Capítulo 19 #2
—No me digas hola como si nada. —Deja su cerveza y abre los brazos—. Ven.
Me atrae a un abrazo antes de que pueda oponer resistencia y me pierdo en él por un segundo.
—Dios, te he extrañado, cielo.
—Yo también, Finn. —Me separo y él presenta a la morena a su lado como Sarah, su novia.
—Por fin puedo ponerle cara al nombre —me dice Sarah, tomándome la mano, sonriendo—. He oído hablar de Poppy por todos lados, me dio hasta celos.
—¿En serio? —pregunto, genuinamente curiosa. Cade puede haber limpiado mi reputación, pero seguro sus amigos sabían todo lo que él les contó, ¿no?
—¿Quién no ha hablado de ti, me pregunto? —Una voz conocida llega por detrás y me giro para encontrar a Mila, a quien abrazo sin pensarlo.
—¡Mila!
—Hola, Poppy. —Me aprieta con fuerza. Tiene el pelo más corto y no se le nota la barriga esta vez —aunque dado que las gemelas están ahora sembrando el caos con Leo y Daisy en la piscina, eso está justificado.
Diesel me mira desde detrás de ella, un reconocimiento cálido en los ojos.
El coach Martinez, apostado junto a la parrilla con unas pinzas, sonríe de oreja a oreja.
De verdad esperaba volver y encontrar gente que no quisiera saber nada de la chica de OnlyFans que armó un escándalo y desapareció.
En cambio, estoy en medio de un grupo que me mira como si me hubieran extrañado, en serio me hubieran extrañado, y no sé bien qué hacer con eso.
—Vamos —les digo, restando importancia con una risa ligera—. No pudo haber estado tan mal sin mí.
Todos se callan hasta que Finn lo rompe.
—Quiero decir, encontré al amor de mi vida mientras te fuiste, pero con lo de Cap… todo se volvió—
—Finn —lo corta el coach con rudeza—.
——una mierda —termina Finn sin perder el ritmo.
Miro hacia la piscina de reojo y encuentro a Cade sin esfuerzo —sostiene a Daisy con un brazo, sus deditos tironeando curioso de las puntas de su pelo, mientras la otra mano descansa en el hombro de Leo.
No parece, bueno… una mierda.
—¿Qué quieres decir? —pregunto a Diesel, que exhala por la nariz y deja pasar una culpa fugaz por su rostro.
—Después de que te fuiste, Leo enfermó. No podía comer, no paraba de llorar. Le pegó fuerte a Cap y él se sintió responsable de todo. Cuando descubrió la verdad sobre ti —la verdad real— pasó cada hora buscándote o manteniendo a Leo. No había espacio para mucho más. —Pausa—. Incluido el fútbol.
Conecto los puntos y lo miro con incredulidad. —¿Renunció?
—Renunció —asiente Diesel.
Pero no… no dijo nada cuando yo lo llamé señor Quarterback en la cafetería. No… ¿por qué renunciaría cuando no renunció por su esposa fallecida?
Finn toma un largo trago de su cerveza. —El primer partido que jugó después de que te fuiste? Poppy, he visto mejor para jugar de quarterback a un tipo con conmoción y dos dedos rotos.
El coach Martinez apunta con las pinzas hacia mí. —Fue el peor partido de su carrera, y he entrenado a ese hombre en partidos malos.
¿Por mí? No.
—Pues voy a… a buscar limonada —anuncio sin dirigirme a nadie en particular, ya girando hacia la casa—. Seguro que están sedientos.
Están con latas de cerveza fría y aun así no me invitan a quedarme.
Voy hacia la cocina cuando me topo con Jax, que está en el teléfono.
—…no me importa cómo lo juegues, Will, solo arréglalo. —Agarro el final de la conversación antes de que Jax cuelgue de inmediato.
—No sé si es tarde para decir esto —me sonríe—, pero me alegra verte de vuelta donde perteneces, Poppy. Te extrañamos por acá.
—Gracias, Jax, y yo también los extrañé.
—Tengo una parrilla al lado del coach que me está llamando, así que con permiso.
Vuelve afuera y yo me quedo un segundo pensando en cómo se conocen él y Will. Probablemente nada. Es un pueblo y hay más de un Will en Texas.
Además, tengo mis propias emociones y unas cuantas verdades que estoy ordenando, las manos me tiemblan mientras agarro una jarra de limonada del refrigerador y miro hacia afuera por las puertas de vidrio.
En vez de encontrar a Cade, veo a tres hombres parados en la esquina lejana de la terraza con cervezas en la mano.
Los mismos hombres del estacionamiento de Della hace cinco años, los que pusieron ese video en la pantalla de un teléfono y se rieron mientras decían lo que dijeron.
Puta local.
Cap te tiró una vez y se dio cuenta de que tener una puta no valía la pena.
Dejo caer la jarra y el vidrio estalla por todo el piso.
Cade aparece de la nada, plantándose con cuidado entre mí y el desastre. Me revisa antes de susurrar: —No te muevas.
No me muevo, porque mis ojos están pegados a los hombres afuera.
—¿Por qué renunciarías al fútbol por mí?
—le pregunto—. ¿Por qué harías eso cuando tú…
—mi voz se quiebra— …cuando corriste el rumor de lo que habías hecho conmigo?
Cuando dejaste que todos supieran que habías dormido conmigo y me tiraste al día siguiente?
¡Cuando mandaste a esos imbéciles a dejarme claro exactamente lo que valía para ti!
Se queda completamente quieto.
—Yo no difundí ningún rumor —me suelta las palabras casi a la fuerza—.
Lo que pasa entre tú y yo es mío. Se queda entre nosotros.
No se lo cuento a nadie. —Pisa el vidrio roto como si no existiera, cerrando la distancia entre nosotros hasta que tengo que alzar la barbilla para sostener su mirada—.
Dijiste que unos tipos vinieron tras de ti.
¿Los que te asustaron en el Della's hace cinco años? ¿Qué te hicieron, preciosa?
Aprieto las manos contra el pecho —un recurso pobre para protegerme del dolor.
—Me llamaron puta. Me dijeron que no era de extrañar que me hubieras dejado después de una noche. Que un hombre como tú no iba a mantener a una mujer como yo.
El cambio en sus ojos es inmediato y absoluto, un contraste brutal con el hombre que me besó la frente anoche y pasó la noche sujetándonos a Daisy y a mí.
Por medio segundo juro que los bordes de sus ojos destellaron en dorado, desaparecido antes de que pudiera decidir si lo imaginé, y todo su cuerpo se tensa como si estuviera captando algo que yo no puedo oír ni oler.
—Señálamelos, nena.
No les debo nada a esos hombres, y menos protegerlos de las consecuencias de sus propias bocas, así que los señalo uno por uno.
Cade ya está saliendo antes de que baje mi brazo.
Lo veo acercarse a Diesel primero, inclinarse y decir dos palabras, quizá tres.
Veo los ojos de Diesel abrirse de golpe antes de que se vuelva hacia Mila, y entonces la veo recoger a Daisy, a Leo y a sus gemelas y llevar a los cuatro niños hacia la casa.
Daisy y los otros chicos desaparecen hacia la sala, encantados e inconscientes de todo.
Mila se planta junto a mí en la puerta corrediza, lo bastante cerca como para que nuestros hombros casi se toquen mientras observamos lo que ocurre afuera.
—Me encanta un hombre alfa celoso —se ríe—. ¿A ti no?
Afueran, Cade dice algo a los tres.
Es corto, porque lo siguiente que vemos es su puño conectando con la mandíbula del más alto con tal fuerza que el hombre sale tambaleando y cae directo a la piscina.
Los otros dos no tienen tiempo de reaccionar antes de que Cade ya esté sobre ellos, y uno acaba también en el agua con su amigo, mientras el tercero apenas logra correr unos metros antes de que Cade lo agarre por el cuello y lo tire también.
Luego, aparentemente no satisfecho, se mete al agua tras ellos.
Mila se ríe a carcajadas.
Diesel, Finn y Jax miran cómo los invitados se dispersan en direcciones distintas.
Yo estoy ahí, viendo a un hombre que pensé haber olvidado pelear por mi honor de una forma que ningún hombre ha hecho en mis veintiocho años de vida.
Está empapado, sangrando y jodidamente ardiente mientras lo hace.