CAPÍTULO 14 #2
En el colegio, Margot bajó primero. Larissa se quedó unos segundos con una mano en el cinturón.
—¿Estás bien? —preguntó Claire.
—No lo sé.
—Si quieres que venga a buscarte antes, mándame un mensaje.
Larissa abrió la puerta.
—No prometas antes de saber si puedes.
Claire la miró.
—Puedo.
—Tú también tienes trabajo.
—Larissa, puedo ir a recoger a mi hija al colegio.
—Ya lo sé. Solo que no tienes que dejarlo todo cada vez que yo tenga un mal día.
Claire apretó las manos sobre el volante.
—No lo estoy dejando todo.
Larissa la miró y después miró hacia el edificio.
—Vale.
Bajó antes de que Claire pudiera responder.
Cuando Claire volvió a casa, el coche del final de la calle seguía allí. Entró con el suyo en el camino sin mirarlo y encontró a Scott en la mesa de la cocina, otra vez con las gafas puestas.
—¿Queda café? —preguntó.
—He hecho otra cafetera. El tuyo estaba frío.
Claire se detuvo junto a la máquina.
—¿Lo has tirado?
—Sí.
—Podría haberlo recalentado.
Scott levantó la vista.
—Perdona.
—Da igual.
Se sirvió un poco del café recién hecho.
—Hay alguien fuera. Probablemente prensa.
—Lo he visto.
—¿No has salido?
—No.
Claire bebió y se apoyó en la encimera.
—¿Qué has hecho mientras yo no estaba?
Scott no respondió enseguida, y ella se dio cuenta de que el documento que había visto aquella mañana ya no estaba en la pantalla.
—He encontrado algo mejor sobre la época de Hendon.
Claire dejó la taza.
—¿Mejor en qué sentido?
—Más claro. No milagroso.
Le hizo sitio a su lado.
Era otra publicación digitalizada, bastante mejor conservada que la primera.
Marion aparecía en una sección sobre estudiantes y actividades de humanidades, y una referencia a las asignaturas que había cursado la situaba en el área de literatura clásica.
Scott mostró después a Claire otro documento en el que Adam aparecía entre el personal que impartía literatura clásica durante el mismo periodo.
Claire leyó ambas páginas en silencio.
—Así que no era solo que estuviera en Hendon.
—No. Parece que estudiaba en el área de Adam.
—¿«Parece»?
Scott se quitó las gafas.
—Esa es la formulación que puedo sostener con lo que tenemos. No he encontrado una lista con Marion Willis y al lado el nombre de su profesor. Si me preguntas si es plausible que se conocieran, entonces sí. Mucho.
Claire sacó una silla y se sentó.
—¿Yo habría conocido el nombre?
—No lo sé.
—Si era alumna suya, Adam hablaba de alumnos en casa.
—¿De todos?
—Evidentemente no.
Scott esperó.
Claire pasó un dedo por el borde de la taza.
—No recuerdo el nombre.
—Eso no significa gran cosa después de dieciocho años.
—Sé lo que significa y lo que no.
Scott dejó las gafas sobre la mesa.
—Perdona.
Claire volvió a mirar el documento.
Dieciocho años atrás estaba embarazada de Larissa.
No durante todos los meses en que Adam había trabajado en Hendon, pero sí durante suficientes como para que aquel periodo tuviera para ella puntos de referencia que nada tenían que ver con su trabajo: las náuseas matutinas que, en su caso, llegaban por la tarde, la primera ecografía, la cuna que habían comprado demasiado pronto porque estaba rebajada, Adam montándola mal y maldiciendo las instrucciones hasta que Claire le quitó el destornillador de la mano.
Recordaba su vida.
No recordaba a aquella mujer.
—Quiero hablar con Helen.
—Creo que deberías.
Claire le lanzó una mirada y Scott se corrigió.
—Quiero decir que yo le daría la información a la abogada. Lo que hagas después… no lo sé.
Claire cogió el teléfono.
—Si la llamo ahora y le digo que Marion Willis estuvo en Hendon, la primera pregunta será quién es Marion.
—Entonces le cuentas lo que tenemos sobre la dirección y la probable conexión con Xenia. Sin convertir en certeza nada que no hayamos confirmado.
Claire buscó el número de Helen, pero no pulsó llamar.
—¿Adam sabe cómo se llama la madre de Xenia?
Scott lo pensó.
—No recuerdo que dijera que lo sabe.
—Aquella noche vio a una mujer en la puerta y supuso que era su madre.
—Sí.
—Pero Xenia se apellida Willis.
—Sí.
Claire dejó el teléfono sobre la mesa.
—Si Marion fue estudiante allí y Adam enseñaba en el mismo campo, hay una posibilidad real de que se conocieran.
—La hay.
—Y Adam no dijo nada.
Scott se pasó una mano por la barbilla.
—Puede que no relacionara las cosas. Marion podría haber sido una de las muchas estudiantes que conoció entonces, si es que llegó a conocerla. Quizá ni siquiera sepa que es la madre de Xenia.
—O quizá sí.
Scott ni la contradijo ni le dio la razón.
Claire volvió a coger el teléfono.
—Cuando fui a verlo, le pregunté si había algo que pudiera salir a la luz.
Scott la miró.
—¿Qué dijo?
—Que no había nada relevante para lo que Xenia dice que ocurrió.
—¿Esas palabras exactas?
Claire intentó recordar la habitación, la cara de Adam, cómo se había enfadado cuando ella lo obligó a repasar cosas que ya había contado a la policía.
—Casi exactamente. Le pregunté más cosas. Quejas, relaciones inapropiadas en el colegio, mensajes, cualquier cosa que pudiera salir y pillarme por sorpresa.
—¿Y sobre el pasado?
—No le pedí una lista de todas las personas a las que conoció hace veinte años.
Scott echó un poco la silla hacia atrás.
—Entonces no sabes si ocultó algo.
Claire volvió la cabeza hacia él.
—No he dicho que ocultara nada.
—No, pero has estado muy cerca.
—Porque has encontrado a la madre de la chica en el lugar donde trabajaba mi marido.
—He encontrado a una mujer que tenemos buenas razones para creer que es la madre de la chica y que fue estudiante allí. Eso importa. No digo que no.
Claire se levantó y fue hasta la ventana. El coche del final de la calle se veía entre las ramas del seto. El hombre del asiento del acompañante ya no tenía el teléfono levantado; leía algo con la cabeza inclinada.
—Si la conoce, quiero que me lo diga.
Scott no contestó.
—No quiero enterarme por otro documento de qué hubo entre ellos, si es que hubo algo.
—Claire…
—No he dicho que lo hubiera.
—Lo sé. Precisamente por eso me he detenido.
Ella se apartó de la ventana.
—Has encontrado suficiente para que se lo preguntemos.
—Sí.
Esta vez la respuesta llegó sin matices.
Claire abrió el contacto de Helen. Mantuvo el dedo sobre el botón de llamada y después lo pulsó.
Helen contestó después de varios tonos, con ruido de calle al fondo.
—¿Claire?
—¿Tienes un minuto?
—Si es por Adam, sí. Estoy entre dos cosas, pero dime.
Claire miró a Scott. Él cerró el portátil y se levantó con la taza en la mano, pero Claire le indicó que se quedara.
—Scott está aquí. Ha estado intentando averiguar algunas cosas sobre la familia de Xenia sin ponerse en contacto con nadie y sin acceso a la investigación. Ha encontrado algo que creo que necesitas saber.
Helen no contestó enseguida.
—¿Qué?
Claire sacó la silla y se sentó.
—Tenemos razones bastante sólidas para creer que la madre de Xenia se llama Marion Willis. Su nombre aparece asociado a la dirección de Hawthorn Close y… Scott ha encontrado rastros más antiguos.
—¿Qué clase de rastros?