Morir por tu amor es el precio de mi libertad (Gemelas 1) (Costa Serena 4) Epílogo #2
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Epílogo #2

—Ya entiendo… Te gustó ser mi gatita salvaje ayer en casa de Julio, ¿verdad? Eso que hiciste para mí… —Se me acercó a la cara y me susurró cerca de la oreja—. ¿Te va el rollo duro, Princesa? ¿No eres tan mojigata como aparentas?

Caí en su trampa.

Cegada por la furia olvidé por completo que Emma había estado conmigo todo el día anterior, que no fue a casa de Julio y que era imposible que ella hubiera hecho lo que él decía.

Cuando me di cuenta de mi error, decidí actuar.

Mi cuerpo respondió al instinto e intenté golpearle la pierna con la rodilla para desestabilizarlo, pero Manu me interceptó antes de que pudiera ejecutar el golpe.

Con un rápido movimiento, detuvo mi avance y nos movió hasta colocarme de frente contra el tronco del árbol más cercano.

Me elevó las manos sobre la cabeza y estuve a punto de darle un cabezazo para tratar de escapar.

Sin embargo, sus palabras me detuvieron en el acto.

—Yo no haría eso, Diana. —Jadeé con la respiración acelerada. Mierda, me había descubierto—. Sí, sé que eres tú, ¿o es que crees que no me doy cuenta de las diferencias entre tú y la dulce Emma?

—Suéltame, gilipollas —siseé.

Se apretó contra mí y refregó su asqueroso paquete por mi culo. Intenté mantener la calma, pero sentía que todo a mi alrededor se volvía de un color rojo vivo.

—Me parece que no estás en posición de pedir nada —canturreó como la vil serpiente que era—. Te tengo bien pillada, cuñadita.

Repitió el movimiento y tragué saliva. No, no iba a vomitar.

—Si no me sueltas, voy a gritar.

—No, no… No lo harás —negó con seguridad—. ¿Y sabes por qué? Porque, si lo haces, un pequeño secretito tuyo va a dejar de serlo y puede que le afecte a alguien que quieres mucho.

Se me secó la boca. ¿Qué demonios…?

No. Se estaba marcando un farol, seguro.

—¿De qué mierdas hablas? —Me revolví, pero él me retuvo.

Cuando rio se me movió el pelo por su aliento fétido. Sentí su pecho más cerca y el susurro en mi oído me puso los pelos de punta.

—Tengo unas fotos muy inspiradoras en las que salís tú y el profesor de música en unas posturas muy interesantes. —Apreté la mandíbula. No, no iba de farol—. Ya sabes… Ese joven y guapo profesor con el que has follado en los baños de la última planta.

—¿Y qué? —respondí con chulería.

—Que tienes una gemela, ¿recuerdas? Cualquiera podría confundiros con la coartada adecuada… ¿Te imaginas el escándalo?

La sangre empezó a burbujearme en las venas.

—No serías capaz.

—Tal vez sí, tal vez no… Pero ¿vas a arriesgarte a descubrirlo? —Dudé, y él lo supo—. La gente ve lo que tú quieras hacerle creer, te lo digo por experiencia. Los rumores son muy poderosos.

—Eres un cerdo —escupí con la voz temblando de rabia.

—Música es la asignatura favorita de Emma, ¿verdad? —dijo y pude sentir su sonrisa maliciosa a través de sus palabras—. Qué oportuno que el profesor la tenga en tan alta estima y la haya elegido como representante del instituto para el concurso regional de guitarra, ¿no?

Un escalofrío me recorrió la espalda. Sabía lo duro que mi hermana había trabajado para ser seleccionada y ahora Manu pretendía usar eso en su contra.

Necesitaba encontrar una salida.

—No puedes…

—Piénsalo, en realidad tiene mucho sentido —me interrumpió—. «Alumna compra su participación y su excelente nota final con una gloriosa mamada». ¡Qué escándalo! —fingió asombrarse—. ¿Qué pensará la familia Remo Delgado, tan querida en este pueblo, de que una de sus niñas haya hecho algo así?

Se me revolvió el estómago ante la idea de que las mentiras de Manu pudieran destruir la reputación de mi hermana y lamenté haberle hecho el favor de ir hasta allí para cortar con él en su nombre.

De haberme negado, nada de eso estaría ocurriendo.

De no haber sido Emma tan cegata al salir con él, no estaríamos metidas ahora en semejante movida las dos.

—Eres despreciable.

—Es posible. —Se encogió de hombros—. Pero la cuestión es que ahora yo tengo el control.

No. No permitiría que algo así sucediera y que mi familia se viese involucrada. Tenía que protegerlos de mis errores a toda costa.

—¿Qué es lo que quieres?

—Que colabores. —Fruncí el ceño—. Tú mejor que nadie sabes lo fácil que sería arruinar la reputación de Emma.

Me sentí atrapada y sin salida. Sabía que una vez que el escándalo saliera a la luz sería muy complicado frenar sus consecuencias. Traté de mantener la compostura.

—¿Qué demonios quieres? —repetí rechinando los dientes.

—Es simple, rubia. —Afianzó el agarre de mis manos con una de las suyas y la otra se coló entre el árbol y mi cuerpo, subiendo por mi abdomen hasta llegar a una de mis tetas—.

Todos en el instituto saben cómo te las gastas con los tíos.

Tienes una interesante reputación y sería absurdo pensar que voy a desvirgarte, como pretendía hacer con tu gemela… , aunque podría hacer la vista gorda.

—¿Quieres follar?, ¿es eso? —pregunté intentando entender hasta dónde quería llegar.

Hasta dónde tenía yo que llegar.

—Para empezar, sí. Pero ¿quién sabe? Quizá me anime a pedirte algo más—respondió y me mordió el lóbulo de la oreja hasta hacerme gemir de dolor—. Estoy seguro de que sabes hacer muchas cosas con esa boquita tan sucia.

Lo haría. Haría cualquier cosa y no sería nada que no hubiese hecho ya, sin embargo, no aceptaría sin hacerle pagar por lo que me proponía.

Dejé de resistirme, y él notó el cambio en mi cuerpo. Pensando que había ganado, me dio la vuelta y me colocó de frente a él. Sus manos aún estaban firmes alrededor de mis muñecas, pero yo tenía un plan y mostrarme dócil era el primer paso que tenía que dar para conseguirlo.

Cuando lo tuve de frente, lo miré a los ojos, memoricé la verdadera cara de aquel niñato y rebusqué en cada detalle de su rostro para tratar de descifrar cada uno de los secretos que parecía tener.

—Qué engañados nos has tenido a todos desde que llegaste —le dije y me forcé a sonreír con interés.

—¿Verdad? —Me devolvió el gesto con suficiencia—. Es lo bueno de ser el nuevo en un sitio como este, que puedes inventarte una personalidad totalmente diferente y empezar de cero.