Némesis (Monfort College 1) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Presa de la nostalgia, abrí la aplicación de mensajería y empecé a escribir: «Estoy a punto de entrar.

Los móviles están prohibidos los días de clase, pero seguro que habrá ordenadores para estudiar.

Te mandaré correos todas las semanas. Si en algún momento no sabes nada de mí, llama a la policía.

No bromeo… bueno, un poco sí, pero de verdad que deberías llamar. Ya te echo de menos. Besos».

Guardé el teléfono y observé la fila de árboles frondosos que pasaban a toda prisa junto a la carretera. El reflejo del cristal me devolvió la imagen de una chica con el pelo castaño suelto en ondas suaves que caían sobre la chaqueta del uniforme.

—La mayoría de los estudiantes llegaron durante la semana pasada, los últimos se registraron ayer. Encontrarás la maleta en tu alojamiento —contaba mi tía—. Dirígete a secretaría, allí te darán las indicaciones necesarias. Hoy tendrás un día tranquilo, para que te aclimates.

El coche llegó a una enorme verja de hierro forjado, coronada por el emblema de una «M» enrevesada que se alzaba imponente contra el cielo.

Pasó por debajo y recorrió el camino de grava durante lo que me pareció una eternidad.

Finalmente, se detuvo ante una majestuosa construcción de estilo gótico, con esculturas de piedra y frisos decorativos en las fachadas.

—No había entendido que el campus estuviera tan aislado del resto del mundo —observé.

Si quisiera escapar, ¿cómo leches lo haría?

No, no debía pensar en escaparme. Debía pensar en cómo salir adelante por mis propios medios.

—Hay un metro subterráneo que conecta la universidad con el pueblo. Se accede con la tarjeta de estudiante.

—Así que existe una vía de escape —intenté bromear.

—No es como en Florida, lo sé. —Mi tía me acarició el hombro, dubitativa—. Recuerda que no estás sola, Ivy Rose . Puedes contar conmigo, y nos veremos en las vacaciones de Acción de Gracias.

«Siempre que llegue viva a Acción de Gracias». No, tampoco debía pensar eso.

La abracé con fuerza, respiré hondo y bajé del Bentley antes de encontrarme catapultada al gran aparcamiento que precedía a la entrada. Me rodeé con los brazos y me quedé mirando fijamente el coche de los Abbott mientras la avenida arbolada lo engullía y este desaparecía poco a poco de la vista.

Solo llevaba conmigo la bandolera medio vacía porque recogería los libros en secretaría. Únicamente tenía que ordenar a mis piernas que se movieran y me llevaran al interior, y entonces aquella locura comenzaría oficialmente.

—Al final resulta que vas a llevar mi ropa todos los días.

Esa voz me robó dos años de vida.

Me giré sobre mis zapatos nuevos. En el aparcamiento contiguo, Caleb se había bajado de un enorme Cadillac negro salido de las páginas del catálogo de Inferno Motors habrías perdido el avión y fin de la historia.

Eso era demasiado.

Rescaté mi peor cara, que, según mi ex, en la escala de lo irritante superaba incluso a las picaduras de mosquito nocturnas.

—¿Sabes qué, De Montfort ? ¡Tienes razón!

Disfruté como nunca tomándote el pelo. Hacer que me desearas precisamente tú…

—Le golpeé el esternón con la punta del índice para darle énfasis a mis palabras—…

sabiendo lo mucho que detestarías cada segundo después.

¡Superdivertido, guau, estoy tan orgullosa de mis fechorías!

Su rostro ceniciento se petrificó y apretó los labios hasta que le quedaron exangües.

—No te hagas ilusiones, Abbott , te habría olvidado en media hora. No eras más que el reemplazo de mi follamiga francesa.

—¡Me alegro de saberlo, porque tú eras el reemplazo de mi vibrador!

No me quedé a escuchar más insultos; lo dejé atrás dándole un empujón con el hombro y corrí hacia la entrada.

—No sabes en qué lío te estás metiendo. —Su voz asesina me persiguió canturreando hasta la puerta de secretaría.

Tenía razón: no tenía ni la más remota idea.