lo más lejos posible.
—¿Qué pasará con la familia de Lucas? —pregunta Lena mirando directamente a Duarte.
—Les he contado toda la verdad. Espero que eso les ayude a avanzar en su duelo.
Lena abre la boca para decir que ella espera que no.
Que los padres no avancen, que vivan siempre en ese dolor porque ellos son responsables.
Un padre tan cegado por su propio sufrimiento que no miraba a su hijo.
Una madre tan desesperada por sentirse viva que dejó de ver todo lo que se apagaba a su alrededor.
Unos abuelos más preocupados por el qué dirán que por la verdad que ocultaba su nieto.
Un colegio en el que el niño que no da problemas es invisible.
Un sistema que no escucha, no ve, no protege, no cuida...
Una soledad impuesta a un niño que ni siquiera debería saber que esa sensación existe.
No, nadie merece paz.
Pero Lena no lo dice. No es necesario. Los tres llevan esa pena pegada al cuerpo. Los tres saben que Lucas no ha sido el primero, tampoco el último.
Vendrán más, tal vez, ese niño que está a punto de nacer, y no estarán ellos para descubrir la verdad.