CAPÍTULO 11 #3
—Tengo que admitir —dijo por fin— que entiendo la lógica de Evie. ¿Por qué iba a quemar su propia casa, sobre todo sin llevarse primero sus pertenencias personales?
—¿Tanto apego tenéis las mujeres a vuestro jersey favorito?
—Me refería más bien a su bebé. Está embarazada de cinco meses, probablemente ya haya comprado un par de cosas, además de las ecografías y las fotos del antes y el después.
No me imagino a ninguna futura madre destruyendo esas cosas.
A menos, claro está, que se las llevara antes de matar a Conrad.
Durante el primer reconocimiento de la escena del crimen, ¿viste algún objeto relacionado con el bebé?
—La verdad es que no me fijé —confesó Phil—, pero tenemos muchas fotos de la casa. Podemos revisarlas. Tengo otra idea acerca del incendio.
—¿Cuál?
—Evie cosió el ordenador a balazos, ¿verdad? Diría que eso era lo que quería destruir. Y lo hizo. Entonces, ¿qué sentido tiene volver para provocar el incendio, con el riesgo que eso conlleva?
—Crees que, cuando destruyó el portátil, también eliminó su implicación en el caso.
—Lo que creo es que sabe manejar armas de fuego.
D. D. no podía discutir eso. Volvió a mirar la casa destrozada.
—Comencemos de nuevo. ¿Qué sabemos? Hace dieciséis años, el padre de Evie fue asesinado a tiros en su propia casa.
—Y ahora Evie dice que no fue ella. Pero su versión sigue siendo objeto de debate —aportó Phil.
—¿Podría haber sido un suicidio? —sugirió D. D.—. Sin duda, la madre podría haber querido ocultar algo así. Sin embargo, Evie no ha dicho que viera algo más aparte del cuerpo de su padre y la escopeta.
—Siempre y cuando esté diciendo la verdad.
—Phil la miró—. Aunque no tengas registros de las salpicaduras de sangre que presentaba Evie, debes tener fotos de la escena del crimen con el cadáver.
Pídeles a los forenses que vuelvan a analizar el ángulo del disparo.
Así sabrás dónde estaba el tirador y si Hopkins pudo haberse disparado a sí mismo.
—Bien pensado. De acuerdo, entonces tenemos un homicidio por arma de fuego de hace dieciséis años, y todo apunta a que fue encubierto de alguna manera. El tema queda olvidado hasta ayer, cuando el marido de Evie también muere tiroteado.
—Conrad Carter —dijo Phil—. El tipo de persona que le caía bien a todo el mundo pero que nadie conocía en el fondo. Excepto quizá tu informante, Flora Dane, que afirma haberlo conocido en un bar con Jacob Ness.
El tono de Phil daba a entender que aún tenía sus dudas. D. D. se encogió de hombros. Con Flora todo era posible, aunque D. D. no tenía constancia de que hubiera mentido. Le había omitido verdades, eso sí, pero mentirle...
D. D. retomó la historia:
—No hay antecedentes de llamadas por altercados domésticos ni pruebas de que hubiera tensiones entre Conrad y Evie. Pero, según su compañera de trabajo, Evie estaba pasando por momentos de mucho estrés.
Phil asintió.
—Lo que nos lleva a Evie Carter, embarazada de cinco meses y relacionada con un tiroteo accidental que ocurrió cuando era menor de edad. Sin embargo, su expediente ha estado limpio desde entonces.
—Compraron la casa juntos hace cuatro años.
Ambos tienen trabajos con horarios diurnos de lunes a viernes y se dedican a reformar la casa los fines de semana.
Nada fuera de lo común —dijo D. D. por fin, frunciendo el ceño—.
Según todos los indicios, era una pareja joven normal, si no aburrida, que estaba construyendo una vida y formando una familia. Hasta anoche.
—Tres disparos al marido. Doce al ordenador. Ocho minutos entre un tiroteo y otro.
—Ese intervalo de tiempo nos va a matar en el juicio.
—Nos queda tu teoría, según la cual Evie aprovechó esos ocho minutos para recuperar algo del ordenador antes de destruirlo. Debió esconderlo en algún lugar de la casa; de lo contrario, lo habrían encontrado durante el registro.
—¿Y luego quemaron la casa para eliminar eso que recuperó?
Phil se encogió de hombros.
—Eso implicaría que alguien más sabía que escondió algo. Todavía estamos procesando los registros telefónicos de Conrad y Evie. Es posible que encontremos algo.
—¿Una llamada telefónica justo después del tiroteo?
—Sería una prueba casi definitiva. Y tenemos una cronología muy precisa de la noche, con o sin intervalo de ocho minutos. Los vecinos llamaron al oír los primeros disparos. Las policía estaba en el porche de la casa cuando se produjeron los siguientes. No se puede discutir eso.
D. D. suspiró.
—Ojalá el portátil de Conrad siguiera intacto. Parece que ahí se esconde la clave de este rompecabezas.
—Sabemos que Evie tiene acceso a un ordenador en el trabajo. Lo investigaremos. Es sorprendente lo que el historial del navegador puede revelar sobre una persona.
—»¿Cómo quemar una casa y tener tiempo para escapar?» —recitó D. D. con sequedad.
—Por ejemplo. Y aún nos queda una última cuestión por considerar: si había... o hay... una conexión entre Conrad Carter y Jacob Ness...
D. D. comprendió a qué se refería.
—Internet está lleno de delincuentes.
Phil suspiró.
—No puedo creer que vaya a decir esto, pero... tu informante, la pirada... puede que sea de ayuda.