Niebla mental 1 0
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Laura seguía con la mirada perdida . C omo si todavía no pudiera procesar que Daniel est uviera ahí, hablando al mundo, completamente transformado .

P ero yo no tenía tiempo para sentimentalismos, si queríamos hundir a Jorge necesitábamos a Daniel y para que Daniel entrará en el juego, necesitábamos a Laura . A sí que solté la bomba sin rodeos.

—Maca está dentro.

Laura parpadeó.

—¿Qué?

—Macarena. Ya está en el plan —d ejé que eso se asentara antes de soltar la segunda parte — . Ahora solo falta Daniel.

Ella me miró con una mezcla de incredulidad y angustia.

—César, no.

—Laura, sí.

Negó con la cabeza, levantándose del sofá como si la sola idea le quemara.

—No entiendes lo que me estás pidiendo.

Me puse de pie también, sin intención de dejarla escapar.

—Claro que lo entiendo. Y tú también. Sabes que es el único que puede hacer esto .

Laura se llevó las manos a la cara, frotándose las sienes.

—Si Daniel descubre la verdad…

—Daniel no tiene porque descubrir la verdad si t ú no quieres . P uedes seguir siendo un fantasma, podemos crear un alias para ti.

Se quedó en silencio, pero no se negó.Porque ella lo sabía .

S abía que Daniel tenía la voz, la credibilidad y la rabia suficiente como para ser la peor pesadilla de Jorge.

Yo no era insensible, no quería joderla .

P ero la alternativa era dejar que Jorge siguiera con sus planes, y eso no era opción.

Así que le puse la última carta sobre la mesa.

—Si no lo hacemos ahora, no vamos a tener otra oportunidad.

Laura apretó la mandíbula, respiró hondo y cerró los ojos . C uando los abrió, ya no había miedo en su mirada, solo firmeza .

—Dime el plan.

El plan era claro : contactar con Daniel, contarle la verdad y convencerlo de que, cuando Macarena saliera, la ayuda se a hacerlo público .

P ero Daniel no era un tipo fácil de manipular, no era alguien que simplemente acepta se lo que le dijeran, sin pruebas .

S i queríamos que entra se en el juego, teníamos que darle algo sólido. Algo que no pudiera ignorar.

Laura y yo nos quedamos horas perfilando la mejor forma de acercarnos a él.

—Si lo contactamos directamente, nos va a mandar a la mierda.

—Lo sé.

—Si intentamos llegar a él a través de su comunidad, tardaremos demasiado.

—También lo sé.

Suspiré y me pasé una mano por la cara.

—Entonces solo nos queda una opción.

Laura me miró con cautela.

—¿Cuál?

Le sonreí.

—Hacer que Daniel venga a nosotros.

M iré a Laura . E lla seguía con la mirada fija en la pantalla, como si estuviera en otr a época , en otro lugar . C omo si en su mente no estuviera viendo al Daniel de ahora, sino al que dejó atrás.