Capítulo 25 #2
—La verdad es que no sé mucho. Apareció en nuestra mesa anoche mientras me tomaba una copa con Sarah.
Yo ya había deducido que estaba siguiendo a una pareja que ahora sé que son Harrison y Marion Scheffler.
—Waverley se movió, incómodo, en su asiento, pero no dijo nada, así que Rachel continuó—.
Dijo que su equipo estaba investigando una red internacional de blanqueo de dinero y contrabando de antigüedades.
Confesó haber tenido una aventura con Sunita Chowdry, manteniendo que no se había despistado, pero que no habían logrado averiguar gran cosa.
Como puede ver en la carta, yo le sugerí que lo habían descubierto, pero en ese momento no estuvo de acuerdo.
Ahora parece que sí, y sospecha que esto podría tener algo que ver con el ataque a su colega… , bueno, su novia.
—Y si no fuera porque su marido tiene una coartada sólida, él sería el sospechoso más probable del ataque a la señora Chowdry.
No me trago toda la historia, pero supongamos que Hutchins dice la verdad y es inocente.
¿Cree usted que uno de los Scheffler atacó a la señora Chowdry?
Son gente muy importante, no querríamos acercarnos a ellos sin pruebas contundentes.
—Podría haber sido uno de ellos o ambos, desde luego estaban en la misma excursión, pero también podría haber sido el cabecilla de esta red de contrabando, sea quien sea. No me imagino que fuera un desconocido, y el agresor debía de saber de la aventura por las pruebas…
¡Maldita sea! Ahora había metido la pata hasta el fondo.
Waverley entrecerró los ojos y la miró fijamente. —¿Qué pruebas?
—Robert encontró algunas de sus cosas en la escena del crimen y sospechó que le estaban tendiendo una trampa, así que, bueno, las retiró —respondió en voz baja, incapaz de sostener la mirada de Waverley mientras la culpa por haberle ocultado esto afloraba.
—Y, si se puede saber, ¿cuándo pensaba contarme esto?
Rachel no pudo responder porque no estaba segura de si se lo habría contado si no se le hubiera escapado o si Robert no hubiera sido arrestado. Waverley miró a Jason y negó con la cabeza. Jason parecía decepcionado, a todas luces sabiendo que Sarah también les había ocultado la información.
—No creo que podamos hacer nada al respecto ahora, señor. Quizá deberíamos echar un vistazo al camarote del señor Hutchins.
Waverley se levantó y se arregló el uniforme. Había engordado unos kilos desde la última vez que Rachel lo había visto y, como su nueva esposa era jefa de pastelería, era poco probable que adelgazara pronto.
—¿Viene usted con nosotros?
—Ejem, no. Creo que me iré a la cama, ¿si no le importa? Estoy cansada. —Rachel no podía soportar ocultarle más información al jefe de seguridad, pero no podía admitir que ella y Sarah ya habían estado en el camarote y que no había nada que encontrar.
—Mm, me complace ver que, después de todo, nos lo deja a nosotros. ¿A qué código se refiere Hutchins en la carta?
—2014, el año en que ascendió a sargento.
—Gracias. Llamaremos a su jefe después de que hayamos registrado el camarote.
—Bien, buenas noches, Rachel. Quizá podamos reunirnos por la mañana para examinar esto con más detalle. Por favor, traiga a Sarah Bradshaw con usted. —Fue una orden más que una petición, así que Rachel asintió.
—Podríamos venir a la hora de comer. Sarah tendrá consulta y está de guardia esta noche, así que no quiero despertarla temprano, y yo tengo que dar una clase de defensa personal hasta las once y media.
—A las dos, entonces. Eso le dará tiempo a Sarah para comer.
Rachel asintió y salió a paso ligero del despacho, esperando contra toda esperanza que Waverley no sospechara que ya había registrado el camarote de Robert.
No tenía duda de que Jason lo haría, pero sabía que, llegado el momento, él protegería a Sarah.
Suspiró profundamente, sintiendo como si el mundo entero pesara sobre sus hombros y arrepintiéndose de corazón de su excursión nocturna.
Mientras volvía a su camarote, no podía dejar de pensar que se le estaba pasando por alto algo que tenía delante de sus narices. No conseguía recordarlo, fuera lo que fuese, y su cerebro ya estaba sobrecargado con todos los acontecimientos de los últimos días.
Su camarote estaba a oscuras cuando llegó, pero un mal presentimiento se apoderó de ella.
Le temblaban las manos al meter la tarjeta en la ranura de la luz y las tenues luces se encendieron.
Mientras caminaba con paso firme pero lento por el pasillo hacia la parte principal de la estancia, sintió que una mano le tapaba la boca.
—No voy a hacerle daño. Dígame que no hará ninguna estupidez y la soltaré.
Rachel no reconoció la voz, pero asintió y su agresor la soltó, empujándola hacia delante para tener espacio para escapar si lo necesitaba. Su corazón todavía latía a mil por hora, así que no dijo nada de inmediato.
—Lo siento. Tenía que saber si Rob le dejó algo.
Rachel reconoció al hombre como Jack Chowdry, el marido de Sunita.
—¿Por qué está aquí y, más importante, cómo ha entrado? —Su corazón se estaba calmando un poco, aunque todavía sentía temblores en las manos y tenía la garganta seca. Se sirvió un vaso de agua.
Ambos se quedaron de pie, midiéndose como leones que deciden si pelear o no.
—He conseguido coger prestada una tarjeta del carrito de la auxiliar mientras estaba distraída con otro pasajero. La he devuelto antes de que se diera cuenta, después de dejar su puerta atrancada. Necesito saber si Rob atacó a Sunita. Sé lo de la aventura.
A Chowdry se le llenaron los ojos de lágrimas y bajó la vista al suelo. Habiendo estado ella misma en el lado receptor de la mirada errante de Robert, se ablandó.
—Ya que está aquí, podría tomarse algo. ¿Qué le pongo?
Sus hombros se encorvaron y se relajó, dejándose caer en uno de los sillones.
—Whisky.
Rachel sirvió un whisky para él y un brandy para ella y se sentó en el sofá de enfrente.
—Robert me dijo que él no atacó a su mujer.
Le alegrará saber que él tampoco creía que usted pudiera haberlo hecho.
—Le pareció mejor no mencionar la retirada de pruebas, ya que eso solo podría empeorar las cosas.
Chowdry suspiró. —Y yo que pensaba que era mi amigo.
Y yo que pensaba que era mi prometido cuando se largó , quiso decir ella, pero no lo hizo.
—¿Puedo preguntarle por qué no está con su mujer?
—Ella está conectada a mil máquinas mientras el agresor, si no es Rob, sigue a bordo de este barco.
Necesitaba hacer algo, no se me da bien quedarme de brazos cruzados, por no hablar de lo enfadado que estoy.
Yo no era la persona adecuada para estar ahí sentado con ella.
Ayer llamé a su hermana, que vive en Chennai.
Llegó esta mañana y me mandó a averiguar quién hizo esto.
—¿Sabe ella lo de la aventura?
—Todavía no, pero estoy seguro de que no tardará en enterarse si la policía vuelve a aparecer por el hospital.
—Han arrestado a Robert, pero supongo que eso ya lo sabía.
—Insistí en ello en cuanto encontré los mensajes de texto. Se merece eso como mínimo. —Chowdry escupió las palabras.
—¿Quién cree usted que atacó a su mujer?
—Si no fue Rob, y desde luego no fui yo, entonces tiene que ser una pareja a la que hemos estado siguiendo.
—¿Son propensos a la violencia?
—No que sepamos, pero son escurridizos, siempre consiguen eludir la detección. Ahora tenemos un vídeo de ellos introduciendo contrabando en el país; un informador nos lo dio a cambio de una condena menor. Eso fue el pistoletazo de salida para la Operación Crucero.
A Rachel se le arquearon las cejas hasta el cielo. ¿ En serio ? —¿Y qué han descubierto?
—Absolutamente nada. No se han salido ni un ápice de la raya: ni reuniones secretas, ni nada de nada.
—Quizá solo están de vacaciones. Supongo que no quiere que sepa quién es esta pareja y la verdad es que yo tampoco quiero saberlo.
— ¡No confíes en nadie! Las palabras de Robert resonaron en su cabeza antes de que revelara nada—.
No sé nada más, así que me temo que no puedo ayudarle.
No sabría ni esto si Robert no hubiera insistido en declararse inocente y, para serle sincera, no estoy segura de si creerle o no. Eso lo decidirán los tribunales.
—¿Así que no va a ayudarme a averiguar quién le hizo esto a mi mujer?
—Aunque quisiera, no podría. No tiene nada que ver conmigo. Además, Robert y yo terminamos hace mucho tiempo.
Chowdry suspiró, casi con alivio, pensó Rachel. —Tiene razón, y podría ser peligroso que usted se involucrara.
Rachel se quedó pensativa un momento. —¿Por qué no va a ver al jefe de seguridad? Quizá él pueda ayudarle.
—Lo pensaré. Mire, siento de nuevo haber entrado en su camarote; solo necesitaba saber si era culpable o no. Sin embargo, debería tener cuidado, porque si la pareja a la que seguimos se entera de su relación pasada con Rob, quizá quieran hacerle algo a usted también.
—No tengo ningún interés en ellos, así que no creo que sea probable.
Chowdry se levantó para irse, pero Rachel lo detuvo con una pregunta.
—Por cierto, ¿cómo sabía en qué camarote estaba?
—La policía de fronteras nos dio una lista completa de pasajeros el día del embarque. Soy el responsable de informática, así que fue fácil localizarla.
—¿Tuvo Robert acceso a esa lista?
—Sí, ¿por qué?
—Solo por curiosidad, para saber cuánta gente más está invadiendo mi privacidad, eso es todo.
Chowdry sonrió. —No se preocupe, no era usted la que nos interesaba. —Se fue y Rachel se dejó caer de nuevo en el sofá con más preguntas que respuestas. ¿A qué había venido todo aquello en realidad? ¿Creía él que ella estaba en peligro o le preocupaba que Robert le hubiera contado algo?
Mientras se terminaba la copa, se quedó con la mirada perdida en el vacío.
Este caso era mucho más complicado que cualquiera con el que se hubiera encontrado antes.
Tantas mentiras, la lista de sospechosos aumentaba, y todo el tiempo seguía con la sensación de que algo obvio estaba fuera de su alcance.