Capítulo 49
CURLY EVANS
A veces el amor no salva solo sobrevive entre las cenizas.
—¿Y no sabes de qué se trata?
Me encogí de hombros mientras ella apuntaba con el mando y encendía la televisión por cable.
—Ni zorra idea… —bufé—, pero viniendo de él… cualquier cosa me espero.
Estábamos en mi habitación de la mansión de mis progenitores, en Binghamton, tiradas de cualquier manera sobre la alfombra, pintándonos las uñas de los pies como dos crías sin nada mejor que hacer y comiendo galletitas Oreo a puñados, cuando el mundo decidió parar en seco.
Porque entonces… apareció él en la pantalla.
Tyler Lewis, mi hombre de negro.
Y joder… seguía estando insultantemente guapo, de esos hombres que dan rabia solo por existir, de los que te joden la vida sin despeinarse. Vamos, ¡que estaba de toma pan y moja!
—Tía, sube el volumen…
Se lo solté a Brooklyn, porque la entrevista ya había empezado y no me estaba enterando de una mierda.
Al final, tras varios minutos de preguntas sobre la próxima carrera en el Indianapolis 500, Tyler hizo de las suyas. Le arrancó el micrófono al reportero, tal cual, miró directo a cámara. Y entonces… la soltó.
—Aprovecho para deciros, antes de que lo publiquen en alguna revistucha de mierda, que mi prometida, Claire Donovan, y yo… hemos roto la relación.
Se hizo un silencio raro.
Denso.
—Y no voy a hacer más declaraciones al respecto.