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Nadie podía saber cuál era mi relación con Macarena.
Era un detalle demasiado personal, un cabo suelto que podía arruinarlo todo si salía a la luz .
Este proyecto tenía que llegar a ser grande.
No, grande no , colosal y cuando lo fuera, cuando todo el mundo lo reconociera como un hito de la ciencia y la innovación, mi venganza con Maca quedaría resuelta.
Ella había entrado en mi vida como un torbellino, arrasando con mis planes en el pasado de una manera que aún me quemaba por dentro.
Todo lo que sucedió entre nosotros no podía quedar sin respuesta.
Por años lo camuflé como ambición profesional, como una búsqueda científica pero, en el fondo, era algo mucho más visceral.
¿Venganza? Quizá suena demasiado crudo, pero lo era. No de la forma violenta que aparece en las películas, sino de ese tipo de revancha que te carcome en silencio, que se construye ladrillo a ladrillo mientras trazas un plan para recuperar lo que perdiste o destruir a quien te lo quitó.
El destino había jugado su parte al ponerla en mi camino otra vez.
Fue un golpe de suerte, o una de esas ironías que sólo la vida puede orquestar.
Ella no tenía ni idea de que mi interés en incluirla en el estudio no era solo profesional.
Macarena creía que era una participante más, elegida por criterios científicos.
Qué inocente. Pero para mí, ella era más que la P aciente 0 , era el detonante perfecto para definitivamente romper el círculo, quitarme esa espina que tenía astillada.
Mi obsesión con Maca era algo que mantenía cuidadosamente oculto. Laura, César, ni siquiera mis colaboradores más cercanos tenían idea de esa conexión. Si alguien se enteraba, mi credibilidad, mi proyecto, mi posición, todo, se derrumbaría como un castillo de arena.
Cada vez que revisaba los datos del estudio y veía su nombre codificado entre los sujetos de prueba, sentía una mezcla de satisfacción y ansiedad. Ella estaba ahí, bajo mi control, y eso era todo lo que necesitaba para que el plan avanzara.
El proyecto no era solo una investigación científica , era mi redención. Cada día que pasaba, cada paso que dábamos en el laboratorio, me acercaba más a ese momento final en el que podría mirarla a los ojos y dejarle claro quién había ganado.
Había planeado todo al milímetro . C ada movimiento, cada decisión, cada ficha colocada estratégicamente en su lugar .
N ada se me escapaba o, al menos, eso creía .
P orque en algún momento, sin que lo viera venir, todo se torció.
Alguien había estado moviendo piezas en la sombra, con la paciencia suficiente para esperar el momento exacto, lo suficientemente inteligente como para adelantarse a mí y lo peor de todo : a lguien lo suficientemente osado como para sacar a Macarena de la ecuación.
No ha bía rastro, ni cámaras que la h ubieran registrado saliendo, no ha bía informes que expli cas en su ausencia .
U n día estaba ahí y al día siguiente, se había esfum ado.
Y eso solo significaba una cosa . A lguien est aba jugando contra mí, alguien de dentro, con información muy confidencial y muy sensible, información que en las manos equivocadas podría destruir mi legado.
Si Macarena est aba libre, significaba que ha bía una historia que p odía contarse, que había preguntas que p odían empezar a responderse .
L a verdad, la que h abía mantenido enterrada todo este tiempo, podría salir a la luz .
N o p odía permitirlo, ahora no, cuando est aba tan cerca de consolidar el Proyecto Libertad.
Ten ía que descubrir quién est aba detrás de eso . E se había pasado a ser mi objetivo principal, cortar la amenaza antes de que cre ciera . En este juego n o ha bía lugar para m á s errores.
Cuando llevas tanto tiempo jugando con ventaja, cuando cada movimiento ha sido calculado al detalle, cuando crees que controlas todas las variables, hay algo que inevitablemente ocurre: te acostumbras a ganar . E se fue mi error.
Durante demasiado tiempo, fui el arquitecto de cada decisión dentro de Baner.
Mis órdenes no se discutían, mis planes se ejecutaban sin preguntas, mi visión era la única que importaba .
P ero de repente, alguien había decidido desafiarme, alguien había decidido jugar en mi propio tablero sin permiso, y lo iba a pagar muy caro .
L a joya de la corona, mi experimento más valioso, estaba suelta por ahí, con información que podría destrozarlo todo.
No podía permitirlo. Así que utilicé todos mis recursos para traer a Macarena de vuelta.
En mi mundo, las cosas no se escapan, las cosas no desaparecen, se controlan . S i alguien creía que podía quitarme a mi P aciente 0 sin consecuencias, estaba a punto de descubrir qué pasa cuando me toman por un idiota.
La primera regla cuando algo se te escapa es no perder la calma .
L a desesperación es para los débiles, para los que creen en las oportunidades perdidas .
Y o no soy de esos, no creo en el azar, ni en las casualidades.
Si Macarena salió de Baner, fue porque alguien la ayudó y ese alguien cometió el error de pensar que yo no lo encontraría .
Si hay algo que el mundo ha demostrado, es que la verdad no es suficiente .
L a gente no cree en los hechos, cree en la historia más convincente .
A sí que mientras mis hombres buscaban a Macarena, yo me aseguré de que cuando la encontraran, su testimonio no valiera nada.
Un par de expedientes alterados aquí, unas evaluaciones psiquiátricas que dem o stra ban inestabilidad emocional allá, unas declaraciones filtradas que sug erían que p odía haber sufrido episodios de paranoia antes de su desaparición y listo.
Si lograba hablar, nadie la tomaría en serio .
S i alguien la escuchaba, la verían como una paciente desorientada, no como una testigo clave.
Macarena Banderas no iba a ir a ninguna parte .
Podía correr , esconderse,intentar buscar aliados pero, lo que ella no ent endía , lo que ninguno de ellos ent endía , es que yo no soy de los que pierden .
N o lo he hecho nunca y no voy a empezar ahora .
A sí que iba a encontrarla, a traerla de vuelta y a asegurarme de que no v olviera a ser un problema.
Cuando todo esto acab ase, l os únicos que recordar ía n su existencia ser ía mos los que necesit ába mos que sig uiera siendo solo un número más en el expediente del Proyecto Libertad.
El tiempo apremiaba. Algo estaba cambiando.
Desde la desaparición de Macarena del centro, la presión había aumentado.
Nadie lo decía abiertamente, pero podía sentirlo.
Una tensión sutil, casi imperceptible, que se colaba en los pasillos, en las miradas de los empleados, en los correos electrónicos crípticos de mis contactos.
¿Y si alguien sabía más de lo que debía?
¿ Y si el topo que tanto temía estaba mucho más cerca de lo que creía?
Si quería que este proyecto se convirtiera en el legado que estaba destinado a ser, tenía que ser más cuidadoso que nunca .
Lo primero era encontrar a Maca y traerla de vuelta.
No importaba cómo, no importaba a qué precio.
Ese maldito juego del gato y el ratón que estábamos jugando tenía que terminar.
Lo segundo, claro está, era cargarme al topo.
No literalmente claro , aunque, siendo sinceros, en esos momentos no me habría importado demasiado que alguien más se encargara de esa parte.
La cuestión era estratégica . Si encontraba a Maca primero, podría usarla para descubrir quién había traicionado mi confianza. Porque, seamos realistas, ella no se habría escapado sin ayuda. El centro era prácticamente un búnker, diseñado para que nadie saliera sin que yo lo supiera.
Mandé a mis mejores hombres a rastrearla. Les di órdenes claras: nada de sutilezas. Cada movimiento, cada palabra que hubiera dicho en las últimas semanas, cada interacción, todo debía ser investigado al milímetro. Y si hacía falta, había que remov er cielo y tierra hasta dar con ella.
Revisé cada informe, cada conversación, cada mirada que recordaba haber cruzado con mi equipo.
Empecé a sospechar de todos. Era paranoico, lo sé, pero en ese momento no podía confiar en nadie.
Incluso Laura, mi Laura, tenía un aire de misterio que me hacía cuestionarme cosas que nunca antes había cuestionado.
« No puedes fiarte de nadie, Jorge » me decía a mí mismo . Y no podía. Pero tampoco podía permitirme dudar demasiado. La clave era actuar rápido.
Mientras tanto, las cosas en Baner seguían funcionando. Mi equipo de relaciones públicas había hecho un trabajo impecable; el mundo aún creía en nosotros. Ellos veían un líder carismático y visionario . Yo veía a un hombre en llamas, dispuesto a quemarlo todo con tal de ganar.