New York (Skyline 2) Capítulo 45
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Capítulo 45

CURLY EVANS

La bomba en directo

Sí, así de triste, así de miserable. Mi brillante idea fue no usar condón. ¡De puta madre, Curly! Pero eso daría para otra novela… y ahora mismo no estaba para recrearme en lo imbécil que había sido.

Sí, fue la peor decisión de mi vida. Y aun así… no me arrepentía. Nunca lo hacía, porque primero elegía y luego pagaba. Y ahora no había vuelta atrás.

Así que me planté en su apartamento de Park Avenue y entré sin pedir permiso.

Con dos ovarios. Los únicos que parecían funcionar en toda aquella jodida historia.

Algo tenía que haber servido la educación enfermiza de mi madre, Susan Elisabeth Andrews: no flaquear, no doblarme, no romperme delante de nadie.

Y menos delante de él.

—¿Qué coño haces aquí? No puedes presentarte en mi casa sin avisar.

Ni le respondí y me colé dentro.

—¿Eres dura de oído o qué?

—Me prometiste un papel protagonista —solté, girándome despacio—. Y sigo esperando el puto guion.

—Cuando lo tenga, ya te llamaré.

—Claro. Seguro.

Recorrí su salón con la mirada. Cutre, ostentoso, pretencioso… como él.

Y entonces fui al grano.

—Estoy embarazada.

—Enhorabuena —escupió con una sonrisa torcida—. Dale recuerdos al padre.

Solté una risa seca.

—Es tuyo, Henry.

Se quedó blanco un segundo. Uno. Y luego… se descojonó en mi cara.

—¿Me estás tomando el pelo? Ni tú sabes de quién es. Mírate… una como tú, a saber con cuántos te has abierto de piernas este último mes.

¡Cabrón!

Levanté la mano dispuesta a partirle la cara de un bofetón, pero me la agarró antes de que le rozara la piel. Fuerte. Seco.

—¡Eres un maldito hijo de puta! —escupí entre dientes.

—Y tú sabías perfectamente con quién te estabas metiendo —replicó, sin soltarme—. Así que ahora no vengas de víctima.

Nos quedamos ahí, a centímetros, respirándonos el asco que sentíamos el uno por el otro en la cara. Yo con la mandíbula apretada. Él con esa sonrisa de mierda que daban ganas de arrancarle a golpes.

—Tengo contactos —aseveró al final, como si nada—. Gente discreta. Esto se soluciona rápido y nadie se entera.

Hizo una pausa.

—No querrás traer al mundo un bastardo, ¿no?

Ahí sí… ahí me dolió. No por él. Por lo que tenía de razón.