Capítulo 8
—¿Quién tomó la fotografía? —Mi padre. Natalia levantó la vista.
—¿Tu padre? Samuel asintió. —Era fotógrafo del periódico local.
—¿Por qué la guardó? —Porque nunca llegó a publicarla.
—¿Por qué? Samuel señaló el borde de la fotografía.
Había algo escrito a mano. Una fecha. Y debajo: “No publicar. Orden de Ferrer.”
Natalia sintió un nudo en el estómago. —Mi padre.
—Sí. —Entonces sabía que Eva estaba allí.
—Eso parece. Natalia volvió a mirar la imagen.
Había algo más. Una de las tres personas parecía sostener una bolsa.
Amplió la fotografía con el móvil. —¿Qué es eso?
Samuel se inclinó. —No lo sé. —Parece una mochila.
Natalia reconoció el dibujo bordado en uno de los bolsillos.
Una pequeña luna amarilla. Era la mochila de Eva.
—¿Qué hacía mi hermana allí? Samuel guardó silencio.
Natalia miró de nuevo a la adolescente. La figura estaba demasiado lejos para identificar su rostro.
Pero había algo en su postura. Algo familiar.
—Samuel… —¿Qué? —No creo que esa chica sea Eva.
Él la miró sorprendido. —¿Por qué? Natalia señaló la chaqueta.
—Porque Eva no llevaba esa chaqueta aquella noche.
Samuel frunció el ceño. —¿Cómo lo sabes?
Natalia respondió sin pensar: —Porque se la presté yo.
Y entonces se quedó quieta. Había recordado algo.
Por primera vez en veinte años. Aquella noche Natalia llevaba una chaqueta roja. No Eva.