Capítulo doce #2
Llevaron las sillas hasta June.
Ella señaló sin saludar.
—Esas van junto a la mesa.
Ronald cambió de dirección.
—Feliz Navidad a ti también —dijo Gary.
June lo abrazó en cuanto tuvo las manos libres.
Después abrazó a Ronald.
—Te has mudado al norte.
Ronald aceptó la forma de decirlo.
—Me he mudado a Madison.
—Lo bastante al norte.
—Sabes que no es por eso.
June retrocedió un paso.
—Sé perfectamente por qué.
Gary se preparó para las bromas.
En vez de eso, June le tocó el brazo a Ronald una sola vez.
—Me alegro.
Ronald respondió sin más:
—Yo también.
Entonces Walt pidió ayuda con el alargador y todos volvieron al trabajo.
Gary dejó a Ronald con Walt y fue a ayudar a Jennifer con las cajas de adornos.
La gente seguía fijándose en su anillo de compromiso. Marcy Bell le preguntó si junio era de verdad el mes de la boda. Un vecino al que Gary conocía desde niño quiso saber si la ceremonia sería al aire libre.
—Depende del tiempo —dijo Gary.
—Tenemos planes alternativos —dijo Jennifer, a su lado.
—Dos —dijo Ronald en voz alta desde unos metros más allá.
Gary se volvió.
Ronald estaba enchufando las luces.
—¿Y tú cómo sabes eso?
—Me obligaste a leer la carpeta.
—¿Que yo te obligué?
—Le pusiste separadores.
—Los separadores son útiles.
Marcy se rió y se fue a lo suyo.
Gary se acercó cuando las luces ya estaban conectadas.
—Acabas de dejarme en evidencia delante de todo el mundo.
—Me he limitado a exponer hechos.
—Te gustan los separadores.
—Son prácticos.
Gary metió las manos enguantadas en los bolsillos del abrigo.
—También elegiste la comida de la ceremonia.
—Expresé una preferencia.
—Rechazaste tres opciones de pollo.
—El pollo es arriesgado en grandes cantidades.
Gary se lo quedó mirando.
Ronald sonrió.
Un año antes, Ronald habría dicho que le parecía bien cualquier cosa que quisieran los demás. Ahora tenía opiniones sobre el pollo de la boda.
—Eres imposible —dijo Gary.
—Y aun así me pediste que me casara contigo.
—Fuiste tú el que lo pidió.
—Eso refuerza mi argumento.
Gary se echó a reír.
Ronald tuvo que ir a ayudar a Noah con un adorno antes de que Gary pudiera responder.
La reunión comunitaria fue tomando forma poco a poco, exactamente igual que el año anterior.
La gente llegaba con abrigos prácticos. Los niños traían adornos.
Alguien se olvidó de los ganchos y tuvo que pedirlos prestados.
Otra persona llevó crema de menta para el café, algo que Ronald evitó con la vigilancia de un hombre que defiende derechos constitucionales.
Gary llevó una caja hasta el árbol y descubrió que Ronald le había dejado un café normal en el borde de la mesa.
Con un poco de leche. Sin azúcar.
Gary lo cogió.
Ronald estaba a seis metros, sujetando la escalera mientras Daniel ayudaba a Noah a alcanzar una rama.
Estaba ocupado con Noah, y Gary lo dejó a lo suyo.
A lo largo del último año, Gary se había ido soltando a la hora de decir lo que quería.
Cuando Ronald le preguntó dónde quería pasar Acción de Gracias, Gary contestó.
Durante la búsqueda de piso, rechazó el que prefería Ronald porque el segundo dormitorio era demasiado pequeño para los dos escritorios y la cocina no tenía una encimera aprovechable.
Y cuando empezaron a hablar de la boda, Gary dijo Lake Emma antes de que Ronald pudiera sugerir cinco alternativas neutrales pensadas para no imponer nada a nadie.
—Esperaba que dijeras eso —había respondido Ronald.
Gary se bebió el café mientras veía a Noah discutir con Daniel sobre dónde debía ir el siguiente adorno.
Cuando empezó a anochecer, Ronald fue hacia el coche.
Gary supuso que se había olvidado de algo.
Entonces Ronald regresó con una pequeña caja acolchada.
Gary la reconoció.
—¿Lo has traído?
Ronald se detuvo a su lado.
—Me dijiste que lo trajera.
—Dije que quizá.
—Dijiste: «Deberíamos añadirlo al árbol comunitario este año».
—Sí.
—Eso suele considerarse una instrucción.
Gary cogió la caja.
—Creía que odiabas que te dieran instrucciones.
—Solo las vagas.
Juntos se alejaron de la mesa del café.
Dentro de la caja había un adorno plano, resistente a la intemperie, con forma de abeto sencillo.
Gary se lo había encargado a un pequeño artesano de Madison después de comprometerse.
En la parte delantera llevaba pintados sus nombres.
RONALD + GARY
Debajo, el año.
Gary lo sostuvo por el cordón.
—¿Dónde?
Ronald estudió el árbol.
—No demasiado abajo. Noah lo cambiará de sitio.
—Ya tiene nueve años.
—Eso no ha mejorado su autocontrol.
—Cierto.
Ronald señaló una rama a la altura de los hombros.
—Ahí.
Gary pasó el cordón por la rama y ajustó el adorno hasta que quedó mirando hacia fuera.
Ronald permaneció junto a él, con los hombros rozándose a través de los abrigos.
Gary dio un paso atrás para examinarlo.
—Está torcido.
Ronald lo endereźó.
—Se te da mejor envolver regalos que colgar adornos.
—Eso me parece innecesariamente personal.
—Ahora está recto.
Gary lo cogió del brazo.
Durante un momento se quedaron allí, contemplándolo.
En casa había muchas cosas que Gary podría haber señalado si alguien hubiera querido pruebas de que eran felices juntos: los dos escritorios del piso, la lista de la compra en el frigorífico, las gafas de lectura de Ronald sobre la encimera de la cocina a pesar del estuche que Gary le había comprado.
Y ahora sus nombres colgaban del árbol de Lake Emma.
A Gary le gustaba verlos allí.
June llamó desde atrás.
—Una foto antes de que se vaya todo el mundo.
Un coro de protestas se alzó alrededor del embarcadero.
Gary sonrió.
Algunas tradiciones eran de fiar.
La gente empezó a colocarse delante del árbol.
Gary se dirigió hacia el grupo.
Ronald se quedó a su lado.
El año anterior, Gary lo había observado desde el otro lado del salón comunitario, esperando a ver si alguien lo llamaba por su nombre.
Nadie lo había hecho.
Aun así, Ronald se había unido a la foto.
Este año fue derecho hacia el grupo.
Jennifer estaba con Daniel y los niños. Walt se quejaba de que Noah lo tapaba. June le entregó el móvil a un vecino que había llegado tarde.
Ronald ocupó un lugar junto a Gary.
Entonces frunció el ceño al ver cómo estaban colocados.
—¿Qué?
Ronald contó rápidamente.
—Falta alguien.
Gary siguió su mirada.
June seguía organizando a la gente en vez de ponerse con los demás.
—June —la llamó Ronald.
Ella lo despachó con un gesto.
—Estoy organizando.
—No.
Gary se volvió hacia él, divertido.
Ronald salió del grupo, le quitó el móvil al vecino y se lo entregó a Walt.
—¿Sabes cómo se aprieta esto?
Walt pareció ofendido.
—Tengo setenta y tres años, no estoy muerto.
—Bien. Pues entonces June sale en la foto.
—Ronald... —dijo June.
—Sales en la foto.
Ella se rindió.
Ronald regresó y ocupó de nuevo su sitio junto a Gary.
Gary enlazó el brazo con el de Ronald.
—Más cerca.
Ronald se movió sin protestar hasta que sus hombros quedaron firmemente juntos.
—Te das cuenta —dijo Ronald en voz baja— de que vivimos en el mismo piso.
—Sí.
—Hemos venido en el mismo coche.
—Sí.
—Nos vamos a casar.
—En junio.
—Y aun así necesitas que me acerque cinco centímetros más.
Gary lo miró.
—Sí, quiero.
Ronald sonrió.
—Entonces dilo.
—Acabo de hacerlo.
—Bien.
Walt levantó el móvil.
—¿Habéis terminado ya vosotros dos?
—No —respondió Gary.
—Saca la foto —dijo Ronald.
Todos se echaron a reír.
Gary notó el brazo de Ronald acomodarse sobre sus hombros mientras el grupo se apiñaba frente al árbol de Lake Emma.
Su adorno colgaba entre todos los demás.
June junto a Jennifer.
Daniel detrás de Noah.
Maddie fingiendo que no se lo pasaba bien.
Gary exactamente donde quería estar.
Y Ronald, sin que nadie lo llamara, ya estaba allí.