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Julia encontró a Daniel detrás de una consola.
Andrés había escapado hacia los hornos. Daniel respiraba con dificultad; la herida del muslo volvía a sangrar y un golpe le había abierto la ceja.
—¿Puedes caminar? —preguntó.
—Puedo disparar sentado.
Le entregó un arma.
—Clara está en el archivo frío. Necesita la tarjeta de Elena.
Julia la llevaba colgada dentro de la chaqueta. Durante once años había sido el objeto que le permitía hablar con la voz administrativa de Marta. No la voz humana. Esa no le pertenecía.
—Dámela —dijo Daniel.
—Si muero, se pierde la capacidad de separar los nodos activos.
—Si no se la llevamos, se publican las direcciones.
—Puedo hacerlo desde aquí.
—No. Andrés controla la consola y Clara es la raíz. Todo tu sistema termina dependiendo de la mujer a la que mantuviste sin memoria.
Julia sacó la tarjeta.
—La memoria de Clara era un riesgo.
—Para ti.
—Para Nora. La primera vez que Clara recordó por completo, entró en casa de Andrés con un arma.
—No disparó.
—Porque yo había retirado la munición.
Daniel la miró.
—¿Cuándo?
—Hace ocho años.
Él recordaba el viaje a Toledo, el cuaderno y la negación de Clara. No sabía que había llegado tan lejos.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque habrías ingresado a Clara y solicitado la custodia exclusiva. Nora habría crecido con una madre convertida en amenaza. Necesitábamos mantener la familia .
—No. Necesitabas mantener la clave cerca.
Julia no contestó.
Un aviso anunció el reinicio de un nodo externo. Un minuto.
Daniel se puso en pie apoyándose en la consola.
—Dame la tarjeta.
—No llegarás.
—Entonces ven.
—Andrés espera que abandone la sala.
—Andrés espera que elijas el sistema.
La frase encontró el punto exacto.
Durante años, Julia había construido dilemas para los demás. Seguridad o libertad. Una vida o ciento cuarenta y siete. Una hija o una red. Ahora Daniel le ofrecía uno sin ornamentación: quedarse con el control o llevar una tarjeta a quienes podían evitar la exposición.
Julia se guardó el arma y pasó el brazo de Daniel por sus hombros.
—Si caes, te dejo.
—Eso sí te lo creo.
Avanzaron hacia los hornos.
En la pasarela encontraron a Andrés intentando activar el ascensor auxiliar. Disparó. Julia respondió. El proyectil de Andrés le rozó el brazo; el de Julia rompió el panel junto a él.
—Estás destruyendo tu propia red —gritó Andrés.
—Dejó de ser mía cuando empezaste a venderla.
—La vendimos juntos.
—Yo vendí acceso para financiar protección. Tú vendiste personas.
—Solo cambia el precio.
Daniel disparó desde el suelo. Andrés retrocedió y desapareció por una escalera.
Julia llegó al montacargas. El mecanismo estaba roto, pero había una escalera vertical dentro del hueco.
—No puedes bajar con esa pierna —dijo.
—Tú tampoco con ese brazo.
—Yo no necesito llegar. —Le entregó la tarjeta—. Tú eres el vínculo anterior al cierre.
—El matrimonio terminó.
—La paternidad no.
—Nora ya ha validado a Clara .
—La puerta inferior exige tres generaciones del expediente: origen, construcción y continuidad. Marta, Clara, Nora. Tú no sirves.
—Entonces ¿por qué me das la tarjeta?
—Porque Clara confiará más en ti que en mí.
Daniel la miró con una tristeza inesperada.
—Ese es el primer cálculo humano que te oigo hacer.
Descendió por la escalera con la tarjeta entre los dientes.
Julia se quedó arriba, sola frente al contador.
REINICIO COMPLETADO.
El tiempo volvió a correr.
01:00.