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La gente cree en el azar porque es más fácil que aceptar la verdad. Prefieren pensar que la vida es una ruleta impredecible, que el destino juega con nosotros, sin que podamos hacer nada para evitarlo . P ero yo sé que hay acontecimientos que no son casualidad.
Ciertos accidentes se planean . A veces, los frenos fallan en el momento justo . H ay muertes que se escriben mucho antes de que ocurran y aunque Daniel Miralles no murió aquella noche, debería haberlo hecho. Ese fue mi único error y, ahora, ese error ha despertado.
Tomé la decisión con la misma frialdad con la que resuelvo cualquier inconveniente.
Daniel no era solo un médico rebelde con delirios de grandeza, era un hombre peligroso .
P orque no era comprable, no aceptaba la versión oficial de las cosas, cuando miraba a alguien, lo veía de verdad y a m í me había calado desde el principio.
Como si supiera que detrás de mi sonrisa, de mi discurso impecable, había algo más .
L o vi en sus ojos desde el primer momento y supe que, tarde o temprano, me haría la pregunta que nadie más se atrevía a hacer.
No podía permitírmelo con todo lo que estaba en juego, así que tomé medidas.
Diseñé un fallo mecánico, una carretera sin escapatoria, un impacto calculado.
Un accidente que nunca dejaría cabos sueltos.
Pero entonces, Laura se subió al coche .
Y por primera vez en mucho tiempo, dudé.
Laura nunca debía haber estado ahí, el plan estaba diseñado para un solo pasajero, para que el golpe fuera letal, limpio, sin testigos .
C uando recibí la notificación de que el accidente había ocurrido, me sentí satisfecho, hasta que escuché su nombre.
La ura, ilesa, un l igero golpe en la cabeza, algunas magulladuras. Nada grave.
No era el resultado que esperaba, pero tampoco era un problema .
D e hecho, fue la mejor jugada que el destino pudo hacerme , porque mientras Daniel entraba en coma , Laura quedaba completamente en mis manos .
L a convertí en mi mejor proyecto, mi mejor inversión,mi legado y, cuando estuv o lista, la p use al mando del Proyecto Libertad.
Con Daniel fuera de juego, Laura estaba en su punto más vulnerable .
S ola, confundida , b uscando un pilar al que aferrarse .
Y o ya estaba allí, listo para ser justo eso.
Fui quien se quedó a su lado cuando todos desaparecieron, quien le dio seguridad cuando ella solo tenía dudas, el que la recordó que su trabajo importaba, que su mente era única, y que el mundo la necesitaba.
Laura era mi mejor inversión y ahora, sin Daniel ya no había nadie que la hiciera cuestionar si estaba en el lado correcto.
El embarazo fue un inconveniente . No me malinterpretes , n o porque me importara, ni porque sintiera pena o preocupación, sino porque llegó justo cuando tenía todo listo para ejecutar mi obra maestra,
cuando su nombramiento como directora del Proyecto Libertad estaba a punto de consolidarla por completo dentro de Baner .
Fue la primera vez en mucho tiempo que algo me pilló desprevenido.
No me alteré, intent é sonar emocionado, que pareciera que me alegraba por ella y simplemente adapté el plan .
L a estrategia no cambiaba, solo el ritmo .
P orque ahora, Laura iba a necesitar más apoyo que nunca y , si había algo que yo sabía hacer, era convertirme en la única opción posible.
Así que decidí esperar. Dejar que la fatiga, el miedo y la incertidumbre hicieran el trabajo por mí.
P orque cuando la gente está al límite, busca algo a lo que aferrarse y yo iba a convertirme en eso, en su refugio, cuando llegara el momento perfecto .
Cuando ella sintiera la necesidad de volver a la ciencia y a todo aquello que había llenado su vida antes de ser madre, yo estaría ahí.
Porque sabía que no había nada más grande que aquello que ahora tenía entre sus brazos.
No fue un golpe inmediato, sino una victoria lenta, silenciosa, que se asentó en los meses siguientes mientras yo me aseguraba de que Laura encontrara en mí el único apoyo que le quedaba .
M ientras la envolvía con la certeza de que sin mí no podría seguir adelante, mientras la empujaba sin que se diera cuenta hacia el único destino posible: su nombramiento como directora del Proyecto Libertad.
Ella lo creyó . U na oportunidad, un reconocimiento a su talento, un escalón más en su brillante carrera científica pero, en realidad, solo fue la confirmación de que yo ya lo controlaba todo .
Al menos eso pensé en un principio porque, por primera vez en mucho tiempo, cometí un error. Creí que el pasado podía quedar enterrado,creí que los muertos nunca volvían y, entonces, Daniel despertó.