Capítulo 46
TYLER LEWIS
La última carrera
Me quedé en shock cuando, al querer contactar con la pelirroja días más tarde, no fue ella quien respondió al teléfono, sino una tal Brooklyn Steinfield.
—¿Sí?
No era su voz, ni de lejos.
—¿Curly?
—No… está indispuesta —respondió la chica al otro lado, con la voz rota, como si estuviera aguantando el llanto o algo parecido.
Fruncí el ceño.
No la conocía de nada, no tenía la más mínima idea de quién coño era, pero algo en su tono… no encajaba.
—Pásamela.
—No puede ponerse ahora.
Demasiado rápido, demasiado tenso todo y enseguida se me activaron todas las alarmas de golpe.
—¿Qué coño está pasando?
Silencio.
Un segundo.
Dos…
¡Ni siquiera di tiempo a un tercero!
—Escúchame —bajé la voz una octava, pero con ese tono que no admite discusión—. Dime dónde está. Ahora.
La respiración de la chica se entrecortó al otro lado de la línea. La oí tragar saliva… y ahí lo supe.
Algo jodido había pasado y yo no estaba para hostias. Porque cuando Curly se rompía… todo a su alrededor se iba a la mierda detrás.
—¿Dónde está? —espeté, más seco, más cortante.
Un sudor frío me recorrió la espalda. De esos que no fallan. De los que te avisan de que algo va muy mal.
—En mi apartamento en el Barrio de Brownsville.
—¿Y por qué no puedo hablar con ella?
—Debe descansar… —dudó—… ha sufrido un aborto y…
¿Aborto? ¿Estaba embarazada?
—Se lo han practicado en una clínica clandestina e ilegal y… ha perdido mucha sangre y…
Se me heló la sangre cuando terminó de hablar y se rompió del todo. Y entonces la oí llorar, sin control.
Pero, ¿qué cojones…?
—¡Dame la puta dirección!
Se me cortó la respiración, el puñetero pulso se me disparó de golpe y colgué sin despedirme.
¡A la mierda todo!
Me calcé las deportivas de cualquier manera cuando me la dio, me enfundé la chupa de cuero y cogí las llaves de mi Ducati 916.
Salí a la carrera, sin pensar, con la cabeza hecha un puto caos. Porque no sabía si llegaba tarde, si seguía viva o si iba a volver a verla alguna vez más.
Y esa idea… esa puta idea… fue lo único que consiguió meterme el miedo en el cuerpo de verdad.