Nadie recuerda a Nora 83
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Cuando me fui hacia las turbinas, Nora permaneció frente a la consola con Teresa Vidal al otro lado del canal.

—Necesito saber quién está contigo —dijo la fiscal.

Nora miró alrededor. Había un sanitario recogiendo material, un agente junto a la puerta y Alicia inconsciente pero estable en una camilla. Daniel ya había sido evacuado.

El canal estaba cifrado y grababa cada intervención.

Teresa se identificó con una credencial profesional verificada por un segundo canal y pidió que el agente presente confirmara visualmente la situación.

La presencia de Nora como menor obligaba a limitar instrucciones.

La fiscal podía coordinar la preservación de la prueba y solicitar medidas urgentes, no convertirla en operadora de una investigación.

Nora describió lo que veía sin interpretar intenciones.

Estado de exportación, nombres de colas, alertas de integridad y personas presentes.

Esa forma de informar reducía el riesgo de que una respuesta posterior pareciera inducida por la fiscal.

Cada dato quedaba separado de las decisiones de los adultos.

El sanitario junto a la puerta había dejado una bolsa numerada con objetos retirados de Alicia.

El agente mantenía el arma enfundada y la cámara corporal activa.

Esos detalles garantizaban testigos y registro, pero también exponían a Nora a una escena procesal que ningún menor debía gestionar.

Teresa pidió al responsable operativo que la relevara en cuanto llegara personal técnico.

Andrés apareció antes. La llegada convirtió la consola, la prueba y la menor en un mismo punto de amenaza. A partir de ese momento, cualquier decisión técnica quedó subordinada a sobrevivir sin permitir que él recuperara control.

El agente se identificó con nombre, número profesional y unidad. Teresa le pidió que mostrara la credencial a la cámara y confirmara por un segundo canal. El responsable operativo mantuvo al agente alejado del equipo hasta completar la comprobación.

—¿Por qué tanto? —preguntó Nora.

—Porque ya sabemos que se han utilizado identidades y accesos ajenos —respondió Teresa—. Verificar no significa acusar. Significa no pedir confianza donde podemos obtener datos.

La frase se parecía a algo que Nora habría escrito.

El paquete judicial llegó al setenta y seis por ciento. La preservación íntegra, al cincuenta y dos. El paquete público seguía detenido a la espera de revisión.

—¿Debo continuar? —preguntó.

—No debes hacer nada. Puedes ayudar si quieres y si entiendes que puedes parar.

—Si paro, puede perderse información.

—Eso es una consecuencia del sistema que construyeron los adultos. No una obligación tuya.

Nora miró el corredor por el que había desaparecido Clara.

—Quiero seguir hasta que llegue alguien que sepa más.

—De acuerdo. No tomes decisiones irreversibles sobre publicación. Limítate a la preservación y las categorías ya acordadas.

—¿Y si aparece peligro inmediato para una persona?

—Me lo dices. Si no respondo, al agente. No actúas sola.

El agente tomó posición junto a la consola sin tocarla. Activó su cámara. Leyó la hora y describió el estado de los equipos. Nora le mostró el registro de acciones y las cuatro barras de progreso.

—Necesitaremos especialistas —dijo él.

—Ya lo sé.

No había sarcasmo. Solo cansancio.

Un aviso apareció:

ACCESO LOCAL NO AUTORIZADO / ARCHIVO FRÍO / USUARIO A.G.

Andrés había entrado.

El agente levantó el arma y se dirigió a la puerta.

—No se vaya solo —advirtió Teresa por el canal.

—Hay un sospechoso armado.

—Espere apoyo quince segundos. La menor queda con el sanitario.

Quince segundos parecían demasiado. También eran la diferencia entre perseguir sin información y coordinar una entrada.

Nora utilizó el sistema de cámaras. Andrés avanzaba por el corredor inferior. Llevaba un arma y se dirigía a la sala.

—Va a llegar antes —dijo.

—Bloquea la puerta si puedes sin cerrar la salida de emergencia —respondió Teresa.

Nora revisó el plano. El cierre remoto podía sellar el compartimento, pero también aislar la ruta de Clara desde turbinas.

—No puedo. Atraparía a mi madre .

—Entonces no lo hagas. Aléjate de la puerta y busca cobertura.

—Si Andrés toca la consola, puede detener la preservación.

—La prueba no vale tu vida.

Era la segunda autoridad que lo decía aquella noche y la primera que no añadía una excepción.

Nora copió el estado de la cola en el almacenamiento externo, dejó el canal abierto y se desplazó detrás de un armario reforzado. El sanitario movió a Alicia. El agente esperó a su compañero.

Andrés apareció en la puerta antes de que llegara.

La parte siguiente no fue una decisión técnica.

Fue miedo, humo y una pistola.