Adela firma
La funcionaria no miró al bebé.
Revisó los documentos, comprobó sellos y preguntó por qué el nacimiento se inscribía con un mes de retraso. Adela había ensayado la respuesta.
—Mi hija ocultó el embarazo. Tuvo complicaciones emocionales y dio a luz fuera de Madrid.
Clara estaba sentada junto a ella, con Nora en brazos. Llevaba un vestido holgado y una pulsera hospitalaria falsa. Daniel sostenía un informe médico firmado por un colega.
—¿Quién atendió el parto? —preguntó la funcionaria.
—Una clínica privada —dijo Daniel.
—¿Nombre?
—Cerró temporalmente por una inspección. Aquí tiene la certificación.
Cada documento apoyaba al siguiente. Ninguno debía soportar una revisión profunda porque todos creaban la apariencia de que otro ya la había realizado.
La funcionaria introdujo los datos.
—Nombre de la menor.
Clara respondió:
—Nora.
Adela pensó en Sara, en Marta pronunciando el nombre junto a la camilla, en la carta que todavía no habían encontrado.
—Apellidos.
—Rivas Orduña.
La impresora emitió un certificado.
La funcionaria lo selló y sonrió por primera vez.
—Enhorabuena.
Fuera del edificio, Adela vomitó en una papelera.
—No podíamos hacer otra cosa —dijo Clara.
—Podíamos decir que era hija de Marta.
—Andrés la encontraría.
—Podíamos solicitar tutela.
—Él sería el padre con derechos y una absolución.
—Podíamos acudir a Teresa.
—No sabemos si está comprometida.
Cada alternativa tenía un peligro. Clara utilizaba los peligros para convertir una opción en inevitable.
Adela miró el certificado.
—Prométeme que se lo contarás.
—Cuando pueda entenderlo.
—Pon una edad.
—No puedo.
—Entonces no es una promesa.
Clara sostuvo a Nora más cerca.
—Antes de que pregunte.
La niña preguntó mucho antes de que cualquiera estuviera dispuesto a escuchar.
Adela conservó una copia del certificado original de Sara dentro de una caja de costura. Cada año pensó en entregárselo. Cada año encontró una razón: Nora era pequeña, Clara estaba frágil, Daniel decía que había riesgo, Andrés aparecía en televisión.
La mentira no se sostuvo solo por quienes la diseñaron. Se sostuvo por cada persona que decidió esperar un momento mejor.