No Alimentes al Vecino Capítulo 17
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Capítulo 17

T eo siguió caminando junto a Adrian después de leer el mensaje de Sofia, pero la conversación que había ocupado el trayecto desapareció.

El restaurante todavía estaba a unas cuantas calles y saber que Victor ya estaba fuera convirtió una distancia corta en demasiado tiempo para pensar.

Hasta unos minutos antes, Teo estaba bien.

Había salido de casa después de una noche en la que le había dicho a Adrian que lo amaba y había escuchado lo mismo de vuelta.

Ahora, cada paso reducía la distancia entre dos partes de su vida que nunca se habían encontrado de aquella manera.

Adrian lo notó antes de que Teo dijera nada.

—Te pusiste tenso —comentó, sin tocarlo.

—Mi padre está esperando allí.

—Lo sé. —Adrian miró hacia la calle frente a ellos—. Puedo ir por otro camino desde aquí. Nos despedimos ahora y tú sigues.

Teo giró el rostro hacia él. La oferta debería haberle producido alivio.

En cambio, recordó inmediatamente el brunch, la mano retirada, la silla apartada y la conversación que habían tenido después.

Adrian no estaba pidiendo que lo presentara a Victor como su novio.

Ni siquiera había sugerido entrar con él al restaurante.

Solo estaba ofreciéndole una salida porque conocía el miedo de Teo.

—No hace falta.

Adrian volvió la mirada hacia él.

—Teo, no me va a molestar.

—Lo sé. Pero no tienes que hacer eso.

—¿Hacer qué?

—Apartarte antes porque mi padre está ahí. —Teo respiró hondo—. No estamos haciendo nada malo.

Adrian lo observó durante unos segundos.

—Yo no dije que lo estuviéramos haciendo.

—Sé lo que quisiste decir.

—Y yo sé lo que estás intentando hacer. —Adrian mantuvo el tono tranquilo—. Solo que no tienes que demostrarme nada.

—No estoy intentando hacerlo.

—Entonces sigamos caminando.

Teo asintió. Era sencillo. Ya estaban caminando juntos antes del mensaje.

Adrian tenía un compromiso en otra dirección y seguiría su propio camino cuando llegara el momento.

Victor podía verlos. Si preguntaba algo, Teo no necesitaba inventar una explicación antes incluso de que existiera una pregunta.

Después de la conversación con Sofia, había pasado demasiado tiempo pensando en cuánto reaccionaba a situaciones que todavía no habían ocurrido. No volvería a hacerlo.

Consiguió creerlo durante casi una calle.

Cuanto más se acercaban al restaurante, más parecía ignorar su cuerpo las conclusiones a las que había llegado su cabeza.

Teo empezó a buscar a Victor entre las personas de la acera, después en las mesas exteriores y luego cerca de la entrada.

Adrian no comentó el cambio. Siguió a su lado, sin acercarse más ni crear distancia.

—Voy a seguir por la otra calle después de la esquina —dijo Adrian cuando ya podían ver la fachada del restaurante—. Así que no tienes que...

—Lo sé —lo interrumpió Teo—. Está bien.

Adrian asintió.

Teo vio la entrada.

No vio a Victor.

Durante unos segundos creyó que quizá su padre había entrado.

Entonces oyó su voz detrás de él.

—Teo.

Su cuerpo reaccionó antes de que se girara.

Los hombros se tensaron, el corazón se aceleró y la mano que estaba a pocos centímetros de la de Adrian se cerró junto a su cuerpo.

Victor venía desde el otro lado de la acera, probablemente después de haberse alejado de la entrada durante unos minutos.

Estaba solo y miró primero a su hijo y después a Adrian.

Lo reconoció casi inmediatamente.

—Adrian, ¿no? —preguntó Victor al acercarse—. El vecino.

Teo sintió a Adrian quedarse inmóvil a su lado.

—Sí. Buenos días —respondió Adrian con cordialidad.

Victor le estrechó la mano.

—Nos conocimos aquella vez en el apartamento.

—Me acuerdo.

Todavía no había pasado nada. Victor simplemente había reconocido a un hombre que ya conocía. Teo intentó aferrarse a eso. Podía dejar que la conversación siguiera. Adrian se marcharía. Victor entraría con él al restaurante. No había ningún motivo para crear un problema.

Victor volvió a mirar a los dos.

—¿Vinieron juntos?

La pregunta era sencilla.

Teo entró en pánico.

Dio un pequeño paso hacia un lado antes siquiera de darse cuenta de que se estaba alejando de Adrian.

—No. Quiero decir... vivimos en el mismo edificio. Adrian es mi vecino.

La palabra salió demasiado rápido.

Vecino.

Durante un instante, Teo dejó de oír todo lo demás.

Victor no se dio cuenta.

—Ah, sí. Es verdad. —Miró a Adrian—. El del apartamento de al lado.

Adrian tardó apenas un segundo en responder.

—Sí.

No hubo ningún cambio evidente en su tono. Ninguna ironía, ninguna acusación, nada que Victor pudiera interpretar como extraño.

—Milo todavía divide su vida entre los dos apartamentos y cree que eso es perfectamente normal —añadió Teo, intentando que la frase sonara ligera.

Adrian lo miró.

Teo supo inmediatamente que no debería haber continuado.

Victor soltó una breve risa.

—El gato que vive cruzando, ¿no?

—Ese mismo —respondió Adrian.

Sofia apareció cerca de la entrada antes de que la conversación pudiera continuar.

—Por fin —dijo mientras se acercaba—. Papá llegó temprano y ya estaba empezando a pensar que habían desistido.

Victor se giró hacia su hija.

—Dije que ya venían.

Sofia saludó a su padre y entonces vio a Adrian. La sorpresa duró poco.

—Hola, Adrian.

—Hola, Sofia.

Victor miró de uno a otro.

—¿Ustedes se conocen?

Teo sintió otra oleada de tensión.

—Lo conocí cuando fui a visitar a Teo —respondió Sofia con naturalidad, sin mirar a su hermano—. El famoso vecino de Milo.

—Demasiado famoso, aparentemente —comentó Adrian.

Victor pareció satisfecho con la explicación y volvió a prestar atención a la entrada del restaurante.

Adrian consultó la hora.

—Tengo que irme. Tengo un compromiso.

Teo lo miró.

—De acuerdo.

Adrian volvió a despedirse de Victor y Sofia.

—Que disfruten el almuerzo.

—Que te vaya bien en el trabajo —respondió Sofia.

—Hasta luego. —Victor asintió.

Adrian miró a Teo por último.

—Hablamos después.

No había ninguna amenaza en la frase. Eso hizo que Teo se sintiera todavía peor.

—Sí.

Adrian se marchó sin mirar atrás.

Teo lo siguió con la mirada durante unos segundos hasta que Sofia le tocó el brazo.

—¿Entramos?

—Vamos.

El almuerzo empezó pocos minutos después y Teo no consiguió prestar atención a casi nada.

Victor se quejó del tráfico, Sofia contó algo que había ocurrido durante la semana y los dos discutieron sobre un cambio que ella pensaba hacer en casa.

Teo respondía cuando lo incluían directamente, pero varias veces se dio cuenta de que alguien llevaba ya unos segundos esperando porque no había escuchado la pregunta.

—¿Estás trabajando demasiado otra vez? —preguntó Victor después de que Teo le pidiera que repitiera algo por segunda vez.

—Un poco.

—Tienes cara de cansado.

—La semana estuvo pesada.

—Entonces deja de aceptar más cosas de las que puedes hacer —dijo Victor mientras cortaba su comida—. No sirve de nada aceptar todo y después pasar el fin de semana agotado.

Teo estuvo a punto de responder que no era el trabajo, pero simplemente asintió.

Sofia lo estaba mirando.

Teo evitó su mirada.

Victor siguió hablando, aparentemente satisfecho con la explicación.

—¿Y aquel enchufe del apartamento? ¿Dejó de dar problemas?

—Sí.

—Te dije que era un mal contacto. Si vuelve a pasar, avísame antes de llamar a alguien.

—Te aviso.

Sofia seguía observándolo.

Teo cogió el vaso.

—Estás raro —dijo ella.

Victor ni siquiera levantó los ojos.

—Está cansado. Acaba de decirlo.

—Lo escuché.

—Entonces ya está.

Teo aprovechó la respuesta de su padre para cerrar la investigación.

—Solo es eso. Dormí poco.

Sofia no pareció creerle, pero no insistió delante de Victor.

El resto del almuerzo transcurrió sin ningún acontecimiento importante.

Precisamente eso hacía que todo fuera peor.

Victor estaba normal. Hablaba con sus hijos, criticaba una decisión de Sofia, preguntaba por el trabajo de Teo y hacía planes cotidianos.

No tenía la menor idea de que, fuera del restaurante, una palabra pronunciada por su hijo había destruido algo.

Cuando se despidieron, Victor todavía le pidió a Teo que avisara cuando llegara a casa. Sofia lo abrazó y le sostuvo el brazo durante un instante antes de soltarlo.

—Después me cuentas —dijo en voz baja.

Teo fingió no entender.

—¿Contarte qué?

—Ya sabes.

Victor llamó a Sofia unos pasos más adelante, y ella simplemente lanzó una última mirada a su hermano antes de marcharse.

Teo regresó solo al edificio.

Durante todo el camino intentó encontrar una versión de la conversación con Adrian que no terminara mal.

Podía explicar que lo habían tomado por sorpresa.

Que Victor había aparecido antes de que él estuviera preparado.

Que la pregunta había llegado demasiado rápido.

Que no había planeado llamar a Adrian su vecino para borrar la relación.

Técnicamente, ni siquiera había mentido. Adrian era su vecino.

El argumento le pareció peor cada vez que lo repetía mentalmente.

Cuando llegó a su piso, no entró en su propio apartamento.

Llamó a la puerta de Adrian.

No hubo respuesta.

Esperó y volvió a llamar.

Esta vez oyó movimiento. Adrian abrió unos segundos después. Llevaba otra camiseta y tenía el cabello todavía húmedo, probablemente acababa de ducharse.

—Hola.

No parecía furioso. Teo habría preferido que lo estuviera.

—¿Podemos hablar?

Adrian pasó unos segundos mirándolo antes de abrir más la puerta.

—Puedes entrar.

Teo entró. El apartamento era demasiado familiar. Ya sabía dónde dejaba Adrian las llaves, dónde guardaba los vasos, qué cojín solía elegir Milo y qué equipo de aquella mesa estaba preparado para el trabajo del día siguiente. Horas antes, aquella familiaridad había significado hogar.

Ahora parecía imposible ignorar que Victor no conocía ninguna parte de ella.

Adrian cerró la puerta.

—Quería explicarte lo que pasó.

—Sé lo que pasó.

—No creo que lo sepas exactamente.

Adrian caminó hasta la sala y permaneció de pie.

—Entonces explícamelo.