Niebla mental 1
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Así que ahí estaba yo, haciendo clic en un anuncio que prometía lo imposible .

L o que nunca conté a nadie es que no fue solo por trabajo, aunque me convenciera a mí misma de que era así .

F ue por curiosidad, por ese vacío que llevaba meses arrastrando y que, en el fondo, esperaba llenar con algo, lo que fuera.

El anuncio no era nada especial, al menos no a simple vista . F ondo blanco, texto negro, sin imágenes llamativas ni música de fondo, solo una frase: “Descubre el camino a la verdadera libertad” . D ebajo, un botón que decía: “Más información”.

Ese mensaje, tan simple y directo, fue suficiente para captar mi atención . T al vez porque, en ese momento, libertad era lo que más deseaba . L iber arme de mi cansancio, de mi confusión, de esta sensación constante de estar atrapada en una vida que ya no reconocía como mía. Hice clic.

La página que se abrió era igual de minimalista .

P rometía un estudio revolucionario sobre bienestar integral, un proyecto que combinaba lo último en neurociencia y salud emocional .

D ecía que estaban buscando participantes para un programa exclusivo, personas dispuestas a cuestionar todo lo que sabían sobre su cuerpo, su mente y su potencial.

Sonaba a pseudociencia o, al menos, eso habría dicho la versión de mí misma de hace un par de años .

P ero ahora, con el agotamiento nublándo m e la mente y sin ninguna otra respuesta, era difícil no sentir curiosidad .

M e quedé mirando la pantalla durante un rato .

P odía cerrar la pestaña y olvidarme de todo , o podía llenar el formulario y ver a dónde me llevaba.

Sabía lo que tenía que hacer. « Solo será una parte más de la investigación » me dije. Nada que perder , hice clic en inscribirme.

Todo parecía tan simple, tan convincente…

y en mi cabeza pensé: « ¿Qué podría salir mal? »

. A veces me sorprendo de lo crédula que puedo llegar a ser cuando me tocan en el punto débil .

P ero, ¿acaso no somos todos un poco así?

N adie te lo dice, pero vivimos buscando atajos, pequeñas soluciones a problemas complejos .

E so sí, no lo confesamos porque suena mal, poco sofisticado .

P ero ahí estaba yo, buscando mi solución mágica en un anuncio de Instagram.

Rellené el formulario, y esperé . No pensaba en una respuesta inmediata, pensé que mi solicitud se perdería entre tantas otras, pero menos de 24 horas después, recibí un correo.

“ Gracias por inscribirte . H as sido preseleccionada para participar en el Proyecto Libertad . P ara completar tu ingreso, necesitamos una breve entrevista. ¿Estás disponible mañana a las 10:00 AM? ”

Mi instinto de periodista me decía que era demasiado fácil, que algo no cuadraba . P ero mi lado más humano, el que estaba cansado de sentirse perdido, no dudó ni un segundo.

“ Estaré disponible ” , respondí.